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ESTO NO ES UNA POÉTICA

lolo“No te quedan mal esos vaqueros”. Los vaqueros eran unos Levi’s 501 blancos. Y se supone que así ligaba, o lo intentaba, un periodista y un poeta ya mayorcito de treinta y cinco años (tardío debut, aunque lleves escribiendo ripios desde niño), y además queriendo hacerlo, o lo intentaba, lo de ligar, con otra poeta (yo prefiero decir poetisa, que soy un antiguo) prestigiosa y prestigiada, con un puñado de libros maravillosos a sus espaldas, y que se había tratado de tú a tú con tipos a los que admirabas tanto, tantísimo, como Luis Rosales (la tenía mucho cariño desde “Poemas de Lida Sal”, su primer libro, siendo casi una niña; hoy, veinte años después, lo sigue siendo) y Rafael Alberti, que le dedicó unos versos a su taurina y gaditana manera: “A la poeta del más bello nombre… Yo no tenía otra cosa entonces (“No tengo patria ni caricias”, como escribió mi admiradísimo Juan Eduardo Cirlot) ni la tengo ahora, que aquel primer libro, que después del curioso piropo le entregaba dedicado: “Para Almudena, compañera en la trinchera de los endecasílabos. ¿Debo tratarte de “Usted”?). El libro se llamaba, evidentemente siendo yo periodista, Servicios Informativos, un libro con cierto aire social, denunciante y hasta algo reivindicador (de la desesperanza, de nuestras banderas perdidas) cuando nuestro universo poético estaba plagado (y hasta atiborrado) de sentimentalidad: bares, noches, copas, trenes que van, trenes que vienen, chicas que nos dejan, chicas que quizá nos quieren, y jazz, el puñetero jazz). Ya he dicho que yo no tenía nada más que aquellas palabras, y hacía lo que todos los poetas pobres y rockeros hemos hecho siempre, regalar poemas y canciones a ver si así colaba, y pues eso, ligábamos. Tuve éxito, no crean, y aquellas palabras hasta me llevaron al matrimonio cinco años después. Y sigue. Sí, aquellas palabras encendidas me valieron el Premio Gerardo Diego de Poesía, un galardón para un primer libro, es decir, de colegas desconocidos como yo, lo que garantizaba su justicia, nada de enchufes, ni añagazas todavía hoy tan frecuentes. Recuerdo que una tarde de aquel 1995, la del 7 de octubre, mientras dormía la siesta, me había llamado el gran José María Valverde (olvidado hoy, qué le vamos a hacer, era cristiano y católico militante, además de genial poeta) con la buena nueva. No sé ni lo que le dije al recibir el notición, menuda exclusiva. No me lo creía. Y sigo sin creérmelo, que aquellos párrafos, escritos muchos de ellos en la redacción de noche de ABC, me iban a valer la gloria. Qué lujo. Me reivindicaba a mí mismo ante mí mismo. Qué les puedo contar de esos poemas. Aquí los tienen. Como cualquier libro primerizo, estaba lleno de homenajes. A la mujer, R. B., hermana y camarada, a la que amé por bares y por noches, queriéndonos a quemarropa, porque me gustaba ese como ir de cañas por su cuerpo. Un cuerpo de más de 1, 80 metros de altura, y yo con 1,69 (me lo habían dicho en la mili, luego era exacto), pues imagínense qué noviazgo. Bueno, amistad, que éramos progres, y los progres, hippiosos y rojos de mierda (bueno, yo era más bien acratilla), éramos amigos, no novios. Era también un homenaje a tantos compañeros caídos por el camino (Arturo, Mari Luz, Carlos, Yolanda…) asesinados en la supuestamente modélica Transición, y asesinados en las calles de Malasaña por las agujas de la desolación, por las hipodérmicas del desconsuelo, por los tragos de juerga demasiados mezclados con amargura. Las chicas de ayer molaban mucho, pero rara vez se venían a nuestra cama. Era un homenaje a mis colegas periodistas, que me lo habían enseñado todo hasta jugándose la vida en los Balcanes, no es una frase hecha, como Ramiro Villapadierna. Era un homenaje a mis amigos y camaradas con los que había empezado a hacer la Revolución en el Rastro, sobredosis de cerveza dominical en La Bobia, cuando después de que los fachas nos dieran de hostias, nos amábamos todo lo que podíamos, con mucha premeditación, nocturnidad y alevosía. Era un homenaje a las personas que se habían jugado todo apostando por la vida en las trincheras de Bosnia, en las plazuelas asoladas de Sarajevo, como la joven bosnia musulmana Admira Ismic y el serbobosnio Bosk Bckic, que “murieron abrazados en tierra de nadie un miércoles de mayo”. Era un homenaje a la música que amaba, el rock and roll, la Nueva Trova Cubana, Bruce Springsteen, Los Secretos y Paco Ibáñez, Van Morrison y Mercedes Sosa, a Silvia y las guitarras de su pelo, a Carmensue y el sueño de aquel verano francés, un homenaje a mis abuelos y a las Brigadas Internacionales, a la defensa de Madrid, al No pasarán, a Salvador Allende, a la Nicaragua morena y sandinista. Un homenaje a mi barrio, el de Palacio, en los Madriles fetenes, un homenaje al cine antes de que naciera el Hollywood de los imbéciles superhéroes: John Ford, John Wayne, Lauren Bacall, Blade Runner, Clint Eastwood, el Séptimo de Caballeria, las sesiones de las 4 de la tarde en el cine Alphaville y mis adorados pieles rojas. Y un homenaje, claro está, a los poetas que amaba: Wordsworth, William Faulkner, Neruda, Milton, Pavesse, Salinas, Lorca, Alberti, Dámaso Alonso, el menciondo Cirlot, Lope de Vega, Dylan, León Felipe, Huidobro, Walt Whitman, Allen Ginsberg, Luis Rosales, Dionisio Ridruejo, Shakespeare, Carlos Edmundo de Ory, Luis García Montero…

Qué le voy a hacer, aunque sea carne de prejubilación y haya sobrevivido a un ERE dantesco sigo siendo periodista y no conozco otra manera de hacer lo que los cursis y vanidosos llaman una “poética”. La verdadera poética son estos versos encendidos e incendiados, estas palabras honestas y descamisadas, estas canciones (eso es para mí un poema) que huelen a molotov, estos estribillos que rebosan de tanta derrota como Rock And Roll. Lo dije entonces, hace veinte años, y lo digo hoy, veinte primaveras después, lo digo hoy, que vuelvo a estar vivo, hoy, abril de 2015, cuando sé que la esperanza reside en sus ojos, los de aquella niña “con el nombre mñas bello del mundo”, Almudena, a la que le sentaban tan bien unos vaqueros, unos Levi’s 501 blancos.

Manuel de la Fuente

Antonio Muñiz / ABC

El periodista del ABC Manuel de la Fuente presentó ayer viernes la reedición de su primer poemario en el Café Comercial

El periodista Manuel de la Fuente (Madrid, 1959) presentó ayer viernes la reedición de su primer libro. El poemario «Servicios Informativos» obtuvo en 1995 el Premio Gerardo Diego concedido por la Diputación Provincial de Soria. La obra fue publicada por primera vez en 1996.

El universo poético del redactor de la sección de cultura del ABC mantiene hoy toda su actualidad y frescura, así como la potencia de los mensajes de fondo. Veinte años después «Servicios Informativos» vuelve y permite redescubrir a un poeta peculiar que encontró en el día a día de la información un motivo para sus versos.

El Café Comercial acogió el acto en el que el escritor estuvo acompañado por los también poetas Fernando López Guisado y Pablo Méndez. De la Fuente indica lo excepcional de esta reedición de un libro «dos décadas después y a alguien que no es conocido». Subraya que la nueva edición de «Servicios Informativos» es el número quinientos uno de la colección «Baños del Carmen» de Vitruvio. La editorial celebró el número quinientos de esta serie con la publicación de la poesía completa de Damaso Alonso.

loloFoto: Pedro A. Martín

Entre bromas, recuerda que nació en Opera, al lado de la Plaza de Oriente, en pleno centro de Madrid y muy cerca del Palacio Real. Señala que el libro está construido a través de los años: «La verdad es que comencé a escribir poesía con asiduidad desde los 17 años. Al principio eran apuntes, ideas, era el Madrid de los 80, la movida y demás. Un despropósito».

Durante los ochenta fue recopilando un buen material poético: «La obra refleja bien mi mundo durante esos años. Las vivencias de la movida están muy presentes. Mi pandilla de amigos en el Madrid de los 80. Eramos progres, creíamos en la revolución. Intentábamos ligar mucho, luego no ligamos un pimiento, pero nos divertíamos».

En 1989, el poeta comenzó a trabajar en el ABC. «En el turno de noche, que tiene algunas ventajas porque te da tiempo libre. La verdad es que yo le debo mucho al ABC. Me dio muchas cosas sobre todo en un momento personal complicado».

Aseguró durante la presentación que el 75% del libro esta hecho en el ABC: «Escribía los poemas en los tiempos muertos de la redacción, luego corregía en casa, pero incluso lo pase a ordenador en la redacción de ABC. El libro se titula «Servicios Informativos» primero porque es mi profesión y después porque muchos de los poemas tienen que ver con el periodismo».

lolo2El autor con Marcela Camacho, Kike Oliva, Eduardo Laorden, Carmen Martín, Beti, Encarna González y CandyRock (Café Comercial, Madrid 8-Mayo-2015)

Foto: Pedro A. Martín

Los capítulos de esta obra se dividen siguiendo las secciones de los diarios: «Crónica de Nacional y Crónica de Internacional». Subraya que el libro lo escribió durante la guerra de los Balcanes, conflicto que cubría para ABC un antiguo compañero de la sección, Ramiro Villapadierna. Gracias a él supo de historias como la del servo-bosnio enamorado de una bosnia que al tratar de huir juntos murieron en tierra de nadie en medio del fuego cruzado.

El libro lo define el autor como desesperanzado y emotivo. «Intento hacer algo que no se hacía mucho en España. Unir la poesía sobre el amor y la revolución. Decía Octavio Paz que amar es combatir. Esta escrito al estilo de Neruda que es uno de mis poetas preferidos».

«Ha habido una división entre la poesía pura y la poesía de la experiencia. Ambas están siendo superadas. El poeta es un tipo normal, algo que yo trato de resaltar en mi sección: Poetas a pie de web».

Al hablar de sus influencias menciona a Walt Whitman: «Luis Alberto de Cuenca dice que soy el único poeta Whitmaniano de España. Escribo en versículo, versos largos de 21 sílabas. Así va ser mi segundo poemario. Otra vez veinte años después».

Con ese versículo busca el ritmo salmódico de la Biblia, otra de sus influencias a la que considera «fundamental para los poetas».

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