Etiquetas

, , , , ,

Gema Delgado / Mundo Obrero / Entrevista

“Mi venganza es ver triunfantes los ideales por los que tantos hombres y mujeres en este país perdieron su libertad”

marcosana

Marcos Ana Foto: Pedro A. Martín

El último libro de Marcos Ana, “Vale la pena luchar” podría haberse llamado “Pasión por vivir”, que definiría perfectamente la actitud vital de este joven de 94 años que escribió, y practica, eso de que “el arte de vivir jóvenes es el arte de mantener jóvenes las ideas”. Después de pasar 23 años en prisión, y ser el preso político que pasó más años en las cárceles franquistas, no conoce lo que es el rencor ya que sabe bien que no sirve para nada. En cambio, se proclama hijo de la solidaridad, plenamente consciente de que a esa solidaridad le debe la libertad y la vida, y a multiplicar esa solidaridad internacional entregó y entrega su días. A la solidaridad y “a explicar la razón de nuestra lucha. Supe que tenía una labor que hacer al ser liberado: viajar con el mensaje de mis compañeros y llamar a las puertas del mundo, despertando a los que dormían ajenos a mí”. Esto lo hizo desde que salió de la cárcel de Burgos, en 1961.

Ha pasado más de medio siglo y hoy Marcos Ana vuelve a explicar las razones de la lucha, la de ahora –que viene a ser la misma- a la juventud, invitándoles a “hacer frente, juntos, a la explotación, a la injusticia y a aprender a ser fuertes y a permanecer unidos.” Les dice que los señores de la tierra, los de su época, son hoy los señores de la banca, y ambos juegan con lo que es de otros, y lo hacen, igual que entonces, con el mismo fin que es obtener riqueza a costa de los demás.

Fernando Macarro, a quien todo el mundo -hasta la familia- conoce como Marcos Ana, ya que fue el seudónimo con el que firmó su libro de poemas escritos en prisión, y que recoge el nombre de su padre y de su madre -pensó que así los llevaría siempre consigo-, es un indignado, que se rebela y organiza su indignación pasando a la acción. Si en 2007 escribió sus memoria en “Decidme cómo es un árbol”, hoy después de participar activamente en el 15-M, habla de hoy, de mañana y de la lucha y para ello se dirige, en una especie de charla reposada, a la juventud, de la que siempre se ha rodeado. “A la juventud en cuyos surcos hemos sembrado nuestra vida”, como dice este comunista poeta en la dedicatoria de este libro. Y les escribe de tú a tú Les cuenta que ya es hora de salir a la calle, de calentar las plazas y de pedir el respeto por “nuestros derechos, los tuyos, los del otro y los de todos aquellos que lucharon para conseguirlos…(…) hay una necesidad estratégica, y es hacer frente al sistema que nos oprime cada vez más”. En este “manual contra la injustica”, como se define en la contraportada, Marcos Ana explica a los jóvenes que su mensaje no está anticuado, ya que no es otro que el de la rebeldía frente al poder de los mercados, el de la libertad frente a los explotadores… y entonces les cuenta cómo fue la lucha que a su generación les tocó vivir…y morir. El enemigo siempre es el mismo, aunque hoy sea menos visible… En definitiva es la lucha de clases.

Mundo Obrero: Usted siempre ha tenido mucho contacto con la juventud, tanto por la gente que venía a verle como por la visita a colegios e institutos. Pero ¿por qué da el paso a escribir este libro, que no es sólo escucharles sino un alegato al despertar, reaccionar y actuar?
Marcos Ana:
El libro Vale la Pena Luchar está inspirado en que yo hablo con mucha gente que ha luchado y llega a un punto en el que se plantea por qué seguir luchando si sigue todo igual, si siguen mandando los mismos… Mucha gente piensa que no han cambiado muchas cosas…. Pero no es así, si no seguiríamos con el dogal en el cuello con el nombre de tu amo. Han cambiado mucho las cosas pero lo que ocurre es que los cambios van mucho más lentos de lo que quisiéramos. Uno quisiera que en el espacio de tu propia vida se produjeran grandes revoluciones y grandes cambios para tí y para tus hijos, pero la historia se toma más tiempo porque tiene que madurar, y la tenemos que madurar nosotros a base de nuestras ideas y nuestras luchas.

He hablado mucho con los jóvenes en los institutos y en las escuelas y ahora he tratado de hacer un libro sencillo dedicado a ellos. Yo tengo mucha relación con los jóvenes. Vienen a verme muchos nietos de fusilados para preguntarme si habían estado conmigo. Yo claro, no puedo haberles conocido a todos, pero he conocido a muchos y yo les explico cómo eran, les cuento cómo era nuestra vida en las cárceles, y cómo convertimos las prisiones en universidades, y que ellos se pueden sentir orgullos de la vida y de la muerte de sus abuelos.

Tengo un contacto muy estrecho con la juventud, también porque yo lo busco. Vivir con los demás y para los demás es la mejor manera de vivir para uno mismo. Y en relación con los demás, yo creo que si no somos capaces de comprender a la juventud no seremos capaces de comprender el futuro, porque ellos son el futuro. Y no siempre sabemos acercarnos a la juventud a escucharles. Vamos un poco como apóstoles pensando que a los jóvenes hay que educarles y enseñarles el camino. Yo creo que eso es una equivocación. Hay que escuchar a la juventud, saber lo que piensan y por lo que ellos luchan… y si hay que rectificar alguna cosa, ayudarles.

Yo todo lo hago pensando en la juventud porque el pasado es historia. Claro que hay que rendir homenaje a la historia de nuestra gente, pero hay que hablar del futuro y eso es hablar de la juventud.

Procuro que mis cosas sean sencillas, igual que mi vida. Yo no escribo para alcanzar los cielos de la literatura, ni mucho menos, sino para que la gente me conozca, me escuche, y ser útil en algo a través de las experiencias vividas.

M.O.: El libro Indignaos, de Stephen Hessel, haciendo un llamamiento a los jóvenes a emprender la acción no violenta para rebelarse contra los poderes del capitalismo, a una «insurrección pacífica» se convirtió hace tres años en el referente de los indignados del 15-M. ¿Cómo se explica que tuviera que ser la experiencia de un francés octogenario, un ex combatiente de la Resistencia, el que se convirtiera en referente de la lucha de la juventud española, como si en España no tuviéramos luchas ejemplares suficientes en la lucha por la libertad y la democracia durante los cuarenta años de represión franquista?
M.A.:
Porque las cosas en España han sido muy especiales. Por ejemplo, la Transición no fue lo que debió de ser. Tenía que haber estado llena de contenidos, pero fue una Transición sin fuerza. Se la llamó Transición de la dictadura a la democracia pero las cosas se quedaron igual, se quedaron los mismos policías que nos torturaron, por ejemplo, y las mismas estructuras de la justicia y del capital. Hoy en el mismo Tribunal Supremo está la presencia del viejo régimen. Es un búnker con unas ideas viejísimas. No ha habido un cambio real. La Transición no puso todo patas arriba, como ocurrió con la revolución de los Claveles en Portugal.

Y hasta el juez Garzón fue procesado por querer investigar los crímenes del franquismo. Esto demuestra que nuestra democracia es todavía endeble, inmadura. El capitalismo, que no tiene más ley que la del máximo beneficio, conserva un gran poder.

Lo que hace falta es que entre todos contribuyamos a crear una especie de exigencia popular y ciudadana para que las cosas cambien. La transición no nos sirvió para nada y lo importante es seguir luchando. Nuestro reino es la calle, es donde hay que estar. Y ahora, en estos momentos hay que calentar las calles y las plazas para tener una política de insurgencia pacífica y de resistencia frente a la situación en que vivimos, los recortes sociales y la cantidad de cosas que nos impone este gobierno.

M.O.: ¿Podría compararnos la situación que usted vivió y por la que luchó, con la situación que vive hoy la juventud?
M.A.:
Yo empiezo a militar políticamente y a luchar en el año 36. La guerra nos concienció a todos de que los dos campos que hay siempre en lucha que son el capital y los trabajadores que son quienes crean la riqueza. Y el poder del capital es muy grande, con ese culto al individuo, que pretende ensalzar al individuo cuando lo que está detrás es ensalzar la individualización e impedir lo colectivo, que el ser humano se considere un rey y olvide que su fuerza está en la unidad con los demás, porque sólo a través de esa unidad podemos cambiar la situación y el mundo. Además, el capitalismo siempre tiene entreabierta la puerta del fascismo, como ha pasado en muchos sitios, en España también. Mientras pueda manejarse en el mundo liberal de la democracia y dominar a través de sus instrumentos, pues bien, pero cuando lo va perdiendo porque hay una voluntad de las masas, de la ciudadanía más progresista, recurren a los fascismos, como han hecho hasta ahora.

M.O.: El tema es que hasta ahora no les ha hecho falta recurrir a la fuerza. El enemigo hoy está más diluido no está tan claro y la amenaza es menos evidente, aunque las consecuencias sigan siendo las mismas. ¿Qué ha pasado para que hoy el enemigo no se visibilice como enemigo?
M.A.:
Es que el capitalismo también aprende y llegó un momento en el que se dio cuenta que con el auge de las masas y la lucha de la ciudadanía, en que tenían que mostrar otra cara más demagógica. Por eso es importante que aunque nosotros planteamos la luchas de una forma inmediata, detrás de todo está el capitalismo y nuestra lucha principal, la estratégica, es contra el capitalismo no contra un sistema que nos oprime. Y hay que hacer las cosas que diariamente interesa, luchar por lo cotidiano, pero no hay que olvidar que en el fondo está la lucha de clases, están los oprimidos, los que crean la riqueza a fin de cuentas.

Cuando voy a los colegios, sobre todo a los de chicos mayores, les explico muchas cosas de estas. Y cuando voy a colegios con niños de 10 a 12 años, no les puedo hablar de marxismo, pero se lo comparo con el cuento de Caperucita Roja y les cuento que esa chica tan guapa, tan simpática y alegre que va cogiendo flores por el campo es la libertad, la república. Y de repente apareció un lobo tremendo que fue el franquismo.
Hablar con la juventud y tenerla en cuenta es fundamental para nosotros, no sólo por el ejemplo que nos dieron en el 15-M, sino porque son el futuro. Si no somos capaces de conocer a la juventud y saber cómo es, pues difícilmente sabremos avizorar el futuro.

M.O.: ¿Qué les cuenta a los jóvenes?
M.A.:
Les cuento lo que ha sido la España de ayer y lo que es la España de hoy, cómo defendimos la República en el 36, les hablo de mis experiencias, de cómo comenzó la guerra, y de que la perdimos no porque los golpistas fueran más fuertes en la correlación de fuerzas. Nosotros hubiéramos ganado esa guerra si sólo hubiéramos tenido en cuenta la correlación nacional de fuerzas, pero claro, la participación del nazismo y la actitud de la socialdemocracia europea nos condenó. Fue una guerra en la que derrochamos mucho heroísmo y que no la hubiéramos perdido nunca. Pero fuimos acogotados por la no intervención. Mientras que los que venían a apoyarnos a nosotros venían con las manos en los bolsillos, con un corazón muy grande a luchar y a morir con nosotros aquí, en el lado franquista había divisiones enteras organizadas, militares, la división Littorio, italiana. Fue muy desigual. Pero si hubiéramos contado sólo con la correlación de fuerzas nacional hubiéramos ganado. Como ahora, si todos los oprimidos nos pusiéramos de acuerdo, pues ganaríamos, lo que pasa es que claro, hay estructuras que lo impiden, y el poder del capitalismo que es muy fuerte se instala no sólo en la sociedad sino también,muchas veces, en las conciencias

M.O.: Además del capitalismo hay otro elemento a tener en cuenta. Si cuando el PSOE estuvo en el gobierno hubiera cambiado la ley d´Hont por una más representativa, como propuso el Consejo General del Estado, hoy no estaría gobernando la derecha. ¿Por qué la socialdemocracia siempre ha tenido miedo a la izquierda? ¿Cuál es el papel de la socialdemocracia?
M.A.:
La socialdemocracia, siempre a través de la historia ha jugado un papel de sostener al capitalismo. Ya lo decía, creo que Dolores Ibárruri, que la socialdemocracia era el cáncer que nos corroía, y que había que ganar primero la salud de la sociedad y luego dar las batallas más decisivas. Siempre tropezamos con eso y ahora lo mismo: el PSOE tiene su política y sus intereses, a veces electorales, y no piensa en la calle, en la gente… No elabora su política de acuerdo a los intereses de los ciudadanos. No se escucha a la gente, no se escucha a la juventud. Es un mal tremendo. Luego ponen en marcha las ideas de laboratorio.

M.O.: El PSOE dio la espalda a los republicanos que defendieron sus siglas y les quitaron la vida en las cunetas de este país
M.A.:
Sí claro. Y parte del final de la guerra fue por un pacto de capitulación encabezado por el coronel Casado apoyado por la indiferencia de la socialdemocracia y del Partido Socialista. Pero, en fin, ahora el problema no es hablar de esas cosas que pueden ayudar a mantener vivas las discrepancias. Al contrario, hay que ser tolerantes y tratar de establecer espacios comunes, y zonas de diálogo, ser positivo, tolerante y mirar hacia adelante.

M.O.: Usted habla de que este país tiene unas historias personales y una historia oficial, y que la defensa de esa historia oficial tiene que ser a través de una ley justa. ¿Qué opina de la Ley de la Memoria que aprobó el PSOE?
M.A.:
La memoria oficial sigue siendo la de los vencedores, no de los vencidos. La Ley de la Memoria fue muy endeble y luego ni se practicó. Zapatero hizo una cosa para la galería, pero no estaba acompañada de la estructuras ni de la ofensiva necesaria para que eso moviera a la gente.

M.O.: De hecho se han hecho homenajes a Miguel Hernández y a Julián Grimau, pero no se les ha rehabilitado ni anulado sus juicios.
M.A.:
Yo estuve en Orihuela hace unos años, con la vicepresidenta Fernández de la Vega, que me llamó, y el ministro de Justicia, que me invitaron a visitar con ellos a la familia de Miguel Hernández. Fue una visita de compensación, y yo les dije que lo que tenían que hacer era comenzar por anular esas condenas como condenas ilícitas, tanto la de Miguel Hernández como las que sufrió el resto de la gente. Pero era difícil porque los compromisos tácitos que tiene la socialdemocracia impiden que tengamos una posición más radical.

También hay que tener en cuenta que la historia necesita madurar. Nosotros a veces queremos que las medidas humanas sean las medidas de la historia. Y eso no es así. Una cosa son las medidas humanas, que nos gustaría que en nuestro espacio vital se produjeran muchas cosas, y otra la memoria histórica que necesita su tiempo, su maduración y sus luchas. Ahora estamos en ese periodo de maduración de situaciones para poder llegar a un cambio real de la sociedad.

M.O.: La solidaridad internacional fue la que le sacó de la cárcel, ¿qué significa para usted la solidaridad?
M.A.:
He viajado por todo el mundo. Cuando salí en libertad, era un nombre conocido tras las campañas en las que intervino Picasso y tanta gente, así que aproveché esa popularidad para recorrer el mundo para explicar la situación de España y lo que pasaba aquí. En el año 62 recorrí toda Europa y en el 63 casi toda América Latina. Y sigo haciendo todo lo que puedo en este sentido porque yo me considero un hijo de la solidaridad y sin la solidaridad seguramente me hubiera pudrido en la cárcel porque estaba condenado a 60 años de prisión. Así que yo siempre estoy en todas las causas que puedo. Hace poco estuve en el Sahara y procuro ayudar a la gente que lo necesita y los pueblos que tienen problemas.

Yo he tenido la suerte de que aunque he pasado 23 años de cárcel, o quizá por ello, y con lo que ha sido mi vida, he tenido contacto con la gente más importante de nuestro tiempo, con el poeta Louis Aragón, con Paul Sartre, Picasso, Allende… Y he aprendido mucho de los demás. Mi consigna es aprender, aunque tengas 94 años.

M.O.: Una cosa admirable es cómo después de todas las atrocidades que han sufrido en forma de torturas, físicas y psíquicas, malos tratos, vejaciones, víctimas de rencorosos armados y desalmados, en lugar del rencor difundieron la generosidad y la solidaridad. ¿Cómo lo han conseguido?
M.A.:
El rencor no sirve para nada más que para pudrirte por dentro. Cuando a mí me preguntan si no tengo derecho de vengarme, les digo que sí pero no una venganza a pie de tierra, yo no pienso en romper la cabeza a nadie, ni al policía que nos torturó. Para mí mi venganza es ver triunfantes los ideales por los que tantos hombres y mujeres en este país perdieron su libertad y su vida. Esa es la venganza que me interesa a mí y por la que lucho. Cuando la gente se queja de que ellos sí que tienen rencor, yo les recuerdo que nosotros somos diferentes, somos gente de ideas que luchamos por cosas muy claras.

Hay también una mística revolucionaria, de las ideas, que te permite seguir adelante en situaciones difíciles. Recuerdo una vez en que estaba en la Dirección General de Seguridad. Me habían sacado de la cárcel porque habían encontrado un periódico. Empezaron a sacar a gente a ver quién lo había hecho, y para parar la cadena yo me declaré voluntario, aunque ahí habíamos participado muchos. Allí sufrí mucha tortura porque para ellos les parecía una chulería que yo me declarara responsable cuando en ese periódico había muchos tipos de letras, y también dibujos, cuando yo no sabía dibujar. Era evidente que habían participado muchas manos y ellos querían saber a qué cabezas correspondían todas aquellas manos. Recuerdo que cuando estaba en los calabozos de la DGS, yo estaba ensangrentado, como te dejaba esa gente después de interrogarte y me echaron por la ventana de mi celda un papelito. Cuando lo abrí era una foto de Lenin arrancada de un libro. Aunque yo me sentía fuerte, aquel papel fue definitivo para mí porque era como si te estuviera acompañando alguien que estuviera presenciando tu resistencia sin delatar a nadie. Y esa mística me ha acompañado en muchos momentos.

M.O.: ¿Siente que ha dejado de lado su creación literaria por dedicarse a contar por todo el mundo lo que estaba pasando en las cárceles y las comisarías de esta España gris de la dictadura?
M.A.:
Yo no me he considerado nunca un escritor. Siempre he sido un juglar que iba hablando por los países. Una de esas largas noches, con Neruda, me decía que tenía que escribir todo lo que había estado contándole porque temía que hasta las cosas más hermosas se mecanizan y que no fuera capaz de mantener el temblor que aquella noche habían tenido mis palabras, y fue él quien me influye para que empezara a escribir mis memorias. Y es verdad, que todo lo que cuentas al final se lo lleva el viento. Pero sin embargo no pasa eso con la poesía que no sólo es sonido, la música… sino la permanencia, porque el ritmo ayuda a la permanencia. Cuando yo visitaba América Latina había gente que no se acordaban de mis discursos ni de los textos que sacaba de la cárcel, pero sí conocían mi poesía, porque la poesía se aprende y se transmite más fácilmente.

M.O.: Ahora tenemos las posibilidades que nos brinda la tecnología con internet, las redes sociales, cientos de canales de televisión, etc. Con todos estos medios ¿estamos mejor o peor situados en la batalla por la hegemonía de las ideas?
M.A.:
La hegemonía hay que mantenerla siempre, independientemente del proceso histórico y de los cambios que pueda haber en la sociedad. Antes, con los procedimientos rudimentarios que había y ahora en medio de esta técnica capitalista que nos llega hasta la sangre. Mantener la hegemonía es blindarnos en lo que nos interesa y hacer crecer nuestras ideas. El otro día en un acto, hablando de los comunistas, les decía que hay que ser visibles. Los comunistas tenemos que ser visibles. No somos una catacumba ni una secta que hablamos en las reuniones y en el Partido, tenemos que ser visibles, somos sobre todo hombres de la calle, transmisores de la calle. Por lo tanto hay que ser visibles para la sociedad. En este barrio me conoce todo el mundo, y los que no son comunistas e incluso nos ven con reparo, me dicen, “¡ay, es que si todos fueran como usted!”, y les respondo “pues son como yo o mejores, lo que pasa es que no les conocéis”. Quiero decir que hay gente a la que le causa cierto repelús hablar del comunismo porque no nos conocen, porque nosotros mismos no nos hacemos visibles. El comunismo no es sólo un patrimonio de nuestras reuniones y del interior de nuestras organizaciones. Tenemos que vivirlo en la calle.

M.O.: ¿Cómo vivió el 15-M cuándo surgió y cuál fue su participación?
M.A.:
Yo estaba con ellos y me quedaba hasta las 4 de la mañana, muchas veces sin decir que estaba, porque una de las cosas con las que había que tener cuidado en el 15-M era que no se sintieran ellos manipulados por nadie, ni por partidos ni por personas conocidas. Aquello fue maravilloso. Me acuerdo cuando se abandonó la Puerta del Sol, la consigna que se puso fue “No nos vamos, nos trasladamos a tu conciencia”. Demuestra que tenemos una generación muy comprometida. Hay gente que dice que la juventud tiene la cabeza llena de pajaritos y no es verdad. Lo que hace falta es que seamos capaces de recoger esas ansias de libertad y de rebeldía que tiene la juventud y que a lo mejor podemos ayudar a canalizar

M.O.: Dice que escucha mucho a los jóvenes, ¿qué es lo que más le atrae de sus inquietudes y sus pensamientos?
M.A.:
Que hay un fondo de rebeldía aunque muchos no lo tengan materializado de una manera política. Hay muchas inquietudes y un espíritu insurgente en la juventud. Te das cuentas que tienen una inconformidad con la situación que muchas veces no canalizamos bien. Hay una organización que se llama Memoria y Libertad, que es una asociación de nietos de fusilados. Son chicos que me cuentan muchas cosas y te das cuentas de que todavía hay miedo en las familia y que te piden que nos les envíes cosas a cierta dirección para que no lo vean en su casa o que no lo sepa la abuela. Eva, que es una colaboradora, me cuenta que su madre le dice que tenga cuidado y que no se meta en política que ya ve lo que le pasó a su abuelo… Parece mentira que después de tantos años de democracia siga habiendo este miedo, pero es porque 40 años de franquismo han pesado mucho. Tenemos una democracia inmadura y no hemos sabido aprovechar todo lo que se ha decretado. Por ejemplo, se decretó que había que acabar con la simbología franquista, pero ahí sigue. Hay muchos alcaldes que no se comprometen con la nueva situación. Hay todavía muchos municipios y muchos alcaldes que no son demócratas.

M.O.: Nos puede dejar un recuerdo para Mundo Obrero ¿Que significaba Mundo Obrero en la cárcel de Burgos?
M.A.:
Mundo Obrero llegaba a la cárcel clandestinamente en una edición especial que se hacía en papel celofán. Muchas veces no llegaba más que un ejemplar. En la cárcel había varias galerías. Nosotros verbalmente leíamos los artículos y los editoriales. Había un compañero que se podía aprender de memoria todo. Y cuando había una situación tensa quemábamos el periódico y reteníamos las ideas, pero casi siempre teníamos la posibilidad de leerlo. También teníamos muchos libros clandestinos. Cuando pedíamos libros a la familia, que ellos tenían que encargar a lo mejor a París, les pedíamos que no viniera el título impreso en cada página. Luego nosotros buscábamos en la biblioteca de la cárcel el libro más parecido, y un camarada que era un manitas iba haciendo una especie sandwich. Así es como teníamos el Canto General de Pablo Neruda con la cubierta de Genoveva de Brabante. Las cien primeras páginas eran de Genoveva de Brabante y las cien siguientes de Neruda. Por fuera era la historia de Genoveva y por dentro Canto General. Este libro lo saqué y se lo dí a Pablo para que tuviera un recuerdo de cómo estaba presente en las cárceles franquistas.

M.O.: Cuando uno lee y escucha la estructura y organización que crearon dentro de aquellas terribles cárceles franquistas, parece casi imposible. ¿Cómo lo hacían?
M.A.:
La palabra imposible no existe. La borraron los bolcheviques en 1917. En la cárcel poníamos pasión en todo lo que hacíamos. Mientas que los guardianes practicaban la filosofía de los haraganes que no se preocupaban de nada más que de darte una patada si podían, nosotros trabajábamos. La prueba es que las cárceles eran universidades. En las cárceles no sólo había clases de inglés, sino también había clases de marxismo,y hasta clases de libertos. Las de libertos era para los compañeros a los que les quedaban dos o tres meses para salir, y donde profesores que habían combatido en la clandestinidad y tenían mucha experiencia les daban clases para que supieran cómo trabajar en la clandestinidad, cómo comportarse si les detenían, cómo actuar con la policía y cómo ser más inteligentes que ellos, las medidas de seguridad que hay que tomar en la lucha. Y así salían ya preparados para incorporarse a la lucha y armados con la experiencia de los demás. Era un engranaje muy complicado.

M.O.: ¿Cuáles son las principales inquietudes y preocupaciones de Marcos Ana?
M.A.:
Pues las de siempre, que nuestra lucha vaya ganando más posiciones, ganar cada día conciencias nuevas para incorporarse a la lucha, sobre todo teniendo un acercamiento continuo a la juventud. Sigo estando en activo en la medida en que puedo. No pienso en mí. Mi lema es que vivir para los demás es la mejor manera de vivir para uno mismo. Y eso lo siento de verdad, ser feliz en la felicidad de los otros, porque si no te quedas sólo con tus desdichas, con tus penas y con tus alegrías, pero sólo. Hay que compartir. La fuerza de los demás es enorme. Hay que trabajar y hay que luchar. La lucha continúa.

Anuncios