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Gentes de orden

Escribe Aristóteles en la Poética (1447a): para hablar de algo, hagámoslo empezando, como es natural, por orden. Esto del orden, más allá de clasificaciones y comodidades contables, tiene dramática resonancia en las tierras de España. Gentes de orden, se decía, como nuestros gobernantes, con todos los aditamentos (del orden) y los correajes bien puestos en su sitio: potaje de vigilia con acelgas, garbanzos y bacalao el viernes; misa los domingos, fijador en el pelo, pulseras de colores y pastelería; visita a la amante (piso propio, un convoluto), mujer, también, de fin de semana, algunas presentadoras de televisión, por supuesto, jueves de 16:00h a 19:00h, en la agenda: reunión abogados, siempre en pareja, como la Benemérita. Sus abuelos y padres, algunos, llevaban pistola en el trabajo: fabricación alemana, Luger P08, y El Yugo y Las Flechas en la camisa. Lo mejor de ABC siempre fue la grapa, recordaban los «golfos de bien» (expresión de Lauro Olmo) en los cafés, y las terceritas llenas de «pompa y circunstancia» —Elgar fue de los primeros compositores que entendió la potencia del gramófono— de los académicos. Leo a Georges Flipo, dos novelas negras, El Aleph, y me reconcilio con el género tras el huracán, transgeneracional y transclasista, Larsson. Entran mineros en Madrid, columna de conciencia, «asturianos de braveza», y me acuerdo del combate obrero que tanto contribuyó a la consolidación del (ya destrozado) estado del bienestar. Lucha de clases y la presencia militar (contrapoder) de la URSS, claro, que siempre se olvida con las prisas. Suspicacia: ¿por qué no existe una organización sólida de extrema derecha en España? En la televisión aparece Shakira. Sonrío. Karl, Friedrich, ¿por qué me habéis abandonado? Por la calle del mercado pasa una calesa.

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