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LA GALLA CIENCIA Antonio Cruz  16 de septiembre de 2016

“Las naciones del llanto” (Manuel de la Fuente)

Huerga & Fierro editores, 2016

nacionesManuel de la Fuente Vidal ha desarrollado toda su vida profesional en las secciones de Cultura y Espectáculos del periódico ABC, así como en los suplementos Blanco y Negro y Guía de Madrid. En 1995, ganó el Premio de Poesía Gerardo Diego de la Diputación Provincial de Soria por el poemario Servicios Informativos.

En sus poemas de largos versos se desgrana una vida paralela, haciendo uso de la pluma como cronista de los más variados avernos, los suyos: desde el subsuelo de Dostoyevski, pasando más de una temporada en el infierno, hasta los mismos infiernos de Dante.

Manuel de la Fuente es un Whitman del siglo XXI, o puede que se quedase anclado en el XX, o en el anterior, como un personaje de Sam Peckinpah cuyo toque de modernidad es escuchar a Bob Dylan, Knockin’ on heaven’s door, mientras las balas lo atraviesan y suena la música, sin caer al suelo, llamando a las puertas del cielo; o quizá De la Fuente sea como Cable Hogue, una suerte de poeta crepuscular del western, atropellado por un automóvil en medio del desierto, ¡qué maldita  paradoja!

Con Las naciones del llanto, su segundo poemario y editado recientemente por Huerga & Fierro, uno tiene la sensación, desde el primer al último verso, que todo es un larguísimo poema de extensos e intensos versos; un poema que da comienzo y sigue y sigue, y no termina nunca, pues no acaba con el poemario. En sus versos late el desasosiego, se desnuda el poeta urbano, rebelde, en muchos momentos desolado. Cada uno de sus poemas es una película, una canción; es Rimbaud, Quevedo, Cirlot, Ginsberg; es Madrid; es la Biblia, que él asegura devorar en sus ratos libres, «cuando no está en la psiquiatra», pero De la Fuente es en este caso un profeta que habla del presente, porque el desastre ya está aquí, entre nosotros, y ya nada puede hacerse:

porque en días aciagos como estos ni Luther King podría tener un sueño

Una vida propia, que queda inmersa y atrapada en la tragedia humana, y él un ángel vencido:

Me asomo a la terraza de mi casa y arden y arden a lo lejos las ciudades

y allá en el horizonte las chimeneas de Auschwitz a pleno rendimiento   

Y como el replicante Roy Batty, siente rabia y deseos de sobrevivir, pues al igual que en Blade Runner, la sociedad deshumanizada del futuro en el que ya vivimos, sobrevive a duras penas, ahogada en una profunda crisis de valores, y en donde los replicantes son más humanos que los propios humanos:

En todos los suburbios y chabolas en todas las plazas que han prohibido en las estaciones de Metro en las paradas de autobús en las cafeterías y mercados se escucha a lo largo y ancho de la tarde el llanto de los mártires y las pisadas desoladas sobre caminos que no llevarán jamás a parte alguna

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Manuel de la Fuente Foto: PAMR

Leer sus poemas es leer su vida, revelada, sin tapujos, en dosis de amor:

Cuando una tarde incendiada de verano te amé bajo el castaño Aurora Galán mientras iban y venían los refugiados mientras llamaban al timbre los mendigos y le poníamos comillas a la vida y yo subrayaba tanta dicha sobre tus labios

Una vida que también ha transcurrido en bares y hospitales, como la cruz de una moneda que ahora relumbra en aureola de malditismo:

Y pienso en los cientos en todas las pastillas que en otros días he tomado

y pienso en los cientos en todas las botellas que en otros días he bebido

Y ahí queda la existencia más mundana, la vida descodificada en las redes sociales:

Tantos días tantos inviernos tantos amaneceres sin conocerte

[…]

no seré hoy el principal protagonista de tu vida ni de tu windows

[…]

ni decirte mentiras piadosas al oído a tu melancólica blackberry

Las naciones del llanto, como en la Tierra Baldía de Eliot, incorpora un anexo en donde referencia las fuentes e influencias de las que se ha servido para construir sus extensos poemas, ausentes de nombre, anónimos, creciendo en una cuneta, los versos de un Manuel de la Fuente que es como un secundario de los westerns de John Ford, y su poesía como si un trasunto de Whitman escribiese en estos días baladas de pop-rock: nunca saldrás vivo de este mundo (que dijo el músico de country Hank Williams).

Fuente: http://www.lagallaciencia.com/2016/08/las-naciones-del-llanto-de-manuel-de-la.html?m=1