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Fin de partida

Un, dos, tres, cuatro, cinco y seis. Cuento las llaves que me han acompañado durante estos años. Reviso los almacenes, cierro puertas y ventanas, aseguro cerrojos, limpio el cenicero. Hoy es mi último día de custodia, vigilante desarmado, portero de finca urbana. Dejo ya este espacio, este edificio. Las noches, platinoches, se han sucedido, diferencia y repetición, como cuentas de rosario. Doblo el uniforme. Cojo un par de ejemplares, chez Península, de Los perros guardianes de Paul Nizan, excelente obra, intenso prólogo de Manuel Rodríguez Rivero, que aparecerá en breve. Sin nostalgia, la conciencia era verde y se la comió un burro, me despido de los objetos. Tengo un billete de ida a Asjabad, Turkmenistán. Y, por fin, licencia de armas internacional. Un, dos, tres, cuatro, cinco y seis llaves.

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