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Texto y fotos Marina Gallardo Izquierdo

El día que las mujeres tomaron la calle

Desde que era una niña he sabido que el 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer, o como lo llamábamos antes, Día Internacional de la Mujer Trabajadora –menos mal que parece que poco a poco vamos entendiendo la importancia de la adaptación del lenguaje para expresar una realidad cambiante-. Pero este 8 de marzo ha sido para mí un 8 de marzo diferente, un 8 de marzo especial, un Día Internacional de la Mujer en el que no sólo he comprendido, sino que he sentido, el significado de palabras tan elementales en el movimiento feminista como sororidad y empoderamiento. Este 8 de marzo ha sido para mí el primer 8 de marzo que he vivido con conciencia feminista y con ganas de agrupación y lucha.

Desgraciadamente, no nacemos en comunidades que tomen el feminismo como base de la educación de las personas, como un elemento transversal e indiscutible en todos los aspectos de la vida, lo que nos obliga a deconstruir el machismo que desde niñas hemos ido aprendiendo y asumiendo como algo natural; ese elemento biológico que como sociedad debemos perpetuar porque “siempre ha sido así”. A mí aún me queda mucho camino por recorrer, muchas mujeres de las que aprender y muchas batallas por encarar, pero siento que voy por el buen camino cuando un 8 de marzo no felicito a mi madre por ser capaz de ser buena trabajadora, buena madre, buena esposa y todo lo que se espera de ella; sino que la miro y, de repente, me siento en deuda con ella por haberme dado el amor, la libertad y la conciencia crítica para saber que por ella, por mí, por las que fueron, por las que son y por las que serán, debo luchar.

Así que este 8 de marzo salí a la calle y allí me encontré con un Madrid lleno de fuerza, lleno de sororidad y empoderamiento, lleno de mujeres que estaban allí por un objetivo y un mensaje común. Mujeres que estaban allí para gritar y expresarse. Mujeres que tomaron un espacio público que les ha sido denegado y alzaron la voz para decir “LA CALLE TAMBIÉN ES NUESTRA”. ¡Y ya lo creo que lo es! Yo lo sentí, sentí que no estaba sola y que esto es lo que significa el 8 de marzo: unión, lucha y FEMINISMO.

Mujeres de todas las edades y condiciones, gritando todo tipo de mensajes y siguiendo una dirección común. No puedo decir con exactitud cuántas personas había pero eran tantas que cada vez que me subía a una de las barreras de los laterales de Gran Vía para hacer una foto, se me encogía el corazón y me veía invadida por una sensación de orgullo y compañerismo indescriptible.

Para mí, fue un momento para sentirme feliz por lo que estaba viendo y por estar siendo partícipe de ello. Me sentí arropada y empoderada. Pero no se me olvida que el 8 de marzo no es un día feliz. El 8 de marzo llega cada año para recordarnos que las mujeres debemos seguir tomando las calles porque se lo debemos a las demás, se lo debemos a todas las mujeres que sufren el machismo más cruel, inhumano y aberrante; se lo debemos a las víctimas y a aquellas que lo sufren en silencio; se lo debemos a las que aún no conocen las palabras sororidad y empoderamiento; se lo debemos y nos lo debemos a todas.

Ahora sé que no debo esperar a que vuelva a llegar el 8 de marzo para salir a la calle a gritar y a exigir una igualdad real. Ahora sé que cada día de mi vida debo gritar ¡JUNTAS Y FUERTES FEMINISTAS SIEMPRE!

Texto y fotos Marina Gallardo Izquierdo

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