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LOS HOMBRES VENCIDOS

El viento del Sur me trae recuerdos insólitos de una tierra inhóspita y crepuscular donde fui un argonauta que buscaba paraísos y fuentes inmortales, me acompañaban los árboles y los ríos, los caballos y delfines, las golondrinas y los mirlos, las estrellas y las playas. Fui un viajero solitario, pero feliz, soñando con un mundo de utopías y palmeras, de espuma de los mares y lluvias tropicales. Viajaba en pos del Creador y de los Libros Sagrados, en pos de las viejas y milenarias escrituras que enseñaron a los hombres su camino. Sufrí el exilio y el dolor, las heridas y las puñaladas traperas del Destino, pero he llegado aquí, hasta las puertas celestiales de tu boca, donde cantan gorriones y jilgueros, donde rebrotan los y renacen los bosques, llegué a tus hombros y deslicé mis manos por tu cintura recogiendo tomillo y yernabuena, sembrando primaveras, presumiendo de tu nombre en las plazas y las esquinas, hablando en mis discursos de la aventura y la valentía de tus labios, hablando del prólogo de tus caricias, y del índice de todas tus promesas. Soy el argonauta que esta misma mañana llama a tu puerta y besa tus pies, que se quita las sandalias y se rinde ante tus ojos, soy un funambulista en tu piel y el equilibrio es, sencillamente, mi felicidad, la de los hombres vencidos.