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María Toledano / Mundo Obrero

El mundo mediterráneo (judío y greco-latino) ha construido su identidad e imperios, desde la Antigüedad, gracias al dinero B.

La corrupción, cualquiera que sea su forma, es reprochable y actúa como bomba de relojería contra el sistema democrático

El despacho de Juan Guerra

María ToledanoEstos días, le cuento a mi nieta Lola, me acuerdo de Juan Guerra. Y de su despacho, pequeño, en la Junta de Andalucía. La corrupción, cualquiera que sea su forma, es reprochable y actúa como bomba de relojería contra el sistema democrático. El personal empieza, con razón, por no fiarse de los políticos (es natural) y acaba votando, qué remedio, soluciones extrañas o antidemocráticas: respuestas (siempre) autoritarias. Aquí no hemos tenido al singular Berlusconi, con sus cirugías y lenguaraces prostitutas, pero cerca anduvimos con nuestro “héroe nacional”: Jesús Gil (y) Gil. Recuerdo a JG, hermanillo del ardiente mahleriano, y sus trapisondismos de ópera bufa. Bárcenas, en principio, mueve más de veinte millones de euros y, según dice El País, menuda fuente, “se compran fotos”, repartió unas perrilas entre la dirección del PP. Ni JG. ni yo misma, hemos visto 20 millones de euros en nuestra vida. Eso del tesorero parece solo la punta del iceberg. Entre el Bigotes, la trama Gürtel, algunas recalificaciones, bolsos de marca, un Jaguar y demás jaleos, JG, el hermanillo, español, ay, con sus cosillas y favores municipales, ha quedado en lance de Cortadillo. Ese que se sentaba al pie de la Catedral de Sevilla con Rinconete a la espera de algún apaño. Al PP le ha llegado su san Martín carnívoro igual que al PSOE de Suresnes (joder, qué tropa), le levantaron la alfombra de su financiación ilegal: Flick y Flock, Filesa et all. ¿Pasó algo? ¿Hubo regeneración interna? ¿Cambió la dirección del PSOE? ¿Cayó, despeñado, Felipe González? No. Pues eso. El dinero sucio existe y existirá siempre. No nos rasguemos las vestiduras. El mundo mediterráneo (judío y greco-latino) ha construido su identidad e imperios, desde la Antigüedad, gracias al dinero B. Ya fueran sestercios romanos o dólares de Adelson. Lo curioso, además, es que a nadie, en general, le parece mal. La confesión de los pecados, ora pro nobis, todo sana.

Guerra y posguerra fría

Recuerdo que acudíamos a las manifestaciones contra la guerra de Iraq, con “q” de queso. Acudíamos, contra la presencia española en el conflicto bélico, a aquellas gigantes reuniones de buenas voluntades que convocaba la SER, altavoz de la propaganda PRISA, Iñaki, moralista, Gabilondo y demás amigos, tertulianos todos, con la esperanza puesta, inocentes, en el fin de un conflicto imperialista y, ya de paso, por ver, de refilón, si caía el gobierno Aznar. En una de ellas, multitudinaria, me llamó la atención una pancarta que decía: “¿No queríais que la URSS desapareciera? La guerra imperialista es la única alternativa.” Cayó la URSS, o la derribó una mañana la degenerada oligarquía del Partido, que eso quedará para el curioso lector, desapareció la política de bloques y los acuerdos de desarme, desparecieron los desfiles de noviembre, una nostalgia militarista me asola, y no llegó el mundo multipolar del que tanto hablaban los progresistas antisoviéticos. No, no llegó. La multipolaridad no llegó. Triunfó el capital y su gran ramera de Babilonia: EE.UU. Ahora ocupa la Casa Blanca un formidable storyteller, esos hombres a los que cualquier traje o uniforme sienta bien, esos hombres “providenciales” a los que tanto un discurso sobre los valores de los Padres Fundadores como uno alrededor de la sanidad pública le encajan como anillo al dedo. Elegido y reelegido, apoyado por las minorías y sectores progresistas blancos de las dos costas, su contribución a la paz, Nobel incluido, sigue en entredicho. De Guantánamo a Afganistán, de Corea de Norte a Israel, Obama no se está caracterizando, Irán en el punto de mira, por una apuesta por la paz. Íbamos a las manifestaciones contra Aznar y Bush. Ahora que la crisis domina la agenda, la paz no pasa por su mejor momento. Gabilondo anda de bloggero, moralista siempre, y La Sexta, del Grupo Antena 3 (Grupo Planeta), con El Intermedio y Salvados, jugando a ser la oposición. Sin comentarios.

¿Qué piensa la gente de IU?

Parece claro que IU tiene que crecer electoralmente. Tiene, después de muchos años de vaguedades, brindis al sol, diversas fiebres socialdemocratas y caricias al PSOE, un discurso sólido y coherente. Ha limado asperezas territoriales, tiene un líder reconocible, mantiene alto el tono combativo y sus diputados están, casi todos, en la calle y en las instituciones. Su anticapitalismo se ha hecho palpable, su oposición a las políticas del PP también. La distancia ideológica con el PSOE, creo, se agranda. Sin embargo algo pasa. Algo huele a podrido en Dinamarca. ¿Cree la sociedad que IU es una alternativa de gobierno o siguen viendo los potenciales votantes a esta formación más como un Pepito Grillo que como fuerza que aspira a transformar lo real? ¿Cree el cuerpo electoral que IU puede gobernar algún día este anómalo país? Sospecho que no. Se esgrimirán todo tipo de argumentos: desde el anticomunismo primario -tras una larga dictadura- hasta los escombros del Muro de Berlín que, pese a no querer, nos persiguen, pasando por la constante labor del PSOE de González y Guerra (el hermanillo al margen en estas lides). Es posible que existan más argumentos, todos razonables. El caso es que IU crece poco a poco, despacio. El PP se debate entre sobres y promesas electorales incumplidas y el PSOE ha perdido su sitio hace tiempo arrastrando una enfermedad crónica: la apatía. Con estos dos rivales y la calle soliviantada, IU crece, despacio, demasiado despacio. ¿Es posible hacer otra política? ¿Debería IU radicalizarse más? ¿Son capaces, diputados y dirigentes, de transmitir a la desencantada ciudadanía de izquierdas que otra política es posible? Es más, ¿es acaso posible, dentro del marco de la sociedad de libre mercado, otra política? Confío, todavía, en la potencia discursiva y la acción permanente, radical, de IU. No quiero terminar -don Jorge Borrow me perdone- de conciencia cívica.

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