Etiquetas

,

manuel-fernc3a1ndez-cuesta

“Esperando a san Jordi”

Disfrazado de joven editor moderno, foulard, aparatosas gafas de pasta, urban runners, el dragón se acercó a la fiesta anual organizada por la revista Qué Leer. Una rosa de cristal en la solapa, ecológico detalle de distinción, medio kilo de caramelo de menta en la boca (por aquello del aliento a fuego) y una amable sonrisa colgada de su enorme comisura, clavado en una esquina, observaba el ritual. Hastiado de la crisis del sector, y del consumo, en todas las conversaciones, desenfundó su Iphone 5. ¿Jorge? Hola, ¿dónde andas? ¿Has llegado ya? Estoy junto a una columna, entrando a la izquierda. Venga, corre, te espero. Jacobo de la Vorágine, autor de la Legenda áurea, buscaba periodistas jóvenes, que no conocieran su libro, deseoso de conseguir una reseña o, quizá, una entrevista. El dragón, poco acostumbrado al arte de la simulación —las gafas le aplastaban la nariz, sudaba por culpa del maldito foulard y las pezuñas sufrían en las pequeñas zapatillas color naranja— aplacaba sus llamas con agua de Vichy, hielo y limón, y el recuerdo del entrañable capitán Renaud: «I’m shocked, shocked to find that gambling is going on in here». Armadura negra, capa y espada, con la misma vestimenta que le inmortalizó Rafael Sanzio, Jorge de Capadocia, hizo una entrada triunfal, zancada de primera vedette del Paralelo, camino del dragón. Pese al rumor de las conversaciones, sus pasos resonaron en la sala provocando un instante de silencio. Será la promoción de alguna nueva Saga, dijo alguien. ¿No has podido vestirte de otra forma? Mira que te gusta exagerar. Relájate, amigo, esto no es nada. Para mañana, en el desayuno del Regina, iré de tabaco y oro. Tengo una capa nueva, seda china. Ya verás que caída tiene: espectacular. Un amable fotógrafo de la revista se acercó a la extraña pareja. Como nos saques te abraso los huevos, susurró el dragón.