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(Publicado en el Nº 1 del fanzine “Te echo de menos” de 1981)

Las balas con raza no matan

balaLevantarse lentamente del rincón mortecino del sempiterno bar, salir a la oscuridad festejada de farolas y desandar el camino hacia CASA. Accionar el interruptor de la radio mientras se calienta el aceite de la sartén… “…realmente el equipo tiene mucha juventud, pero creo que podremos suplirla porque los chicos tienen raza. RAZA. (Declaración de Clemente, señor entrenador del Atle, perdón, Athletic Club de Bilbao, en una emisora cualquiera de un día idem.)
Y pensar que quizás, el aceite de la sartén no es para freír un huevo, sino mas bien para dejar tostadita a una partida de judíos recién llegados de Mathausen. O bien que hemos volado en el tiempo y nos encontramos en el Berlín de principios de los 30, escuchando una proclama sobre la raza del equipo olímpico alemán. O en verdad es Madre 1981. Error. Y yo sin la denominación de origen en el carné de racimad.
Patria, Raza, NACI-ón: siempre los mismos términos en distintas bocas. Policía con gente de la casa (como los puestos de trabajo, como las cárceles, como los manicomios…). La bomba de neutrones con neutrones de raza, dejan intacto a todos lo que presenten su carné de racimad; las balas de goma y los botes de humo que sean de cosechas de la terruña, porque ya se sabe que los made in japan pueden estar contaminados.
Y la española (o la vasca, o la catalana, o la toledana, o la aria,…) cuando besa es que besa de verdad. Y España es una unidad de razas con destino en la NAZI-onalidad. Y, y, y,… Claro que los locos, depravados, chorizos, vagos y maleantes, maricones, putas, drogadictos y demás gente de mal vivir no podrán nunca pertenecer a ninguna raza pura: francamente están contaminados con sangre extranjera.
Todavía (y no se sabe bien como) quedan bichos raros que piensan que la policía es la policía, la cárcel es la cárcel, el manicomio es el manicomio, con gente de raza o sin ella. Todavía queda personal callejero sin distintivo de sanidad comiendo en los botes de basura y viviendo en las esquinas despobladas de pureza.
Pero ante el fulgurante ataque que está realizando el equipo de las momias patrióticas con raza, lo mas que hacemos es achicar balones y seguir charlando en el rincón mortecino del sempiterno bar con una jarra de cerveza apátrida entre los labios.
Nota: Rogamos a Clemente que cuando su equipo marque un gol salga al centro del terreno a saludar RAZA EN ALTO.

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