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Antonio José Domínguez / Mundo Obrero

Dashiell Hammett, bien pronto inicia su desacuerdo con la injusticias sociales. Su experiencia como detective en la agencia Pikerton le facilita el conocimiento de la presencia de la corrupción en la sociedad americana, el crimen organizado.

Hacer daño a la gente inocente que conocí hace años para salvarme a mí misma es, en mi opinión, un acto inhumano, indecente.

Lillian Hellman, Fragmento de su declaración ante el Comité de Actividades Antiamericanas, 1952.

El BOE fulmina la justicia universal.
(De los periódicos)

A los pocos meses después de la muerte de Dashiell Hammett, Luis Cernuda rememoraba en un artículo no sólo su vida, sino que nos ofrecía también una valoración de su obra y se preguntaba si el autor de Cosecha roja tenía un valor pasajero o sería un escritor de los que sobreviven a su tiempo. Esta pregunta, entonces como ahora, era pertinente: Por ejemplo, Cosecha roja, su primera novela, como las siguientes, había llegado al gran público por su carácter popular y por los medios y forma de folletón en que se difundía, que no eran otros que revistas a las que incluso tenían fácil acceso hasta los emigrantes que leían sus entregas y relatos por su carácter en sí literario, pero también por ser, al mismo tiempo, un instrumento para aprender el idioma.

Portada-Interrogatorios1Los factores del éxito que tuvo en aquellos años no tuvo solo su razón de ser en su carácter popular, sino que su narrativa –existe un consenso general que D. Hammett fue el creador de la novela negra americana– traspasó estos límites hasta alcanzar el reconocimiento de escritores, como el autor de La realidad y el deseo, y otros contemporáneos allende del ámbito americano, como Andre Malraux y Andre Gide que, en su Journal, lo sitúa al mismo nivel que E. Hemingway y W. Faulkner. Este éxito inmediato superó las fronteras de su tiempo hasta llegar a nuestros días por cauces y causas diferentes. Si algunas de sus novelas se materializaron en celuloide en las décadas posteriores, en los años ochenta y noventa el interés se acrecienta hasta ser centro de atención de los directores, como por ejemplo, Wilm Wenders-Francis, Ford Coppola y de los hermanos Cohen: El guion de su película Muerte entre las flores es producto de novelas las Cosecha roja y La llave de cristal, pero con la reciente publicación de Interrogatorios en nuestro país como en otras lenguas, la vida de Dashiell Hammet confiere a su compromiso visualidad y ejemplaridad política, así como su obra literaria la categoría de clásico, pero con un marchamo de inconfundible modernidad.

Interrogatorios (Errata naturae editores, 2011) va precedido de un capítulo, a manera de prólogo sobre la trayectoria vital de Dashiell Hammet que facilita al lector un acercamiento con brevedad y como antesala del cuerpo central del libro. Nos estamos refiriendo a sus tres interrogatorios a los que fue sometido por su “supuesta” militancia comunista en aquellos años de la Guerra fría en los que en los Estados Unidos el comunismo era su principal enemigo y que, en los años cincuenta, se había generado un clima de persecución contra todos aquellos que habían participado en acciones reivindicativas, luchado por los derechos civiles eran sospechosos de estar o haber estado afiliados al partido comunista. En lo que respecta a la vida de Dashiell Hammett, bien pronto inicia su desacuerdo con la injusticias sociales. Su experiencia como detective en la agencia Pikerton le facilita el conocimiento de la presencia de la corrupción en la sociedad americana, el crimen organizado y, finalmente, descubrir que la misma agencia era un instrumento del poder con la función de disolver y reventar huelgas, situaciones que le conducen a dimitir. Durante esta etapa, el joven H. D. ha adquirido un bagaje para iniciar una carrera literaria entroncada en la llamada novela policiaca, pero con una voluntad de superación de estructuras, estilos y perspectivas. Hay un antes y un después en este género literario hasta el punto que a partir de entonces se le conoce con el nombre de novela negra.

Aquellos finales de los años veinte y años treinta, el clima y fervor político en contra de la crisis económica y sus consecuencias, el ascenso del fascismo y el nazismo y la Guerra Civil Española, moviliza a parte de la inteligencia americana. Dashiell Hammet no permaneció al margen. El inventario de sus acciones es muy largo. En 1937 financia el film The Spanish Earth realizado por el cineasta Joris Ivens y Ernest Hemingway y con la colaboración de su esposa Lillian Hellman que estuvo en los diversos frentes en los que fue rodada. Y preocupado por la decisión de Roosevelt, en nombre de los Amigos Americanos de la Democracia española, le solicitó que revocase el pacto de no-intervención y permitiera que aquellos que no aceptaban el fascismo y el nazismo tuviesen una oportunidad de luchar por sus vidas. Pero su compromiso se extiende también a otras actividades como apoyar el derecho de voto a los negros y minorías, su lucha en contra de los despidos de trabajadores por causas ideológicas, la ayuda a los refugiados políticos, la petición de libertad para Luis Carlos Prestes, dirigente comunista encarcelado en Brasil, y así una interminable lista de acciones reivindicativas.

E. Hoover, futuro director del FBI crea un fichero secreto en 1920 para inscribir a todos los sospechosos o simples militantes de izquierda, práctica que después de la Segunda Guerra mundial –la consulta del capítulo de su biografía escrita por A. Summers es fundamental para conocer este periodo- se convierte en lo que Howard Fast llamó “la histeria anticomunista americana”. Entonces se abría el camino a la caza de brujas cuyas primeras víctimas, los llamados “Los diez de Hollywood”, entre los que estaba Dalton Trumbo, que en 1971, en plena guerra del Vietnam y después de una larga cuarentena, estrena Johnny cogió su fusil, film laureado en Cannes. Pero esto es el principio de un camino sembrado de ruina de carreras, delaciones y sospechas, pero también de resistencias y que hoy, de otra manera, son traicionadas, en la visibilidad o invisibilidad, en los intrincados vericuetos del capitalismo. Y ahí está el autor de La llave de cristal roja -hablaremos de ella el mes próximo- que, después de escribir seis novelas, innumerable relatos y de haberse alistado en el ejército americano en la Segunda Guerra Mundial para luchar contra el nazismo, también formó parte de las listas negras y padeció tres interrogatorios ante “la justicia” americana.

En 1946 había sido elegido Presidente de los Derechos Civiles de New York, organismo que se había instituido para reunir fondos para pagar las fianzas de los militantes de izquierdas arrestados por razones políticas. Pero una vez que cuatro dirigentes fuesen inculpados por la Ley Smith y puestos en libertad bajo fianza en noviembre de 1949, se dieron a la fuga y no comparecieron ante el tribunal al que habían sido requeridos, Dashiell Hammett y otros cuatro congresistas fueron convocados como testigos por un tribunal de justicia el 9 de julio de 1951. En el transcurso del mismo, se negó a responder a aquellas preguntas que le podían incriminar valiéndose del derecho recogido en la Quinta Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos. Es condenado a permanecer bajo custodia del ministerio de Justicia a seis meses de prisión por desacato, y no al existir pruebas de los libros contables, registros y documentos relativos a las finanzas del Congreso por los Derechos Cívicos, de los que el propio tribunal traía a colación fragmentos para insidiosamente preguntarle sobre algunos aspectos de los mismos.

Este suceso alcanzó su culminación en otros dos interrogatorios. El primero se realizó el 24 de marzo de 1953 en sesión privada, ante una comisión compuesta por cuatro senadores de diversos estados y en la que se le inquiere que confiese su pertenencia al Partido Comunista sin aportar ningún testimonio que pudiera incriminarlo, afiliación que daban por verdad, y si algunos de sus relatos tenían un contenido social. Dashiell Hammet en esta ocasión contestó que su cuento Sombra en la noche –incluido en el volumen que comentamos- trata de las relaciones entre negros y blancos. Con un interrogatorio de argucias como en la anterior se produjo la siguiente sesión, ahora presidida por el senador McCarthy. Merece destacarse por su insania el momento en que le pregunta por la práctica comunista en Rusia en comparación con el gobierno de los Estados Unidos y la claridad dialéctica de la respuesta.

Después de finalizado este “juicio” donde la presencia del Estado no permitió la más mínima defensa, Dashiell Hammett se perdería en el silencio y en el abandono, o en los infiernos recuperados de su juventud. Murió en 1961 y fue enterrado en el Cementerio Nacional de Arlington con la resistencia de aquellos que le condenaron.

“Dashiell Hammett en Wall Street ” (Manuel Fernández-Cuesta)

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