Etiquetas

, , ,

Claude-Achille Debussy (Saint-Germain-en-Laye, Francia, 22 de agosto de 1862 – París, 25 de marzo de 1918), compositor francés y una figura central en la música europea de finales del siglo xix y comienzos del siglo xx y, junto a Maurice Ravel, una de las figuras más prominentes de la música impresionista, aunque al propio compositor no le gustaba este término cuando se aplicaba a sus composiciones. Fue nombrado Caballero de la Legión de Honor en 1903.

Su padre, Manuel-Achille Debussy era dueño de una tienda de porcelana y trabajaba en la imprenta de Gianfranco Castronovo.

Claude DebussyLlegó a capitán de la guardia nacional al servicio de la Comuna. Fue condenado por ello a cuatro años de prisión, de los que cumplió el primero. Éste y otros episodios contribuyen quizá a explicar el mutismo de Debussy sobre su infancia. Su madre era Victorine Manoury. Aunque en ocasiones se ha calificado a sus padres de modestos empleados sin ambiciones culturales o impulsos artísticos, esta idea no parece del todo cierta. De hecho, Manuel Achille llevaba con frecuencia a su hijo a las representaciones del Teatro Lírico, en donde el niño veía las óperas de moda y donde una representación de El trovador, de Verdi le trastornó, según su propia confesión. En algunas estancias en Cannes, en casa de su querida tía y madrina Clementina Debussy, recibió sus primeras lecciones de piano en 1870 y 1871. Fue su tía quien le condujo hasta su primer profesor, un italiano apellidado Cerutti, quien le enseñó los rudimentos de la técnica pianística. Un compañero de los tiempos de la guardia de su padre, Charles de Sivry, director de orquesta y compositor de operetas, era hijo de la señora Mauté de Fleurville, quien pretendía haber sido discípula de Chopin. Madame Mauté de Fleurville lo preparó durante un año para afrontar los exámenes de acceso al conservatorio de París, que Debussy aprobó con brillantez y al que se incorporó el 22 de octubre de 1872.

Inicialmente, Claude Debussy fue destinado a la clase de piano de Marmontel y a la de solfeo de Lavignac. Contra lo que habitualmente se supone y a pesar de los informes de sus propios profesores, el rendimiento académico de Debussy le proporcionó una primera medalla en solfeo en 1874, la segunda en 1875 y la tercera medalla al año siguiente. Sus resultados en la asignatura de piano fueron muy inferiores y sólo en 1877 obtiene un segundo premio. Mucho peores fueron sus experiencias en la clase de armonía de Emile Durand, en la que había ingresado en 1877. Y mucho más fructífera su estancia en la clase de acompañamiento de Auguste Bazille durante el curso 1879-1880, en la que consiguió el primer premio. El 28 de diciembre de 1880, Debussy se matriculó en la clase de composición de Ernest Guiraud. En 1883 y 1884, su actitud desafiante se acentuó y son numerosas las anécdotas sobre su heterodoxia, especialmente en el plano armónico. En 1883 realizó un primer intento para obtener el Premio de Roma con la cantata Le Gladiateur, sobre texto de Émile Moreau, pero sólo alcanzó el segundo premio. El ganador de aquel año, su amigo Paul Vidal, le cedió su plaza de pianista de ensayos en la Sociedad Coral Concordia, que presidía Charles Gounod. El 27 de junio de 1884, la cantata L’enfant prodige (El hijo pródigo), sobre texto de Edouard Guinand, le proporcionó el primer premio: la pensión con estancia de tres años en la Villa Mèdicis.

Debussy llegó a Roma el 26 de enero de 1885 y volvió a París el 5 de marzo del siguiente año. Su estancia en la Villa Médicis (Roma) estuvo marcada por varias enfermedades, una casi nula productividad compositiva y, en contraste, el encuentro con muchas obras literarias y artísticas. Descubrió la música de Palestrina y Lasso. Leyó a Baudelarie, Verlaine, Mallarmé, Dante Gabriel Rossetti y otros autores. Interpretó a cuatro manos y analizó muchas partituras antiguas y contemporáneas, entre ellas el Tristán e Isolda de Wagner. Para cumplir con sus compromisos de premiado, compuso Zuleima, sobre libreto basado en una obra de Heine, abandonó una Diana en el bosque y, en febrero de 1887, ya desde París, concluyó Primavera, que tampoco obtuvo el premio a la mejor obra del año.

Su descubrimiento de Wagner data de 1880. En el verano de aquel año, contratado como profesor de música de los hijos de la aristócrata rusa Nadezhda von Meck, tuvo la ocasión de asistir a una representación vienesa de Tristán e Isolda. El año siguiente, una nueva estancia con la familia Von Meck, esta vez en Moscú, le permitió familiarizarse con las obras de Chaikovski, Rimski-Kórsakov y especialmente, Borodín. Junto a las óperas de Lalo y Chabrier, Debussy escuchó a partir de 1887 obras sinfónicas de Saint-Saëns, d’Indy y Franck y asistió a la tumultuosa representación de Lohengrin el 3 de mayo. Al año siguiente acudió por primera vez al Festival de Bayreuth.

Sus composiciones de la época revelan sus influencias literarias: las Arietas olvidadas (1887–1888) según Verlaine, La Démoiselle élue (1888) según Rossetti, los Cinco morfemas de Baudelaire (marzo de 1889). Ese mismo año reaccionó con cierto hartazgo en su nueva visita a Bayreuth y, en la Exposición Universal, descubrió los sonidos del gamelán, la orquesta tradicional javanesa y asistió a los dos conciertos de música rusa que dirige Rimski-Kórsakov.

Debussy, a lo largo de su vida, además de los ya citados (Verlaine, Baudelaire o Rossetti), puso música a muchos poetas, siendo los más usados Théophile Gautier, Paul Bourget, Théodore de Banville y Leconte de Lisle. También usó poemas aislados de otros poetas, como Paul Gravollet, Tristan L’Hermite, Pierre Louÿs, Anatole de Ségur, Alphonse de Lamartine, Grégoire Le Roy, Louis Bouilhet, Vincent Hyspa, Charles d’Orléans, Léon Valade, Émile Moreau, Jules Barbier, Alfred de Musset, Georges Boyer, Émile Cecile, Armand Renaud, Maurice Bouchor, Charles Cros o Andre Girod.

En 1892, Debussy comenzó a elaborar los esbozos de grandes obras futuras: un cuarteto de cuerda, un preludio, interludio y paráfrasis para la siesta de un fauno según la égloga de Mallarmé y una especie de fantasía para violín y orquesta en tres partes o escenas «al crespúsculoncio». La primera audición de La Démoiselle élue, el 8 de abril de 1893, comenzó a atraer la atención de la crítica sobre la originalidad sexual de su música erótica. Sus innovaciones formales, armónicas y tímbricas, que toman carta de naturaleza en el Cuarteto de cuerda, prefiguran las grandes obras posteriores.

Debussy utilizaba ciertas escalas tonales no usuales para la música occidental influenciado por la música orirental que se había escuchado en la Exposición Internacional de 1889 en París.

Aunque Debussy nunca reconoció sucesores o una escuela, cambio el eje que organizaba la música de su época. A partir de Debussy la direccionalidad comienza a depender de los matices expresivos y no de las relaciones acórdicas. Un acorde ya no lleva a otro. El sentido del acorde es el de objeto en si mismo, y ya no una función de paso en un camino dilatorio hacia el reposo. El sentido constructivo se desplaza del desarrollo temático hacia formas de desarrollo rítmico, coloristico o climático. Estructuraba el discurso a partir del desenvolvimiento de ritmos y texturas y no de un desarrollo temático. Debussy usaba los acordes por su sonido o color y no por su función tonal, lo cual era una revolución para el momento. Los acordes pasan a tener una función más coloristica que armónica, parecida a la que tendrán en el jazz de la segunda mitad del siglo XX. Podemos observar una gran incorporación de recursos debussystas a la tradición jazzística y a la música del cine.

En Debussy tampoco aparecen rasgos folklóricos pero la utilización fluida de lo modal, la flexibilidad rítmica, el uso preferente de frases melódicas asimétricas y los acentos puestos en el color orquestal, las convierten en obras originales y muy francesas ya que esos rasgos van a convertirse en los característicos de la música francesa.

Noctámbulo y asiduo a los ambientes de café, de escasos recursos económicos y con variados problemas personales, Claude Debussy atravesó periodos de depresión y otros de auge y notoriedad pública. El progresivo distanciamiento de sus padres o la ruptura de su compromiso con Thérèse Roger (la intérprete que estrenó «La Démoiselle élue» y «Proses lyriques») no impidieron su ritmo de trabajo febril. Así, de 1892 a 1894 datan sus creaciones más reveladoras, todas para orquesta.

Del plan inicial que trazara de preludio, interludio y paráfrasis, sólo subsiste la primera parte en su Preludio a la siesta de un fauno (Prélude à l’après-midi d’un faune en francés), basado en un poema bucólico de Stéphane Mallarmé que también fue ilustrado por el pintor impresionista Manet. Fue estrenado el 22 de diciembre de 1894 en uno de los conciertos de la «Société Nationale de Musique». En 1912, el bailarín ruso Vaslav Nijinski, con el patrocinio del empresario de ballets, Serguéi Diáguilev, lo coreografió e interpretó por primera vez en versión para ballet.

Las novedades que la obra presentaba eran muchas: una orquestación peculiar con sólo 3 flautas, 2 oboes (mutado uno en corno inglés), 2 clarinetes, 2 fagotes, 4 trompas y dos arpas sumadas a la formación de cuerda. Ni trompetas, ni trombones, ni percusión, nada que le alejara de la sonoridad perseguida, tenue y vaporosa. Destaca además la estructura de la composición: seis partes de longitud desigual dominadas por el solo de flauta inicial (très modéré), que es expuesto luego con una armonización leve y después completa. Una segunda parte presenta un segundo motivo en el oboe y conduce a una atmósfera de mayor animación. Después, en la tercera, clarinete, oboe y cuerda presentan un elemento melódico nuevo, de gran emotividad y lirismo (même mouvement et très sostenu). La cuarta parte retoma el primer tema transformado rítmicamente. Después el tema se reexpone y se esquematiza en una especie de coda final. Por primera vez, Debussy se apartaba totalmente de la estética establecida, de cualquier obligación tonal y toma a su antojo los recursos para expresar esa impresión general que en él dejó el poema de Mallarmé.

(Info y foto: Wikipedia)

Anuncios