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1-O en Catalunya: la incapacidad de los violentos

Sebastián Peñuela Camacho
Tras una jornada marcada por la violencia, de parte del Estado central, y una diversidad de actos de resistencia no violenta, por parte del pueblo de Catalunya, una vez más comprobamos la incapacidad de acción y construcción que tienen los violentos. La humanidad, poco a poco, ha ido entendiendo que el uso de la fuerza es el medio de menos eficacia para la resolución de los conflictos ¿Qué argumentos se pueden dar para que Catalunya no se vaya de España después de las imágenes que ha dejado la jornada del 1-O? Ver como la Guardia Civil y la Policía Nacional, que son los cuerpos de seguridad del Estado central español, golpean a los adultos mayores que defendían su derecho a decidir, o los golpes que le dieron a los bomberos de Catalunya que intentaban defender a los ciudadanos que resistían en los colegios electorales, o como violentamente saltaban encima de las personas que estaban tiradas en el suelo, o peor aún, como infringían la ley al utilizar pelotas de goma como mecanismo de disuasión cuando estos elementos están prohibidos legalmente dentro de Catalunya, son las imágenes que deja una jornada donde el deslegitimado gobierno de Mariano Rajoy mostró una vez más que no tiene la capacidad ni los argumentos para poder dar solución a este complejísimo reto que es el intento de independencia del pueblo catalán.

Días antes del 1-O sucedieron manifestaciones, en distintas partes de España, a favor de la unidad del Estado español. Sin embargo, estas manifestaciones, que un principio podrían ser consideradas como democráticas, no fueron más que el reflejo de un problema régimen que tiene España tras su etapa de transición. Las banderas españolas que defendían la unidad de este país, estuvieron acompañadas de cantos del “Cara al Sol”, himno del franquismo, o frases como “a por ellos”, como si la ciudadanía de Catalunya que estaba pidiendo a gritos una solución política al conflicto que se estaba viviendo, fuesen unos enemigos de la democracia y de la ciudadanía española en su conjunto. Empero, lo más vergonzoso fue el no escuchar ni un solo rechazo por parte del gobierno de Mariano Rajoy a estos actos franquistas que, de acuerdo a una Ley de Memoria Histórica, están expresamente prohibidos. En definitiva, el problema de Catalunya terminó por mostrar, una vez más, cómo el problema real se encuentra es dentro del régimen mismo de España. Su unidad es frágil y el régimen del 78, constitución que marcó la etapa de transición, está en crisis. Los actos contra el pueblo catalán que quería expresarse políticamente a través de las urnas no fue, únicamente, un acto en contra de la dignidad de Catalunya: el 1-O, debido a la actuación del gobierno español, ha sido un ataque contra la dignidad misma de España como nación.

A partir de esto, algunas de las reflexiones que nos deja esta jornada son:

1. Se confirma lo que había mencionado antes. El 1 de octubre, más que un acto con validez jurídica, toma toda la relevancia en la dimensión política. La fractura se confirma y se hace imposible negar que hay un problema político en España. El Estado central, luego de la conferencia de prensa de Mariano Rajoy, argumenta que su actuación fue bajo la ley y en cumplimiento de ella, sin embargo, lo que no han entendido es que el derecho, como fuente viva de la dimensión política, no es estático ni monolítico. Lo jurídico y lo político se retroalimentan, su relación es dialéctica, y en esa medida, cuando la dimensión jurídica no puede dar respuesta a los problemas políticos, aquella debe mutar y adquirir las cualidades necesarias para que, dentro de un marco de respeto a los derechos humanos y la democracia, se pueda dar salida a los problemas políticos. Este hecho, tan estudiado por los politólogos, fue el mismo que Mariano Rajoy y los autodenominados partidos constitucionalistas no pudieron, o no quisieron, denotar. De ahí que, a pesar de la negación que se dio por años del problema de Catalunya, obviar esta cuestión resulte ser una verdadera quimera.

2. El gobierno central no puede tener una peor fotografía. No solo la gente se movilizó y votó, a pesar que Rajoy había asegurado que no habría una sola urna, sino que más aún, la gente demostró que no le tiene miedo al Estado y que, cuando se unen como un pueblo, pueden vencer el terror de la fuerza legítima de este Leviatán. La desmedida acción del Estado se volverá en un momento de épica que alimentará aún más el conflicto y la división ¿Cómo explicar que se golpean a ancianos que quieren simplemente depositar una papeleta dentro de una urna?Cuando se utiliza la violencia para detener a la democracia y cuando la respuesta está basada en la no violencia, el uso de la fuerza pierde toda su capacidad de acción. El fracaso de la intervención armada del gobierno central se ve reflejada en que, a pesar de desplegar más de 10.000 cuerpos de seguridad, apenas pudieron cerrar el 14% de los colegios electorales. Peor aún, Mariano Rajoy logró que, a nivel internacional, una causa democrática que parecía ser tan debatida ya no lo fuese tan cuestionada, dejándole a los independistas el relato de la historia y quedando internacionalmente como un Estado opresor y violento que intentó aplacar a un pueblo digno y pacífico que se quería expresar en las urnas.

3. La posibilidad de un referéndum pactado, tristemente, está muriendo. Se tenía la oportunidad de hacer un acto político pactado, que contara con todas las garantías y trasladase así a la dimensión democrática este complejo conflicto. Ahora se ve más difícil que nunca que un referéndum pactado suceda: la posibilidad de un puente para el diálogo, minuto tras minuto, está siendo detonando por un gobierno central incapaz y sin argumentos más que el del uso desmedido de la fuerza. El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, representante de la derecha independentista catalana, en su conferencia de prensa tras la jornada del 1-O sentenció la última ruta que quedaba para un referéndum pactado: “Catalunya se ha ganado el pulso de la soberanía y el respeto a ser una República independiente”. Todos los símbolos que torpemente le ha dejado Mariano Rajoy, serán utilizados por los independentistas para ejecutar en el parlamento catalán, con la mayor brevedad, todas las medidas para la independencia de Catalunya. La CUP, partido anticapitalista independentista, ya ha anunciado una huelga general, presionando aún más a un gobierno central que no ha hecho más que minar los puentes del diálogo.

4. A pesar de todo, lo único que sigue quedando es eso: el diálogo. Es menester que paren las cargas policiales, que no vuelvan a existir siquiera resquicios de enfrentamientos entre la Policía catalana, Mossos, y la Policía Nacional, que éstos no vuelvan a golpear y violentar a su gente, y que finalmente se entienda que el derecho no es estático ni que lo jurídico actúa de forma mecánica. El derecho es dialéctico y se retroalimenta de la dimensión política; es esto lo que le da vida. Por ello, seguramente estamos ante la muerte del régimen del 78 y se hace necesario un cambio radical dentro de la estructura del Estado español. En Madrid y otras ciudades sucedieron grandes manifestaciones en apoyo al pueblo catalán y su derecho a decidir, siendo así actos que todavía dan esperanzas para que la cordialidad y la fraternidad vuelva entre los distintos pueblos de España. Tal y como argumentó Pablo Iglesias, dirigente del partido político PODEMOS: “España no está atacando a Catalunya, lo ataca un partido violento y corrupto (el Partido Popular y Mariano Rajoy)”.

5. Por ello mismo, para que esta solución pueda ser factible, antes tiene que suceder una cosa: echar definitivamente a Rajoy y el PP del gobierno central, porque su máquina de corrupción y violación sistemática de la ley (ya que respetarla no pasa únicamente por impedir que se haga un referéndum ilegal) es el virus que está destruyendo y carcomiendo lentamente a España y todos sus diversos pueblos y naciones. Tristemente, una vez más, el Partido Socialista Español (PSOE) se declaró a favor del gobierno central, pese haber criticado el accionar violento de estos, y una vez más se ve imposible una moción de censura que logre echar de las instituciones a la maquinaria de corrupción y violencia que es el Partido Popular y el presidente Mariano Rajoy. Éste ha propuesto una mesa de negociación entre todas las fuerzas políticas, sin dejar explícito si entre ellas se incluían a las independentistas o aquellas que están a favor del derecho a decidir. No obstante, esta mesa de negociación, que no parece ser de diálogo, es una crónica de una muerte anunciada. Ni Rajoy ni el Partido Popular son ya interlocutores legítimos: su uso desmedido de la fuerza, la constante negación de una realidad que se expresa a gritos y su continua violación de la ley al ser un partido político imputado por corrupción, hacen que cualquier solución dialógica deba partir por expulsarlos de las instituciones españolas. Rajoy ha roto por completo a España y es, en definitiva, la gota que derrama la copa de la crisis del régimen del 78.

Fuente: http://volutaradial.com/index.php/2017/10/01/1-o-en-catalunya-la-incapacidad-de-los-violentos/

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