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Ruth Toledano / eldiario.es

Respecto al PP, la defensa de la tauromaquia (la tortura de toros, novillos, vacas, vaquillas, becerros, caballos) deviene en símbolo de la degradación moral de un Gobierno maltratador: si lincha a toda una nación, qué importancia puede dar al sufrimiento de unos herbívoros.

Este Gobierno es tan vergonzoso que, al tiempo que cada día se destapa un caso de corrupción más entre los suyos, un robo más de los suyos, una mentira más de los suyos; al tiempo que su Ejecutivo trata de desmantelar la Educación pública, trata de cargarse la Sanidad pública, prevarica en la Justicia, se burla de sus votantes y del resto de la población; al tiempo que su presidente se esconde de las preguntas y de los periodistas, y sus ministros niegan las evidencias con un descaro bochornoso; al tiempo que lanza a los antidisturbios contra los ciudadanos responsables que llevan su legítima protesta a las calles; al tiempo que excluye a lesbianas y mujeres solteras de la reproducción asistida pública; al tiempo que deja sin ayudas a los estudiantes más necesitados, sin becas de comedor a los niños en situación de precariedad, sin Conservatorio a los que aspiran a formarse musicalmente; al tiempo que desprecia la Cultura con una hostilidad que, como denunció el escritor Javier Marías, emparenta al PP con el franquismo; al tiempo, digo, tiene cuajo para votar a favor de una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) impulsada por la Federación de Entidades Taurinas de Cataluña, que pretende que se declare la tauromaquia Bien de Interés Cultural a nivel nacional.

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Imagen de Transterrados

Hace una semana se celebraron en el Congreso de los Diputados las jornadas de debate a favor y en contra de esa ILP, y comparecieron expertos antitaurinos y defensores de la tauromaquia, para que la Comisión de Cultura del Congreso presente las enmiendas pertinentes al texto, un plazo que finalizará en septiembre. Cabe destacar, para empezar, que dicha Comisión está presidida por Juan Manuel Albedea, “acérrimo defensor de la fiesta de los toros”, como lo define el crítico taurino Antonio Lorca, e interesa recordar la segunda acepción del diccionario de la RAE de la palabra “acérrimo” -intransigente, fanático, extremado-, pues son todas ellas acusaciones que los taurófilos suelen verter contra los antitaurinos, enarbolando la bandera de la libertad y olvidando que lo que se debate es si es tolerable en pleno siglo XXI considerar Bien de Interés Cultural la tortura pública de un animal, su linchamiento hasta la muerte. Esa libertad. Para el PP, sí. Para el PSOE, por cierto, ni sí ni no ni todo lo contrario, posición que se convierte en metáfora de su patética situación política: ante la tortura de animales inocentes no cabe tal tibieza y es comprensible que la extrapolemos a todo lo demás; así les va.

Respecto al PP, la defensa de la tauromaquia (la tortura de toros, novillos, vacas, vaquillas, becerros, caballos) deviene en símbolo de la degradación moral de un Gobierno maltratador: si lincha a toda una nación, qué importancia puede dar al sufrimiento de unos herbívoros.

Así, mientras el veterinario José Enrique Zaldívar, presidente de AVAT (Asociación de Veterinarios para la Abolición de la Tauromaquia), desgranaba, con datos científicos, los terribles padecimientos físicos y psicológicos de los toros; mientras Mariví Vaquer, psicóloga Escolar y Comunitaria especializada en Psicología Sanitaria y Clínica, alertaba, basándose en estudios que lo demuestran (como el informe “Convivencia escolar y prevención de la violencia”, de Mª José Díaz Aguado, suscrito por el Ministerio de Educación y Cultura), de que, una vez aprendidas y legitimadas, las conductas de crueldad contra los animales constituyen el mejor predictor de posibles actos de violencia hacia el ser humano; mientras Zaldívar provocaba escalofríos con su minuciosa descripción del dolor y la cruel agonía de los toros, y Vaquer avisaba de que todos los países desarrollados recogen el respeto a los animales en sus planes de estudio y de que la tauromaquia viola leyes educativas (como la LOE 2/2006 del 3 de mayo), la diputada del PP Macarena Montesinos no tenía empacho (vergüenza torera diría el catedrático y crítico taurino Andrés Amorós, para apoyar así su débil tesis lingüística en defensa de los toros) en insistir en que la tauromaquia no transmite agresividad a los niños y en que los toros no sufren, adornando su insensibilidad, su falta de empatía, su desvío moral con delirios como que la tauromaquia es uno de los movimientos ecologistas más importantes y antiguos de este país o que en los encierros y las corridas de los pueblos las familias ejercitan la solidaridad, la ética, el respeto y la serenidad, valores que trasladan a los hijos.

Lo que los taurinos no esperaban es que Leonardo Anselmi, promotor de la ILP que consiguió la abolición de las corridas de toros en Cataluña, anunciara una ILP antitaurina llamada “Pan y toros” ( www.panytoros.es) y basada en cuatro puntos: 1) La derogación de todo aquello que se apruebe derivado de la ILP taurina; 2) La supresión de todo mecanismo de fomento y ayuda pública a la tauromaquia; 3) El alejamiento de niñas y niños de cualquier actividad taurina; y 4) La posibilidad de plantear la reconversión del sector. Anselmi (a quien los diputados Carlos Salvador, de UPN, y Torres Mora, del PSOE, trataron de humillar por su procedencia argentina, motivo por el que también fue deslegitima por Amorós su presencia en el Congreso) denunció que los taurinos han mentido en los datos económicos y competenciales de la declaración de motivos de su ILP, que el PP aceptó y apoyó sin revisar.

Anselmi hizo hincapié en que el promotor principal de la ILP taurina, Luis María Gibert, confesó en su comparecencia que “le da igual que los toros no vuelvan a Catalunya”, cuando fue la reivindicación máxima de toda la campaña de recogida de firmas, motivo por el que los firmantes deberían sentirse estafados por la comisión promotora, así como la comisión promotora estafada por el PP. Quedó claro, además, que los propios taurinos están enfrentados: los de plaza y los de festejos populares (tan impopulares como el salvaje Toro de la Vega), puesto que el propio promotor dice ahora que son cosas diferentes y que no tienen pensado proteger los festejos con esta ILP. Los toros para esos festejos, sin embargo, salen de las mismas ganaderías que venden a las plazas, y ninguno de los defensores de la ILP taurina respondió a las preguntas del diputado Chesús Yuste, de Izquierda Plural, sobre si el Toro de la Vega sería protegido por la ley.

En el Congreso de los Diputados, el PP se pasó también por el forro de la taleguilla las advertencias del compareciente Enrique Alonso, Consejero de Estado: “Europa ha dicho que los animales han dejado de ser cosas. A la caza ya no le dan un duro, aunque los cazadores digan que genera dinero. Hasta ahora, la tauromaquia es una excepción a la ley, pero existe un movimiento de la asociación mundial de tour operadores para boicotear el turismo a España y a quien fomente las corridas de toros y los encierros”. La WSPA (Sociedad Mundial para la Protección Animal) ha circulado al respecto un documento que considera inaceptables estas actividades y desaconseja el turismo donde se celebren.

Esta es la Marca España que cacarea el PP: la España de la crueldad con los animales, la España de la desprotección de la infancia frente a la violencia, la España de recortes en Educación, Sanidad y Cultura pero subvenciones a ganaderos taurinos, la España del desprecio a las advertencias internacionales contra el turismo en España, la España homófoba que ensalza al macho maltratador. La Marca España de “los catalanes de mierda” de Juan Carlos Gafo. Y frente a esa España sin ilustrar, sobre la que ya clamó Jovellanos en “Toros, verbenas y otras fiestas populares”, la ILP “Pan y toros” se presenta como una oportunidad histórica: la de traer de una vez por todas la modernidad a esta nación de naciones saqueada por ladrones y embusteros como los que gobiernan, como los que defienden que la tortura y la muerte provocada son un Bien de Interés Cultural.

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