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María Toledano / Rebelión

Tres instantes de la España cañí II

1. Bienvenido Mr. Eurovegas

“Como alcalde vuestro que soy os debo una explicación, y esa explicación que os debo os la voy a pagar.” Así debería haberse despedido Esperanza calcetines Aguirre, disculpándose o pagando, Pepe Isbert en Villar del Río, por dejar en la Comunidad de Madrid, qué será eso, Eurovegas: carta blanca para la mafia. Estrenada en 1953, escrita por Mihura y Bardem, dirigida por García Berlanga y admirada en Cannes, Bienvenido Mr. Marshall es una farsa costumbrista que ridiculiza tanto la pretensión yanqui de dominar el mundo con unos dólares, leche en polvo, cigarrillos secos y queso de bola naranja (lo han hecho, por cierto, aunque les ha costado algo más), como la necedad nacional, nieta de nuestra carencias, de entregarse, alegres y verbeneros, al primero que nos saque de la ruina. Calcetines Aguirre, condesa consorte de Murillo y Grande de España, deja el poder con una genuflexión a Sheldon Adelson -hasta el nombre suena falso- que instalará un gigantesco casino, parque recreativo, international putiferio o como se llame. El Secretario de Estado de Comercio, García-Legaz, otra lumbrera, anota que este proyecto aterriza en Spain gracias al “ambiente propicio” creado por el gobierno con la reforma laboral. Pero como las tonterías nunca vienen solas, continúa el prócer afirmando que Eurovegas supondrá “decenas de miles de puestos de trabajo a corto plazo y centenares de miles a largo plazo”. Cómo sean esos trabajos y de qué, con qué garantías y estabilidad, salarios y condiciones, no es materia de su competencia. Ferran Adriá, chef de cabecera y suplementos dominicales, “Embajador internacional de Telefónica” (sic), declara sobre los casinos: “No seamos hipócritas, en cada bar hay una tragaperras”, informa La Razón citando a EFE. Recuerdo que el cocinero high tech se ofreció -“de manera altruista”- para colaborar en el Eurovegas antes de que el magnate cayera seducido por las facilidades de Aguirre. Entre la Doña y el cocinero solo falta un Corleone. Y Pepe Isbert, asomado al balcón, sordo, sin enterarse.

2. Soy un pobre emigrante

Licenciada en Derecho y Ciencias Políticas, dos masters, tres idiomas y carnet de conducir, mi nieta Lola, 26 años, se descuelga, mientras desayuno café con pastillas, que se quiere ir, que aquí no hay futuro y que para ganar 600 euros, aguantar carros y carretas y ser explotada por cualquier mercenario, emigra. Comprendo bien su desesperanza, la falta de ilusión, el desasosiego emocional. Su postura, comprensible, es reflejo de la falta de expectativas de la juventud. Los otros, aquellos que carecen de formación, andan peor, si cabe, condenados a la precariedad eterna, con el agravante de la imposibilidad, aunque sea imaginaria, de evolución social. Era costumbre del capitalismo cerrar los tiempos de crisis con una guerra: profilaxis social. Ahora, en guerra de “baja intensidad permanente”, están recortando, en Europa, hasta dejarnos aislados y solos, desamparados de la protección social que conllevaba el pacto capital-trabajo que condujo al Estado del Bienestar. No defenderé el modelo social existente -creo todavía que existen otras formas de comunidad- y levanto la voz contra la política neoliberal -neofascismo recubierto de democracia- y la horda que nos dirige, con guante de hierro o de cabritilla, PP o PSOE, desde hace más de tres décadas. Españoles en la vendimia. Recuerdo, allá por los 60, vivíamos en Francia, las noticias. Cada año aparecían los españoles en los telediarios con esta cara nuestra, de españoles, cara de pobre, que Deus sive natura nos ha dado. Las manos llenas de callos, tijeras, colillas y bolsas de plástico, agachados ocho horas, nueve, diez, barracones, por unos jornales. No cuestiono la dignidad del trabajo; destaco que siempre somos los mismos, ay, los que llevamos generaciones dejándonos la piel, lumbago o ciática, en los campos de siembra europeos porque en nuestro país nadie se ha preocupado, desde los Reyes Católicos hasta hoy, con el breve lapsus frentepopulista de febrero de 1936, por los parias de la tierra. 2012, Año Triunfal: la emigración vuelve.

3. La tiranía de lo sentimental

Leo Pourquoi l´amour fait mail de Eva Illouz. En su página web, la editorial Katz dice que la versión en castellano saldrá en noviembre de 2012. Illouz (Marruecos, 1961) es una de las mujeres más brillantes del panorama mundial y una de las pensadoras más agudas y perspicaces de la modernidad. Especialista en historia y sociología de las emociones, lleva tiempo analizando, con mirada de “socióloga cualitativista”, cómo la fisonomía actual del capitalismo determina nuestra vida emocional, el comportamiento afectivo y todo ese entramado que -desde el romanticismo- se llama “vida interior”. E.I. es clara y determinantes sus conclusiones: si producen (crean, controlan, manipulan) nuestras emociones, producen nuestro discurso. Es decir, hablan por nosotros. Dice la socióloga: “una de las principales transformaciones culturales que acompañan a la modernidad es la combinación del amor con las estrategias económicas de movilidad social.” Siempre supimos, quizá de forma intuitiva, que eso del “amor” estaba relacionado con la clase social y la economía. Ahora lo sabemos. “El triunfo del amor y la libertad sexual marca la penetración de la economía en la maquinaria del deseo.” Miro a Lola, potencial emigrante, y pienso en mis compañeras de julepe. ¿Cómo explicar que lo individual, privado, íntimo, indisociable de nuestra identidad, lo que nos singulariza y nos hace diferentes, “lo que creemos ser”, no es más que el producto de una serie de ideologemas cuyo objetivo es la adecuación de nuestra percepción emocional al turbocapitalismo imperante? En una fotografía reciente, Cospedal y Sáenz de Santamaría, dirigentes peperas, españolísima mantilla en todo lo alto (antes lo hizo Fernández de la Vega, del zafio y obsceno PSOE, con algo parecido a una cofia o tocado), rinden pleitesía en el Vaticano. ¿Cómo explicar en la singular España, hija del nacional-catolicismo franquista, las ideas de Eva Illouz? Renuncio. Que siga la fiesta.

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