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“Rescátame, mon amour”

Dolores de Redondo, Mundo Obrero

“Mi padre le dijo que podía elegir entre sus sesos o su firma al pie del contrato”.
Michael Corleone. El Padrino.

Hay un dicho galaico que refleja acertadamente la pasividad frente a los abusos: “Mean sobre nosotros y decimos que llueve”. Mariano el Embustero, buen conocedor del refrán, ha decidido evolucionar de pasivo a activo para convertirse en protagonista mingitorio. Y ha convencido a algunos de que el rescate a la banca es llovizna, a pesar de que las lluvias torrenciales amenazan con riada. No hay problema. Siempre podemos contar con nuestro Mariano para salvarnos de morir ahogados PPegándonos un tiro.

Y es que en todo este berenjenal de la crisis financiera hay dosis compartidas de estafa y mentira, de ineptitud y nulidad, de cinismo y sinvergüencería. Basta un vistazo a las valoraciones oficiales sobre el aumento de la prima de riesgo para percibirlo. El día 8 de junio la prima de riesgo española subió de 471 a 489 puntos “después de que la agencia Fitch rebajara tres escalones su nota”. El día 11 se disparó por “las incógnitas que rodean al plan de ayuda a la banca española, ya que todavía se desconocen la mayoría de los detalles”. El día 14 “la rebaja de Moody’s sitúa la prima de riesgo en 541 puntos”. El día 15, “la prima de riesgo española cierra en su máximo histórico pendiente de Grecia”. El día 18, al borde de la intervención, “la prima de riesgo desoye la apuesta de Grecia por el euro”.

Con semejante rigor analítico, podría dar el pego un simple y estrafalario timador de programa esotérico nocturno. Con un chalé en La Moraleja, unos cuantos trajes de Armani, un par de cuentas en paraísos fiscales, un salario blindado y una pensión multimillonaria, además de cuota social en algún exclusivo club de golf y algunos detallitos más sin importancia, podríamos convertirle en un exitoso analista económico-financiero. Informaría a los españoles sobre la marcha del sistema, transmitiendo confianza en los próceres de la Patria y los canallas de la troika; contagiando ilusión y esperanza en la salida del túnel: “Para hacer que los mercados se estabilicen y su inversión tenga una alta dosis de rentabilidad, guarde debajo de la cama una bacinilla con agua bendita de San Telesforo e introduzca a diario una monedita de euro del año 2007 (antes del hundimiento de Lehman Brothers), rezando una plegaria a santa Rita, patrona de los imposibles”. Por descontado, el desparpajo, la verborrea y la carencia de escrúpulos de nuestro engañabobos podría llevarle a Ministro de Economía.

Afortunadamente, los cargos de relevancia se cubren por vocación. El ejemplo lo he encontrado en el facebook. “Cuando sea mayor quiero ser analista de Economía en la Bolsa, en un diario de prestigio, en la banca o incluso en un ministerio. Lo tengo todo calculado. Aprovechando mi paso por El Pilar, estudiaré la carrera de Económicas en Deusto y papi me pagará un par de máster en “business administration” y en “financial markets & investments”. Luego me afiliaré en Génova o en Ferraz, ya veré, que dependerá del momento. ¡Jo, qué guay!, o sea, ¿sabes?, es que me mola mogollón el rollo de la prima de riesgo y esas cosas. Es… no sé, como leer el horóscopo cuando estás de bajón; esos días que molan, ¿sabes?, que te dicen que le molas a Borja y que son días guays para el amor, y de golpe, ¡zas!, que seas tú quien hace el horóscopo. Pues eso, o sea, analizar la Bolsa, la prima de riesgo, las fluctuaciones de los mercados, ¡buah! y que la gente se lo crea, tía. Es súperguay”.

El brutal ataque de los llamados mercados ha tenido graves consecuencias para nuestra soberanía. En este sentido, calificar de auténtico atropello que la agencia Moody’s rebaje la nota del Bono español calificándolo de basura. Puede que su paso por el gobierno autonómico de Castilla-La Mancha no haya sido ejemplar, que sus relaciones con El Pocero no fuesen excesivamente transparentes, o que sus comportamientos y actitudes despidan habitualmente el olor fétido del detritus ético. Pero es un compatriota, y un compatriota es sagrado, sobre todo en plena Eurocopa de fútbol.

Quizá Mariano El Embustero aproveche la final del campeonato para pedir el Rescate, con mayúsculas; “una agüita amarilla cálida y tibia“ que hasta el más tonto diferenciará de la lluvia.

— Y digo yo… ¿aquí no haría falta una Revolución?

— Y luego, ¿por qué me lo preguntas?

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