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Walden Bello / Revista Sin Permiso

En paralelo al acuerdo comercial que actualmente se discute con la Unión Europea (el TTIP), los EE.UU. están negociando un acuerdo similar con 11 países de Asía y el Pacífico: el Acuerdo TransPacífico (Trans-Pacific Partnership -TPP). Walden Bello, uno de los críticos más destacados de la globalización neoliberal y empresarial, identifica cuál es la estrategia global que sostiene los dos acuerdos. Lo entrevistó para la página Open Democracy el periodista y activista italiano Thomas Fazi. 

Thomas Fazi: Hoy, los ‘acuerdos de libre comercio’ bilaterales y regionales  – o mejor, los acuerdos megarregionales, como el TTIP y el TPP – han substituido de modo efectivo a las negociaciones en el seno de la OMC. ¿Hemos entrado en una nueva fase de globalización?  

Walden Bello: Sí. Creo que la fase triunfalista de la globalización, que tuvo su cénit en la década de los 90 y comenzó luego a decaer tras las movilizaciones de Seattle de 1999, está definitivamente acabada. Hoy nos encontramos en una situación en la que la globalización impulsada por las grandes empresas y el neoliberalismo ha conducido a una crisis de gran envergadura, y están a la defensiva. Podríamos decir que el concepto mismo de globalización impulsada por las grandes empresas está en crisis. Su credibilidad se ha visto gravemente dañada. Pero, por supuesto, existen todavía intereses muy fuertes – apoyados por las élites tecnocráticas y la mayor parte del mundo académico – que siguen promoviendo soluciones neoliberales, como el TTIP y el TPP.

¿En qué medida contribuyó el movimiento anti-globalización y anti-libre comercio de finales de los 90 y primeros 2000 a socavar el paradigma de globalización impulsada por las grandes empresas? Creo que el logro más importante del movimiento fue que supuso una auténtica sacudida para el triunfalismo y la credibilidad de todo el proyecto de una globalización impulsada por las grandes empresas. Seattle fue un acontecimiento verdaderamente histórico, en el que la acción de la gente en las calles reveló por fin que el rey estaba desnudo. Antes incluso de Seattle, estaba ya claro en muchísimas estadísticas que la globalización estaba llevando a una mayor pobreza y desigualdad y estaba creando toda clase de ineficiencias, pero en cierto modo esta verdad no lograba abrirse paso. A lo que asistimos fue no sólo el derrumbe de la OMC a escala ministerial sino al de todo el paradigma.  Creo que este fue un logro claro del movimiento antiglobalización: que realmente mostró que había un lado obscuro de la globalización, que estaba creando lo contrario de lo que prometía.

La erosión de la OMC ha sido fundamental, porque se suponía que sería instrumento primordial de la globalización. Estamos hablando del código legal comercial más ambicioso de la historia, y esta arquitectura está ahora en punto muerto.

Esta es la razón por la cual en años recientes han comenzado a retirarse a acuerdos de libre comercio (ALC) bilaterales y multilaterales. Pero los ALC – impulsados primordialmente por la UE, los EE.UU. y Japón – son considerados por estos países como arreglos propios de una segunda mejor opción, resultado del fracaso a la hora de alcanzar la suerte de consenso universal que habían tratado de hacer que funcionara en el seno de la OMC. Esto no significa subestimar la dañina repercusión de acuerdos como el  TTIP y el TPP. Pero creo que son también muy frágiles. No hay más que ver la creciente oposición de la sociedad civil al TTIP en Europa, o la resistencia de los intereses del agribusiness al TPP en una serie de países asiáticos.

¿Cuáles son las semejanzas entre el TTIP y el TPP? Los dos tratados son muy semejantes. En primer lugar, ambos se están negociando en secreto; tal como declaró el antiguo representante comercial norteamericano, Ron Kirk, si se negociaran abiertamente, no tendrían la más mínima oportunidad de que la gente diera su visto bueno. En segundo lugar, no tienen que ver tanto con el comercio, aunque hay aspectos comerciales en ellos (como mayores reducciones en aranceles); tienen que ver en realidad con la afirmación del control empresarial sobre cualquier aspecto de nuestras vidas, por medio de los derechos de propiedad intelectual y las disposiciones inversores-Estado (las infames ISDS), en las que básicamente los derechos soberanos de los estados se ven menoscabados gracias a la posibilidad de que los demanden judicialmente las grandes empresas.   En tercer lugar, ambos tienen un componente geopolítico: el TTIP es en realidad el brazo económico de la OTAN y tiene claramente como objetivo contener a Rusia; el TPP, por otro lado, es evidentemente un intento muy contundente de contener a China y de crear un bloque económico contrario en Asia.

Más en general, me parece que está muy claro que entre los objetivos de ambos proyectos está el surgimiento de los BRICS y los esfuerzos que se están llevando a cabo por crear un bloque económico alternativo al occidental. Por último, creo que tanto el TTIP como el TPP tienen un componente ideologico en sí, en la medida en que se afirman como representación de los ‘buenos’ valores occidentales – libre comercio, civilización, imperio de la Ley, etc. – por oposición a los valores ajenos del ‘otro’.

Esto también subraya la hipocresía del relato del ‘libre comercio’: en un marco coherente de libre comercio, estos acuerdos deberían extenderse también a países como Rusia y China. Pero está claro que no es el caso.

¿Sería correcto contemplar estos acuerdos – y especialmente el TPP – como formas de neocolonialismo o neoimperialismo, del mismo estilo de los acuerdos de libre comercio impuestos por las naciones hegemónicas a los países en desarrollo? Considerando que el aspecto geopolítico es tan destacado en ambos – en ambos casos no nos enfrentamos a ‘simples’ acuerdos comerciales sino a tratados en los que los aspectos políticos y de seguridad son al menos tan destacados como los aspectos económicos, podría decirse de hecho que hay un elemento de neoimperialismo en juego. Hay un claro esfuerzo por parte de las potencias hegemónicas (los EE.UU. y Europa), por medio de estos tratados, para fortalecer y ampliar su esfera de influencia y cortar de raíz la amenaza que suponen estas fuerzas que tienen potencial para desplazar el protagonismo de Occidente.

¿Está el TPP ligado a la expansión militar norteamericana en el Pacífico? Sí, totalmente. Del mismo modo que se puede considerar al TTIP como brazo económico de la OTAN, el TPP está indudablemente vinculado a la expansión militar norteamericana en el Pacífico y a toda la estrategia del ‘giro a Asia’, dirigida fundamentalmente a contener a China. En este sentido, estos acuerdos corren el riesgo de tener un grave efecto desestabilizador en términos geopolíticos.

¿Has mencionado la cuestión del secretismo, que es uno de los aspectos más controvertidos de las negociaciones del TTIP. Sabemos que en el caso de Europa a menudo ni siquiera los parlamentos son conscientes de lo que se discute, puesto que se negocia a escala de la Comisión. ¿Cómo se están desarrollando las negociaciones de Asia-Pacífico, donde los EE.UU. no disponen de una contraparte tan ‘privilegiada’? Lo que está sucediendo es que el acuerdo lo están discutiendo los más altos negociadores comerciales. Y a las grandes empresas se les otorga un acceso especial a los mismos, pero eso no se les concede a los ciudadanos en general y tampoco siquiera a los parlamentos nacionales. De modo que básicamente los grupos de grandes negocios son los únicos que tienen acceso. Esto es algo totalmente antidemocrático. Los parlamentos deberían disponer de este acceso. La verdad es que me desconcierta mucho por qué no se pone esto en tela de juicio, por qué los parlamentos no plantean un desafío más contundente a esta falta de transparencia o hacen uso de las diversas leyes de información de estos países.

Creo que parte del problema reside en que los parlamentos de la mayoría de los países que cubren estos acuerdos están dominados por partidos conservadores que son ideológicamente parciales respecto al neoliberalismo, están vinculados al capital empresarial y no valoran la transparencia. Lo mismo puede decirse, por supuesto, de Europa.

En años recientes una serie de países asiáticos europeos, – como los antiguos ‘tigres asiáticos’ – han reaccionado ante los desastrosos efectos de las ‘reformas estructurales’ impuestas por el FMI y el Banco Mundial persiguiendo medidas políticas más proteccionistas y haciendo ‘retroceder’ parcialmente el proceso de globalización. ¿Cómo está influyendo esto en las negociaciones sobre el TPP, que va en dirección contraria? La globalización siempre ha hecho hincapié con fuerza en la producción orientada a la exportación, pero la crisis y la depresión a largo plazo en los EE.UU. y Europa, que eran mercados centrales clave para las exportaciones asiáticas, ha obligado a muchos países asiáticos a volver a analizar los modelos de economía política que estaban siguiendo.

Creo que en muchos países se han dado cuenta de que tenían que volver a un crecimiento interno orientado hacia la demanda, y que lo que eso significa es, por supuesto, que, entre otras cosas, hay que prestarle verdadera atención al mercado interior y a una distribución más igualitaria de la renta.

Y eso ha significado utilizar cualquier pequeño espacio político restante para imponer restricciones al comercio, por medio de normativas sanitarias y de seguridad, así como a los flujos financieros, por medio de controles de capitales (que hasta el FMI ha reconocido que son eficaces para prevenir crisis desestabilizadoras). En este sentido, acuerdos como el TTIP y el TPP, que son un intento de detener este proceso de desglobalización, van contra la corriente de la historia. Lo mismo se puede decir de la estrategia neomercantilista dirigida por Alemania y perseguida por Europa.

Hablando de Europa, los movimientos sociales de finales de los años 90 y primeros años de la década de 2000 tuvieron éxito al congregar a cientos de miles de personas contra la globalización neoliberal. Hoy en día, esto parece una hazaña imposible, aunque el acuerdo que actualmente se negocia, el TTIP, atañe a los ciudadanos europeos y norteamericanos mucho más directamente que anteriores acuerdos de libre comercio. La dinámica de los movimientos está estrechamente ligada a la dinámica contradictoria de la crisis. Por ejemplo, deberíamos preguntarnos por qué, en medio de la crisis, tantos países europeos se han inclinado a la derecha.

Me parece que esto demuestra que la crisis trae consigo sus propias dimensiones, que a menudo le quitan energía a los movimientos políticos. Sin embargo, los devastadores efectos sociales de cuatro años de programas de austeridad en Europa están creando las condiciones para el resurgimiento de un sólido movimiento anti-neoliberal y contra las grandes empresas.

La cuestión es saber quién será capaz de aprovechar la ira popular, ¿la izquierda radical o la derecha populista? Lamentablemente, esta última parece estar ganando el pulso en este momento concreto. Creo de veras que la izquierda tiene que moverse con mucha rapidez.

Walden Bello representa a Akbayan (Partido de la Acción Ciudadana) en el Parlamento de Filipinas y es autor o coautor de 19 libros. Los últimos son Capitalism’s Last Stand? (London: Zed, 2013) y State of Fragmentation: the Philippines in Transition (Quezon City: Focus on the Global South and FES, 2014)

 

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

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