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Adolfo Gilly / Revista Sin Permiso

Querido hermano:

Mataron en Chiapas, en el territorio zapatista de La Realidad donde alguna vez estuviste, al maestro José Luis Solís López, base de apoyo zapatista. Lo mataron sin disputa ni motivo previos, alevosamente, así nomás por matar y hacer saber que, en esta guerra sucia de muertes, asesinatos, secuestros y desapariciones que vivimos en México, también van a matar allá en La Realidad, corazón del territorio autónomo zapatista.

jose_luis_solis_lopez-2(Foto: tercerainformación) El maestro José Luis Solís López tenía un seudónimo, un apodo, un nombre por el cual lo conocían: se llamaba Galeano. No sé, no he sabido por qué escogió ese nombre. Pienso, Eduardo, que fue por vos y en recuerdo de tu paso por Chiapas y tus escritos latinoamericanos.

En medio de esta guerra sucia que los dueños del dinero y del poder han desencadenado para doblegar al pueblo mexicano –guerra que a ellos mismos, aprendices de brujo, los rebasa y los arrastra– el asesinato de Galeano no puede ser presentado, como tantos otros, como obra de la “delincuencia organizada” (cuando en realidad el invisible Estado Mayor y beneficiario de esa delincuencia es el capital financiero).

Este asesinato ejemplar de un maestro indígena zapatista aparece como obra del poder político gobernante a través de alguna de sus múltiples agencias. Es una preparación más de las condiciones para entrar a saco y con la menor resistencia posible en las riquezas de la Selva Lacandona, en sus subsuelos y en las vidas de los pueblos indios que hace veinte años se sublevaron y mantienen sus autonomías y sus instituciones de gobierno propio.

Mucha gente, muchos movimientos, muchas voluntades en México y en el mundo han contribuido a defender y proteger a las comunidades zapatistas: vos sabés y conocés la historia, querido Eduardo. (Vengo de Guatemala en estos días, donde nos hablamos de “vos” como en Chiapas y en Montevideo). Te trascribo la última denuncia lanzada el 18 de mayo por el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas (el Frayba) desde la Plaza de la Resistencia en San Cristóbal de Las Casas. Te será útil por precisa, informativa y sin retórica:

“Este Centro de Derechos Humanos se suma a la expresión de indignación por la agresión armada en contra de las Bases de Apoyo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (BAEZLN) ocurrida el pasado 2 de mayo del 2014 en la comunidad de La Realidad, Municipio Autónomo Rebelde Zapatista de San Pedro Michoacán, Chiapas (municipio oficial de Las Margaritas), misma que fue perpetrada por integrantes de la Central Independiente de Obreros y Campesinos Histórica (CIOAC-H), Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y Partido Acción Nacional (PAN) y que tuvo como consecuencia el asesinato de José Luis Solís López, maestro de zona de La Escuelita “La libertad según las y los zapatistas”, así como daños a la escuela, clínica autónoma de la comunidad y veintiocho personas heridas.

“Desde el Frayba somos testigos de la agresión que representa un ataque directo al proyecto de vida que las y los zapatistas van construyendo en autonomía, a partir del ejercicio de su derecho a la libre determinación que como pueblos originarios tienen, basando su ejercicio en una práctica cotidiana desde su cultura y dignidad humana”.

Aquí, Eduardo, los dueños del poder han alimentado y desatado todos los rencores y los odios. Nos quieren poner a todos contra todos y a ellos por encima y allá lejos, ricos y protegidos. Pero nosotros sabemos que si mataron a José Luis Solís López en La Realidad; a la madre que buscaba a su hija desaparecida; al migrante que sólo quería llegar al norte en busca de trabajo; a la familia que se negó a pagar derecho de piso a la delincuencia (o a la autoridad detrás de ella); al niño que iba a la escuela y lo alcanzó una bala; al policía o al soldado que no quiso trabajar para el narco (o al que sí quiso pero escogió mal); a este y a la otra que nomás por la calle pasaban, es porque están sembrando el miedo, la parálisis, la desorganización del pueblo para tenerlo a su merced y entregar el petróleo, el subsuelo y el territorio entero a las finanzas extranjeras y nacionales y al poder militar que las respalda.

Querido Eduardo, desde los años 50 del otro siglo, desde el mítico semanario Marcha de don Carlos Quijano, venimos cruzando caminos y recuerdos. Ahora, hermano, vengo a saber que en este loco empeño del poder y del dinero mataron en La Realidad al maestro zapatista Galeano. ¿Será por vos, otra vez me digo, que llevaba ese nombre? ¿Tenía tus libros en su biblioteca de maestro?

Me acordé de César Vallejo y fui a buscar su “Pequeño responso a un héroe de la República”. Comienza así: “Un libro quedó al borde de su cintura muerta, / un libro retoñaba de su cadáver muerto. / Se llevaron al héroe, / y corpórea y aciaga entró su boca en nuestro aliento.”

El maestro que llevaba tu nombre, Eduardo, no era combatiente ni andaba armado: enseñaba, dialogaba, convencía con la palabra, tal vez llevaba al hombro tu último libro, Los hijos de los días, así como Juan Gelman llevaba al hombro la mañana.

Es la garantía, dura pero segura, de que con estos hijos de los días no podrán y, por duros que sean estos tiempos, ellos y los hijos de sus hijos prevalecerán y vivirán.

Adolfo Gilly es profesor emérito de la UNAM

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