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Manuel de la Fuente, ABC

Tal día como hoy de 1977 fallecía el Rey del Rock. Su vida pudo ser esta de no haberla perdido

1. 1981. Como otros grandes del mundo del espectáculo (Clint Eastwood, Schwarzenegger), Elvis no pudo evitar la tentación y se metió en política. En 1981, en pleno comienzo de la era Reagan, fue elegido alcalde de su pueblo, Tupelo, como independiente en las filas del Partido Republicano. El programa de su candidatura era sencillo: «¡Vamos tocar un rock and roll en la plaza del pueblo!». Arrasó. Su primera ordenanza fue obligar a que todas las gramolas, juke-box y similares del condado fueran gratuitas. No fue reelegido. Pero aceptó ser nombrado Director de Instituciones Penitenciarias del estado de Mississipi. El día de su toma de posesión, en lugar de discurso, cantó el «El rock de la cárcel».

2. 1985. Aprovechando que el coronel Parker, su mentor, ha sido nombrado general, Elvis, hastiado de la política, y de la leyenda perniciosa sobre que fue un enchufado en la mili, pide su ingreso en los marines. Todo se vino abajo cuando quisieron obligarle a raparse el tupé, al tiempo que sus superiores le ordenaban que estaban prohibidos los pantalones caqui de campana, y que no se podían llevar los galones de lentejuelas. Ni mucho menos, botas de gamuza azul.

3. 1986. Tras el nuevo fracaso militar, Elvis se refugia en su mansión de Graceland. Cambia los enanos de jardín por patilludas figuras con su efigie y rellena la piscina con agua traída especialmente de Hawai. Despide a su cocinero de toda la vida por darle una hamburguesa con clenbuterol. Se pasa el día viendo una y otra vez capítulos de los dibujos de los Jackson 5, no para de escuchar el «Thriller» de Michael Jackon y ensaya enloquecido frente al espejo las coreografías del Rey del Pop. Donde esté el moonwalk de Michael que se quite la pelvis de Elvis, se autoflagela.

4. 1990. Para desmentir los rumores de su muerte, y ante la proliferación de dobles e imitadores por las cuatro esquinas del planeta, Presley vuelve al estudio de grabación. Su objetivo, registrar un disco dedicado a todas las mamás del mundo que debía publicarse el Día de la Madre de ese mismo año. El álbum constaba de diez versiones de«That’s All Right, Mama», en todos los estilos posibles: reggae, salsa, clásica, blues, country, bluegrass, bolero, ranchera, música disco y un remate por peteneras. Fue directo al número 1 y se mantuvo un año entre los diez discos más vendidos.

5. 1991. En febrero, sus sueños castrenses por fin se ven cumplidos. Actúa ante miles de soldados de las tropas de la coalición occidental destinadas en Kuwait durante la Primera Guerra del Golfo. Su éxito es tal que consigue ser nombrado Sargento de Honor del Cuerpo de Marines. Se cuenta que los norteamericanos atormentaban a los prisioneros iraquíes con un video de tres horas de una actuación de Elvis Presley en Las Vegas. De vuelta en Graceland, el Rey del Rock rechaza ser nombrado presidente del sindicato de camioneros de los Estados Unidos.

6. 1992. Elvis Presley consigue ver hecho realidad uno de sus grandes sueños, cantar en la ceremonia de apertura de unos Juegos Olímpicos, los de Barcelona 1992, al lado (bueno, en medio) de José Carreras y Montserrat Caballé. La canción, aquel clásico del malogrado Freddie Mercury y la soprano catalana: «Barcelona». «Antes de salir al escenario -recordaría años después Caballé- Elvis se metió entre pecho y espalda dos chuletones de Ávila con mostaza y crema de cacahuete, y dos litros de coca-cola, eso sí, light. Al día siguiente fuimos al Tibidabo y se mareó en la noria».

7. 1994. El 26 de mayo iba a ser uno de los días más importantes en la vida de Elvis Presley. Su hija Lisa Marie se iba a casar. Pero eso no era lo que tenía enloquecido al rocker de Tupelo. Lo que verdaderamente le chiflaba de aquel enlace era el marido, ese tipo al que idolatraba, Michael Jackson. El Rey del Rock iba a tener de yerno al Rey del Pop. La jugada, niñerías al margen, era perfecta, aunque el tiempo no opinaría exactamente lo mismo. De hecho, el suegro Elvis solo volvería a encontrarse con Michael ya de cuerpo presente, en el funeral Jacko, en 2009. Elvis cantó en la ceremonia a sus 74 años. El tema elegido, «Love me tender».

8. 1995-1999. Después de aquella boda, Elvis no volvió a ser el mismo. Grabó unos cuantos duetos con artistas no exactamente de su talla, como Julio Iglesias, con Plácido Domingo, con Bono, con Bruce Springsteen (al que afeó que quisiera colarse en su mansión), volvió al cine (con «Hawai on my mind», que por cierto le valió una nominación al Oscar como mejor secundario), y siguió ensimismado tras las vallas de Graceland. Una noche de tormenta, con la casa a oscuras por un apagón, Elvis se cayó por las escaleras. El diagnóstico no pudo ser peor: fractura de pelvis.

9. 2000. Harto de la música (sobre todo del pop británico y no digamos del hip-hop), desengañado del cine, sin poder mirarse al espejo, Presley decide dar el último y genial golpe de su carrera. ¿Dónde? Dónde iba a ser, en Las Vegas. En la Ciudad de los Casinos, donde tantas noches de gloria (y algunas de pena) viviera Elvis se convierte en empresario y funda la franquicia Tupelo Food & Fashion. La empresa ofrece una personalísima y gigantesca variedad de hamburguesas (Hound Dog 4XXL era la estrella), una línea de ropa diseñada por el mismísimo Rey con todo tipo de chorreras y lentejuelas, así como estancias gratuitas con dieta de adelgazamiento incluida en una lujosa mansión, el Heartbreak Hotel. La dieta tenía un nombre inconfundible: «In the gueto».

10. 2005. A mediados de septiembre, Elvis Presley viaja a Nueva Orleans para cantar a beneficio de los damnificados por el huracán Katrina. Por supuesto, interpreta «King Creole». Destrozado física, musical y mentalmente, el Rey del Rock se retira a Hawai, donde es nombrado hijo predilecto, hijo adoptivo y gobernador honorario. En el centro de Honolulú se erige una estatua en su honor. Hasta su muerte, Elvis jamás se desprenderá de la típica guirnalda ni de las chanclas. Un colegio de los suburbios de la capital hawaiana lleva hoy su nombre. Y todas las Navidades, los niños de las islas no esperan a San Nicolás, ni a los Magos de Oriente, ni a Papa Nöel. Sus regalos los trae Elvis Presley, el Rey del Rock and Roll. Aloha, for ever, Elvis.

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