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Transición de cartón

Carlos Giménez en España, una, grande y libre, apunta historias de la Transición a golpe de trazo firme, sombras negras, crudo texto y dibujos salvajes. Giménez, entre 1976 y 1977, colaboró en El Papus con una serie de historietas, tres álbumes, que ahora ha recogido, con acierto y elegante edición, Debolsillo en un compacto volumen. En mayo, con flores a María que madre nuestra es, Alfredo Grimaldos, reconocido especialista e investigador de fuste —leo galeradas las noches de custodia— irrumpirá en las librerías con Claves de la Transición (contada para adultos). Un libro breve, agudo, que analiza la evolución de las principales instituciones (judicatura, policía, banca, partidos políticos, iglesia, monarquía), desde la muerte del almirante Carrero Blanco, cuántas complicidades encubiertas todavía, hasta el referéndum, ay, trilera victoria del felipismo, de la OTAN. Esto de «contada para adultos», aparece en la cubierta de Grimaldos, suena, en este caso, a potente declaración de intenciones. Giménez y Grimaldos, miradas diferentes, tiempos diferentes, dan cuenta del pasado, una época de ilusiones (perdidas) y renuncias, balas silbantes, falangistas de cafetería y trágicas manifestaciones: la peluca de Carrillo, don Santiago, símbolo de unidad. Bajo el discurso oficial (Prego, Cercas, et al.), corre un río subterráneo, siniestro lodazal, cargado de medias verdades, servicios secretos, intereses de casta, consejos de administración, acuerdos sin documentos, interesados políticos de opereta y el Rey JC I, borboneando, con sus hábiles consejeros. La Transición (de cartón), cuentan los bienpensantes, fue nuestro paso del mito al logos. Solo que el logos, razón y discurso, terminó recalificado.

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