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Ridruejo, alias Dionisio

Escribe John Donne, en la Séptima Meditación: «hay más miedo y, por lo tanto, más que hacer». Se refiere a enfermedades y médicos. Tomo la frase —fuera de contexto— de la nueva edición de Ariel, Meditaciones en tiempos de crisis,octubre, 2012. Donne ya ha salido en esas notas, con su esposa. Ahora aparece, aquí, emparentado con el sonetista machadiano Ridruejo, le llamaban Dionisio, con aquella familiaridad, macho, tan falangista (y valerosa). El jueves 12 de octubre, Por el Imperio hacia Dios, festividad de la Virgen del Pilar, Por el Imperio hacia Dios, Día de la Hispanidad, Por el Imperio hacia Dios, se cumplen cien años de su nacimiento soriano, en una familia de la pequeña, católica y provinciana burguesía comercial (tiendas, ultramarinos, almacenes), en (El) Burgo de Osma. Que sea también el lugar que alumbró a Jesús Gil y Gil, alcalde de Marbella, singular héroe de la picaresca, no aporta ni resta: coincidencia. Dionisio va y viene; su biografía corre tras él y le persigue, como las trenzas a las muchachas de Lorca. De Falange, afiliado en 1933, los primeros señoritos fieles a José Antonio, al olvido; de Director General de Propaganda durante la Guerra de España, hasta la socialdemocracia y el destierro. Dionisio va a Rusia (antes Unión Soviética) con la División Azul, «soldadito español, soldadito valiente», y acaba, años después, en la cárcel, unos meses —tampoco era comunista— en 1956 y 1957. Su presencia en el «contubernio de Munich» (1962), le obliga a exiliarse en París. Dionisio Ridruejo, triste, enfermo y trabajador, terminó en algo parecido al CDS (centro democrático y social) con su amigo Ruiz Giménez. Murió en junio de 1975. El Generalísimo, el caudillo africano que traicionó —según DR— a la Falange trademark, en noviembre. Casi unas memorias es un gran libro. La memoria, derrotada por el tiempo, de un hombre cuya sombra no le dejó vivir.

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