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Manuel de la Fuente / ABC

Una investigadora española recupera cinco textos inéditos del escritor, que permanecieron ocultos durante más de 80 años en la prensa francesa

Piloto y escritor que hizo de la aviación una forma de poesía, pionero de la gesta de su tiempo, combatiente aliado en la Segunda Guerra Mundial, inventor, dibujante, reportero, mago con las cartas, matemático por intuición, domesticador de animales, protagonista de uno de los mayores misterios de la historia de la literatura tras su desaparición y uno de los últimos humanistas que desarrolló una idea propia sobre el hombre, cuya grandeza ensalzó. Son algunos de los muchos talentos que reunió en una sola vida de 44 años -los primeros del siglo XX- Antoine de Saint-Exupéry, un autor menos conocido que su «Principito», cuya fama ha eclipsado no sólo el resto de su obra, sino también otras de las muchas facetas que desempeñó a lo largo de su vida, como la de periodista.

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Pero lo cierto es que durante los años 30 del siglo pasado Saint-Exupéry colaboró con la prensa francesa de la época y fue enviado como reportero a algunos de los principales escenarios de su tiempo, como la Guerra Civil española. «Lo hizo por las dificultades económicas que atravesaba en unos años en los que no pudo vivir de las que fueron sus dos principales ocupaciones como piloto y escritor, sin que fuese la vocación la que le llevó al periodismo», señala Montse Morata, doctora en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y experta en Saint-Exupéry, que llegó a volar en parapente para conocer las sensaciones del escritor francés. «Sin embargo, sus trabajos en este terreno constituyen no sólo una aportación singular, sino que a partir de ellos reescribió la obra que lo consagró en vida como escritor, y que no fue “El Principito”, cuyo éxito no llegaría a conocer, sino “Tierra de los hombres”. Además, su trabajo como reportero le permitió conocer de primera mano realidades que dejaron huella en su obra y en su pensamiento, como nuestra guerra», explica esta investigadora española, autora de la primera tesis que se ha escrito sobre el periodismo de Saint-Exupéry. En ella, no sólo ha reunido la recopilación más completa que existe hasta la fecha de la obra periodística de este escritor, sino que, además, ha recuperado cinco textos desconocidos de este autor que, durante casi ochenta años, habían permanecido en el olvido, enterrados en las páginas de los periódicos y revistas en las que originariamente fueron publicados, sin que hayan sido publicados hasta el momento. «Cuando empecé mi tesis jamás imaginé que existiera tal desconocimiento sobre los textos periodísticos de este autor», confiesa Montse Morata, que pasó un año en París investigando en la hemeroteca de la Bibliothèque Nationale de France y como doctoranda invitada del Centre d’Historia de Sciences Po. Lo hizo, además, sin ninguna financiación, con sus propios recursos tras perder su trabajo como periodista a consecuencia de la crisis. «Decidí convertir la dificultad en oportunidad y pensé que era el momento de hacer lo que siempre había querido», relata esta investigadora. Cuenta que la idea de estudiar a Saint-Exupéry le llegó leyendo un ensayo sobre este autor del que después ha sido su director de tesis, el escritor Pedro Sorela. Una tesis en la que, bajo el título de «Acción, pensamiento y poesía en el periodismo de Antoine de Saint-Exupéry», Montse Morata, que ha trabajado durante doce años como periodista y también escribe poesía, plantea, además, a partir del ejemplo del escritor francés, la utilidad actual de los rasgos más singulares encontrados en su escritura periodística, como el uso que hace de la poesía.

Más vigente que nunca

fr2780[1]«Lo más llamativo -dice Morata- es que, aun viniendo del pasado, el periodismo de Saint-Exupéry está más vigente que nunca, ya que ofrece fórmulas propias y recupera el humanismo tantas veces olvidado en esta profesión y que, en mi opinión, es una de las causas de su actual desconcierto y crisis».

En total, cuenta que fueron más de medio centenar de artículos, crónicas y reportajes los que Saint-Exupéry publicó entre 1932 y 1938 en algunos de los principales periódicos y revistas francesas de la época. En muchos de ellos, el escritor relata sus propias experiencias como pionero de la aviación, abriendo nuevas líneas de correo aéreo a través del Sáhara o la Patagonia, pero también intentando batir récords de aviación que le ocasionaron no pocos accidentes en los que estuvo a punto de morir. Uno de ellos fue el que sufrió en el desierto libio, por el que anduvo durante cinco días sin agua ni comida, lo que ocupó las primeras planas de todos los periódicos durante los primeros días del año 1936.

En otros casos, sus colaboraciones fueron fruto de los encargos que el escritor recibió de los diarios «Paris-Soir» y «L’Intransigeant», los dos vespertinos franceses más vendidos de la época, que le enviaron a la Unión Soviética de Stalin o a la Guerra Civil española, en la que estuvo en dos ocasiones. La primera de ellas en Barcelona y el frente de Lérida al poco de estallar la contienda, en el verano de 1936, y la segunda en Madrid, donde, en abril de 1937, convivió con los milicianos en las trincheras de Carabanchel. De aquellas experiencias salieron unos reportajes que dan una visión única de la guerra, ya que se trata de una visión humanista y alejada de la cuestión ideológica, explica Montse Morata. «Como el resto de su escritura, nacen de sus propias experiencias, a partir de las que reflexiona sobre las motivaciones profundas del hombre. De ahí su vigencia». «Además -añade esta investigadora-, introduce la poesía en realidades tan áridas como la guerra y lo hizo con tal belleza que en una ocasión la curtida secretaria de “Paris-Soir” se echó a llorar al transcribir uno de sus textos».

Pero los reportajes sobre la Guerra Civil española a Saint-Exupéry no le salieron gratis, ya que después el régimen franquista le negó el visado para cruzar por España hacia Portugal, rumbo a su exilio en Nueva York durante la Segunda Guerra Mundial.

Además, nuestra guerra dejó una huella reconocible tanto en su obra como en su pensamiento, ya que vio en la contienda española un preludio del cataclismo mundial que se avecinaba, y en el que se dejó la vida participando.

Saint-Exupéry desapareció en la mañana del 31 de julio de 1944 durante un vuelo aliado de reconocimiento sobre Francia del que nunca regresó. «Se debe escribir, pero con el propio cuerpo», recuerda Montse Morata que decía un autor cuya escritura está trazada con su propia vida. Hasta sus últimas consecuencias.