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Jaled Abdelrahim / yorokobu

El 26 de septiembre de 2014, 43 estudiantes de la escuela rural de Ayotzinapa (Guerrero) participaban en un acto de protesta cuando fueron secuestrados y aparentemente asesinados en un pequeño municipio vecino llamado Iguala. La operación criminal fue llevada a cabo conjuntamente por elementos del crimen organizado, fuerzas oficiales y el propio alcalde de la circunscripción. Algunos sostienen que también hubo otros culpables de mayor rango involucrados en el crimen.

Durante los meses siguientes, millones de personas en todo México y ciudades extranjeras tomaron las calles al grito de «ya me cansé». Reivindicaban a los desaparecidos y pedían al gobierno responsabilidades y cambios integrales que impidieran que algo así sucediera de nuevo. «Nuestra intención es que este caso siga siendo recordado, pero no solo eso, porque solo con eso no vale», dice Marisol Hernández, portavoz de la nueva plataforma cultural Fenómeno 43. «Lo que es necesario es que se haga algo, y pensamos que el arte puede servir de impulso para que otras personas también lo hagan. Para que no se apague la mecha».

«Fenómeno 43 es un movimiento de manifestación civil y artística donde los ciudadanos de México y el mundo, a través de la creación de arte visual, generamos un diálogo social para no olvidar los casos de violencia, crimen e impunidad que se viven en el país», definen.

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La idea de hacer emerger la plataforma, que tiene seis meses de vida, se le ocurrió a media docena de jóvenes que llegaban de ámbitos tan diversos como la gestión cultural, el diseño, la comunicación, la música, la psicología o la publicidad, aunque rechazan presentarse como dueños de este proyecto que promueven como «abierto a todo el mundo».

La primera llamada fue «una convocatoria internacional a través de las redes sociales. Se solicitaban trabajos inspirados en la tragedia realizados en pintura, foto, instalación, arte visual o bordado. «Recibimos obras de varios países: Alemania, Italia, Estados Unidos, Argentina… y de distintos lugares de la república», explica la portavoz. En total llegaron 99 propuestas. «Iba a ser solo una muestra virtual, pero ha tenido tanta acogida que se ha convertido en una iniciativa mucho mayor».

Ahora el proyecto lo han dividido en tres etapas: «La primera arrancó con un performance realizado por la activista y performer Violeta Luna», explica. «Desde entonces hasta septiembre se estarán realizando una serie de actividades como lecturas, ciclos de cine documental, conciertos, talleres con algunos de los artistas participantes, talleres infantiles…».

La segunda fase es la financiación. De las propuestas presentadas, 43 han sido seleccionadas por un jurado de expertos y críticos culturales para montar una exposición física. El dinero es para poder llevarlas hasta la Casa de los Arcos de Puebla, donde se realizará la muestra (de septiembre a octubre). «Esa será la fase tres. Pero queremos que después se convierta en una exposición itinerante que proponga a otras ciudades de México y del extranjero un diálogo con la sociedad».

Opina Hernández que los mexicanos están viviendo en «un estado de violencia». «Que si bien llevan muchos años, ahora ha detonado aún más: la libre expresión está amenazada, las personas temen por sus vidas, no sabemos a qué nos enfrentamos, se vive con miedo, el Gobierno frena las manifestaciones…». Fenómeno 43 quiere que el arte y la cultura sean «una pequeña luz sobre el camino para reivindicar que ya basta de impunidad», esgrime.

«Promovemos que creadores y creadoras puedan expresar su idea a través del arte y con ello acercar a la población para poder hacer esta relación entre comunidad y conciencia, a fin de generar un entorno más armónico, más de paz, más social y más de comunidad», explica otro de los ideólogos. «El arte también es un instrumento de lucha. Es algo que sale de muy dentro y que genera cierta conexión con todos para podernos despertar. Es una manera diferente para poder expresarte y para poder hacer sentir a la gente, que es lo que necesitamos. México necesita sentir», aporta otra.

«Despertar, despertar. Esa es la palabra que hemos elegido», insiste Hernández cuando justifica la idea. «No permitir que todos sigamos durmiendo como muchas veces pasa en este país. Si conservamos encendida la mecha social que se prendió por Ayotzinapa, podríamos estar hablando de eso, del inicio del despertar de México. Es hora de hacer algo».