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Manuel de la Fuente – ABC

La poeta acaba de publicar «Permanecer», un puñado de poemas sorprendentes escritos a quemarropa

loloRebeca del Casal quiere «Permanecer» (Ed. Tigres de Papel), y eso no quiere decir necesariamente que quiera pasar «De aquí a la eternidad». Se conforma con vivir inensamente suS días y sus noches, su poesía, y escribir, eso sí, con la fuerza y la visceralidad de la apasionante y osadísima escena de la playa entre Burt Lancaster y Deborah Kerr en esa película de Fred Zinnemann.

-Para empezar poéticos, cinematográficos y trascendentes, «Permanecer» es querer ir de aquí a la eternidad? -La eternidad es para los muertos, a mí lo que me interesa es este trocito de tiempo que habito; «Permanecer» es arraigar en la vida por medio del amor.

-Para seguir en la pantalla grande, cita usted al Steinbeck y al Kazan de «Al este del Edén». No me engañe, estaba usted pensando en James Dean. -He de confesar que no he visto la película, no vaya a ser que me robe la novela.

-Su editorial se llama Tigres de Papel. ¿Hay muchos en el mundo de la poesía? -Hay de todo: vanidad, amores, recitales, tigres de papel, poetas, poetisos, peligro para el hígado… y unas cuantas pequeñas editoriales haciendo un gran trabajo.

-Empieza usted con «Fuego». ¿Quiere que el lector se chamusque, que arda por dentro? -Oh, venga, es un poema bien tierno. Lo que quiero es posicionar al lector en el amor (para luego vapulearlo por varios puntos cardinales).

-«Que la ternura no es la espalda de la pornografía». Su poesía aspira a cambiar nuestra visión del sexo, a mostrárnoslo algo más llevadero, y no sé por qué se me ocurre este adjetivo? -Me ha encantado lo de llevadero, aunque sería más aplicable a los berenjenales colindantes al sexo. Pero no aspiro a cambiar la visión de nadie, si acaso a compartir la mía propia. Me extiendo más sobre el tema en la entrevista-epílogo de Óscar Curieses, por si a alguien le interesa.

arebeca

-Dedicarle un poema a las orugas parece algo suicida le dirá algún crítico. -Suicida ¿por qué? Piense en esas procesiones causadas por la ceguera que recorren el poema, en esa estupidez que nos convierte en cómplices, en ese banquillo de los mansos que quizá debamos abandonar por la pasividad de nuestra inercia… Lo suicida sería no abrir los ojos.

-Hablemos del duelo, que recorre sus versos. Duelo por un familiar, por un amigo, por una mascota, por un novio/a… ¿alguno es peor? -Todos son dolorosos y requieren su tiempo, la verdad es que amargan bastante la vida. En parte somos nuestros duelos, también a través de ellos se puede trazar el mapa de nuestro crecimiento, tienen algo de estrato geológico. Pero quizá la pérdida más dolorosa (para mí) haya sido la de lo que no llegó a ser, lo que se interrumpe antes de germinar.

-«Sus dedos me convierten en mandarina, arrancan piel y nervios. Me desgajan». Es usted modesta. ¿Por qué no se ha puesto como una buena naranja mediterránea? -Será porque, en lo relativo a las naranjas, soy más de zumos.

-«Las lágrimas que no se lloran son cancerígenas…». ¿La poesía debe ser terapéutica, debe hacernos llorar? -Supongo que debe ser lo que nos salga, a mí me queda más lograda cuando escribo desde el dolor. Pero porque la poesía no me hace llorar, más bien la lloro; viene con el pack de enfrentarse al dolor para superarlo, poniendo palabra a la emoción, diseccionando el llanto. Soy una firme partidaria de no reprimir las lágrimas, cada vez me exasperan más esos bienestares forzados, que son más autoengaño que otra cosa, en los que hay personas que se empeñan en mostrarse alegres e hiperactivas cuando, en realidad, están hechas polvo.

-«Masticarlo, saborearlo, escupirlo con asco. Follármelo, necesito follármelo, a mi dolor. Necesito parirlo». Explíqueme esto de tirarse a su propio dolor. -A veces hay que darse un espacio para disfrutar de la tristeza, es una especie de amor-odio en el que resulta difícil no caer en el regodeo. En el goce, si nos ponemos psicoanalíticos.

-Escribe sobre las relaciones paterno-filiales, el alumbramiento… Tiene mérito convertir situaciones tan especiales en poesía. -Son situaciones cotidianas, hay mil enfoques distintos desde los que se las puede tratar, pero la poesía está hecha de vida.

-¿Por qué usa tantas palabras compuestas con guión? -Es un poco lo que hacía Seurat al pintar, ponía dos colores muy cerca y era el ojo el que los mezclaba. Por un lado, son ejercicios de asociación libre, por otro, está muy depurada la selección. Losa-herencia para hablar de un testamento; vínculo-acto para definir el amor (hay quien parece pensar en el amor como algo que te ocurre y no como algo que construyes) ; juguete-mascota para resumir relaciones familiares de uso; mujer-umbral, bucle-yugo… es cierto que hay muchas, quizá cada lector vea un color distinto.

-No quiero, por supuesto meterme en su intimidad, pero es tan descarnada como parece? -He cambiado tanto últimamente que ya no sabría decir cómo soy, quizá antes era más cruda y oscura, pero siempre he sido más risueña al natural que por escrito, aunque igual de irónica. Y tengo más de personaje woodyallenesco de lo que aparento.

-Escribe que quiere sentarse al margen de la Historia. ¿Quiere que su poesía pase de todo? ¿Pero qué le hemos hecho? -Con vivir mi propia historia me conformo, hasta estoy consiguiendo disfrutarla, últimamente. Quizá hasta deje de escribir, total, soy más feliz en tiempos de barbecho, cuando no siento la necesidad de hacerlo.

“Fuego”

Tras la metamorfosis del hombre en persona

los contrarios

pulieron sus tensiones

—mas no sus diferencias—.

En este devenir

no se vio especialmente afectada la palabra armonía.

Contorsionismo de abrir

piernas y corazón a un tiempo.

Mi ombligo será

la copa de tu semen,

y lo impúdico y paralizante de la palabra amor

me hará sentir desnuda,

pero quizá comprenda

que la ternura no es la espalda de la pornografía.

                                                        (Para Aurelio)

De «Permanecer» (Tigres de Papel, 2015).