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“Legalidad e indecencia” (Gregorio Morán) Sin Permiso

Admitir que se trataba de “la flor y nata” no lo diría ni un gacetillero del mundo de las finanzas, porque las únicas flores que les esperan ya son las mortuorias desde que las amantes se han puesto remisas a la ternura sin IVA. Respecto a “la nata”, tiene connotaciones poco agradables, porque los únicos animales que ordeñan son de dos patas y en general varones. Estoy hablando del Consejo Empresarial para la Competitividad, los que cortan el bacalao de la economía española. Telefónica, BBVA, La Caixa, Mercadona, El Corte Inglés… Se reunieron el martes, 26, después de recoger los detalles de lo ocurrido el domingo en los comicios municipales y autonómicos. ¿Y a que ustedes no saben qué decidieron? Como el horno no estaba para bollos, hablaron de fútbol, así, literalmente, como esos parados de larga duración y más hambre que vergüenza gritan “hemos ganado” en los campos de fútbol que nunca fueron suyos. Sí señor, así, con dos cojones, que la situación no está para opinar. Fútbol, y convocar la próxima reunión a ver si la cosa se va aclarando.

Ya sé que es una simpleza decirlo, porque no hay generación que prevea su inestable futuro, pero la mía, que ya se está despidiendo, lo hace con un atracón de basura y desencanto difícil de encontrar en el pasado. ¿Quién es más chorizo, el convergente Prenafeta o el pepero Bárcenas? Si esperamos que lo decidan los tribunales nos jubilará la vida. La elección es difícil pero de una actualidad política ­absoluta. ¡Pobres periodistas recién salidos de esas guar­derías donde se dan clases de cómo agradecer a los poderes los servicios prestados! ¿Para qué creen ustedes que los cerebrinos del Parlament pidieron que les iluminara Luis Bárcenas sobre los paraísos fiscales? Les podría dar yo una docena de nombres ca­talanes expertos en la ma­teria; porque para sacar hay que tener.

El Parlament, dominado por cierta cretinez parlamentaria no exenta de desvergüenza social, acepta que declare sobre los Paraísos Perdidos del Dinero nada menos que Bárcenas. Como es bastante más listo que la media de bandarras que los dioses nos concedieron, aceptó y de buena gana; primero le decía al PP que aún tiene mucho que contar pero sigue callado, y a los lumbreras parlamentarios creerse que están ante lo más parecido a Henry Kissinger que se encontrarán en su vida. Considero genial ese momento en el que en respuesta a una parlamentaria, facción sardana, dijo Bárcenas con ese cinismo que mamó desde la más tierna infancia: “Las ayudas al PP, a diferencia del 3% de las comisiones de ustedes, se hacía en definitiva por amistad, cariño…”. “¡Me ha llamado usted cariño!”, replicó indignada. “Disculpe, disculpe, me ha interpretado mal, quiero decir por cariño, jamás se me ocurriría dirigirme a usted en esos términos” (dijo Bárcenas, y cito de memoria). Mientras ese viejo zorro debía estar mirando a aquella madama con ese desprecio de los señoritos a las herederas autóctonas de Gracita Morales.

Pero no hemos resuelto el dilema: ¿ha quedado claro quién es más chorizo, si el arrogante Bárcenas o Prenafeta, el de la pena de telediario, aportación jurídica del tripartito, ya perfectamente recogida por el ministro Fernández, afectadísimo por una cabeza que se inclina, la de Rato, bajo la mano imperiosa de un policía? ¿Prenafeta o Bárcenas? Si metiéramos al gran Millet la cosa quedaría muy descompensada, por eso apelaron a Bárcenas. Basta que usted eche una mirada a los diarios.

El espacio dedicado a la declaración de Bárcenas fue inconmensurablemente mayor que el de Prenafeta –allí donde apareció algo– y les advierto que escuchar la chulería del personaje frente al personal parlamentario tenía algo de berlusconiano –si hay algún periodista en Barcelona que no le deba un favor, que lo diga, que lo diga, porque Prenafeta es como una agencia de colocaciones para periodistas en dique seco y con tragaderas– .Y además no hay color, comparar a un arrogante deportista de montaña, con la mochila llena de papel moneda y esposa con más pieles que una lapona, frente a ese prodigio de sensibilidad artística que es Prenafeta, don Luis el Muñidor, ¡que lee a Leopardi y en italiano! Desde aquel asesor de Palermo, detenido en Milán, Marcello dell’Utri, asesor de Berlusconi, que se dedicaba a la bibliofilia, no hay en nuestro mundo catalán algo similar. La arrogancia de Bárcenas tapó las marrullerías del más importante corruptor de mayores de la historia moderna de Catalunya. Todo legal, todo indecente.

Oh, aquel periodismo que soñamos y que nunca vimos. Se me vino a la cabeza mientras contemplaba a los tres delegados del FMI que han visitado España para decirnos lo que debemos hacer para que ellos sean más ricos y nosotros nunca salgamos de pobres, que en definitiva es un objetivo bancario cargado de sentido. Contemplé en imágenes fijas a Helge Berger, el jefe, alemán, bastaría con ver su traje de raya gruesa, esos que definen tres conceptos: ser financiero, ser alemán y ser el jefe. A su lado un latino, Sebastián Sola, flaquito sin necesidad de gimnasio y esa mirada larga que se les pone a los actores secundarios después de años de hacer lo mismo o parecido. El menos fotografiado, Andreas Adriano, una sombra no más, hijo de emigrantes al paraíso gringo probablemente. Tres ejecutores de la economía de mercado. Libertad de despido, subida del IVA y copagos en sanidad y educación.

Busqué datos biográficos, porque hasta los killers de la economía han tenido madre, pero no encontré mucho. Currículums larguísimos de empleados en diversos mataderos bancarios; veteranía en despedazar el ganado, pero poco más. Nada exótico sino todo lo contrario en ese selecto gremio. Ocurre con nuestro delegado del FMI en España, Luis Linde, con uno de esos currículos que de creértelos te convertirían en un tipo de dudosa moralidad y equívoco sentido de la decencia, con esa cara amorfa que se les pone a los bancarios –no digo banqueros, sino bancarios, que son cosas muy diferentes– cuando se les expone mucho a la luz y parecen batracios, porque todo en ellos es indefinido: el color, las extremidades, la mirada, la ropa… Puede estar usted escuchándoles media hora, que es un medida de tiempo importantísima para quien cuenta las unidades en transacciones internacionales, un cambalache legal que se concierta en décimas de segundos. Y si le encontrara por la calle no le reconocería.

Este desecho de tienta bancario toreó siempre en plazas fecundas pero blindadas a la decencia, ha repetido que los trabajadores fijos deben desaparecer, que el IVA debe subir y que los salarios han de comprimirse todos… salvo el suyo, estratosférico desde el principio, y que por decisión legal e indecente se ha ascendido él mismo en un 6%.

¿Lo ven? Ahí está la diferencia entre la legalidad y la decencia. Y no sé si estos frívolos indecentes serán conscientes de que conforme la distancia entre decencia y legalidad se vaya ensanchando se está creando el ambiente necesario para que la realidad estalle. Porque leyes son lo primero que dicta una clase o un partido dominante cuando alcanza el poder. Hacerse Estado de derecho. ¿Se acuerdan de Franco? ¿Alguien duda que la jurisprudencia del periodo nazi fuera de las más elaboradas de cuantas existieron en el siglo XX? Uno de los líderes de Podemos, el profesor Errejón, es un estudioso de Carl Schmitt –como ya lo fueron personajes tan dispares como Torcuato Fernández Miranda y Enrique Tierno Galván–. Sin Carl Schmitt –con­denado por las tropas aliadas a varios años de reclusión por su papel decisorio en la jurisprudencia hitleriana– no se hubiera alcanzado tan excelso nivel jurídico en la indecencia.

Estamos alimentando un estallido social que tiene como fuente la diferencia abismal entre lo legal y lo decente. Y estos majaderos que nos gobiernan hablan de legalidad con las bocas indecentes de Mariano Rajoy y Artur Mas. Como ayer hicieron Aznar y Pujol, tan vecinos, tan socios, tan patriotas.

Gregorio Morán, columnista habitual en el diario barcelonés La Vanguardia y amigo desde el principio del proyecto SinPermiso, fue un resistente político en el clandestino Partido Comunista de España bajo el franquismo. Periodista de investigación e insobornable crítico cultural, ha escrito libros imprescindibles para entender el proceso que llevó en España de la dictadura franquista a la Segunda Restauración borbónica.

Su último libro: El cura y los mandarines (Madrid: Akal, 2014)