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Manuel de la Fuente / ABC

El escritor abandona el humor y se une a la Resistencia en el Gueto de Varsovia

Ponérsete los pelos de punta es poco: se te atraganta el desayuno (o la cena, o la merienda), se te caen, aterrados, los palos del sombrajo, te cruje el estómago, y una gota fría de desaliento y desolación inunda tus ojos de lágrimas. Pongamos un ejemplo. No es que queramos, pero no queda otro remedio. La patrulla de las SS recorre un esquinazo del Gueto de Varsovia. Buscando presas. Buscando carnaza para que sigan echando chispas y centellas de odio los campos de extermino del Este. El Servicio de Orden Judío (traidores, mejor que ese eufemismo), les ayuda.

28diasDan con una madre y sus hijos, el padre ya fue deportado. La mujer tiene que elegir: su vida o la de sus niños. Llora, se rasga las vestiduras, se retuerce de dolor, pero no le sirve de nada. Al final, se decide y prefiere sacrificar a su prole: «Yo siempre puedo tener más hijos». Era el Gueto de Varsovia, 1943, cincuenta mil personas (de las cuatrocientas mil que lo habitaban años antes) ya han sido asesinadas, en Auschwitz, en Treblinka, en Buchenwald. Pero ha llegado la hora de la Resistencia.

Horror y sufrimiento

Si ustedes se ven capacitados para soportar historias como esta, pues adelante. Podrán llegar al final (cuatrocientas páginas de horror y sufrimiento, de ignominia y desesperación) de «28 días» (Seix Barral), nuevo libro del escritor alemán David Safier, que ha dejado atrás su estilo de siempre (el humor, que le ha convertido en uno de los novelistas más populares de Europa) en un cambio de registro tan espectacular como desgarrador. Pasen y escuchen. Safier recuerda cómo fue el origen de esta aterradora experiencia narrativa: «Hace veinte años que quería escribir este libro, aproximadamente desde 1993, cuando se cumplieron cinco décadas del levantamiento del Gueto de Varsovia. Me propusieron ofrecer un discurso sobre ello y, a partir de ahí, empecé a investigar. Hasta hoy».

El reto para el escritor alemán ha sido muy duro. Parte de su propia familia murió entre las chimeneas del campo de Buchenwald, pero al menos ha conseguido que las pesadillas sobre el Holocausto que le asaltaban casi a diario desde su infancia hayan desaparecido. Y ayer, durante la presentación del libro en el Instituto Goethe de Madrid, nos ofrecía el intríngulis de esta trágica historia del levantamiento de los judíos polacos durante veintiocho heroicos días: «Lo que más me ha fascinado siempre de aquellos hechos fue ver que en ellos se produjo tanto lo peor del ser humano como lo mejor. Cientos de personas dieron lo mejor de sí mismos, hasta la vida, para que otros se salvasen y, sin embargo, otros hicieron todo lo contrario: aprovecharon esa situación para salvarse a costa de otros, incluso sus padres o sus propios hijos».

También, Safier confiesa cuál era su preocupación principal al escribir aparte de ajustar cuentas con aquel espeluznante pasado: «La pregunta esencial de este libro es qué tipo de persona quieres ser».

En la novela, hay personajes inventados pero los hechos son reales, y Safier, que cree que no podría hacer una comedia sobre el Holocausto (como hizo Benigni en «La vida es bella»), tampoco duda en ajustarse los machos ante el presente. Que le da miedo. Como a todos: «Mucha gente en Alemania no quiere saber nada del Holocausto. Creo que el antisemitismo todavía está muy presente en Alemania, probablemente lo defienda un tercio de la población. En cierto modo, aquello se está repitiendo, aunque no sea de una forma sistemática, pero puede volver porque siempre hay gente dispuesta a utilizar la violencia para defender sus ideas. No creo que pase, pero hay que tener muchísimo cuidado, no hay que fiarse de nada ni de nadie, como se hizo entonces».

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