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David Brooks, La Jornada\Rebelión

Bob Dylan, Bruce Springsteen, John Lennon, John Mellencamp, Steve Earle, Billy Bragg, Wilco, Joe Strummer (de The Clash) y Dolly Parton, entre tantos más, han sentido su presencia en su música. Varios han cantado sus canciones; Ocupa Wall Street tiene como himno su canción más famosa –la cual cantaron Springsteen y el legendario Pete Seeger en la toma de posesión del presidente Barack Obama– y al celebrarse esta semana el centenario de su nacimiento el museo nacional de Estados Unidos emitió una colección de su obra.

Pero no es nostalgia ni asunto histórico: su vida, sus canciones, y sobre todo su compromiso con el pueblo traba- jador, con los olvidados, con los refugiados, con los inmigrantes, su furia contra el uno por ciento, su solidaridad con los sin voz, no pueden ser más contemporáneos. Woody Guthrie, el cantautor rebelde más famoso de Estados Unidos, cien años después de haber nacido, y 45 después de fallecer, está presente en las luchas, los sufrimientos, la ira del momento expresado por los indignados en todos los rincones del mundo, ahora tal vez más que nunca desde que él cantaba los versos que hoy de nuevo son vigentes.

This land is your land (Esta tierra es tu tierra) es su canción más famosa, conocida por millones mediante una versión purificada que se aprende en las primarias del país (pocos saben que la escribió en respuesta a su asco por la canción patriotera God bless America, de Irving Berlin). Los versos de This land is your land que no se suelen enseñar hablan de desempleados en filas para recibir asistencia pública, y otro que es demasiado peligroso para estudiantes: “Cuando iba caminando vi un letrero ahí/ Y sobre el letrero decía: ‘prohibido el paso’ [por ser propiedad privada] /Pero del otro lado no decía nada/ Ese lado fue hecho para ti y para mí”.

Tal vez compuso la primera canción en inglés sobre inmigrantes mexicanos, Deportee (Deportado), cuando escuchó por radio que había caído un avión y habían perecido sus pasajeros, todos inmigrantes mexicanos en California, pero que el noticiero informaba que sólo eran deportados. La canción cuenta del trabajo que hacen los jornaleros del campo, y cómo “El padre de mi padre cruzó ese río/ Le quitaron todo el dinero que ganó en su vida… Los persiguieron como delincuentes, como asaltantes…/ Adiós a mi Juan, que te vaya bien Rosalita, adiós mis amigos José y María/ No tendrán nombre al viajar en el gran avión/ Sólo los llamarán deportados”.

En Jesus Christ canta Cuando Jesús vino al pueblo, toda la gente trabajadora ahí/ Creyó lo que decía/ Pero los banqueros y los curas lo clavaron en la cruz/ Y pusieron a Jesucristo en su tumba. Y concluye que si regresara hoy, harían lo mismo.

En su corrido al famoso delincuente Pretty Boy Floyd, canta: Por este mundo he dado vueltas/ He visto a muchos hombres raros/ Algunos te roban con una pistola/ Algunos con una pluma fuente, refiriéndose a los banqueros y empresarios que dejaban a la gente en la miseria.

También contó las historias de refugiados económicos en la gran depresión, de huelgas, de luchas, de represiones, y de esperanza. Su música cantaba lo que padecían los de abajo, pero él se sumaba a ellos, era uno de ellos; cantaba con ellos.

Viajó con vagabundos por trenes, convivió con trabajadores en huelgas, dio la vuelta al país de aventón con su guitarra, en la que tenía grabado: Esta máquina mata fascistas.

Pero también escribió canciones para niños –entre ellos su hijo Arlo Guthrie, también músico muy conocido y parte del movimiento contracultural de jóvenes de los 60– y rolas de amor, su fantasía romántica con Ingrid Bergman en una canción grabada después por Billy Bragg, quien dijo que era la canción más pornográfica que conocía. Su hija Nora, quien se ha dedicado a organizar el enorme archivo de su obra, descubrió cientos de canciones sólo con la letra (su padre no sabía escribir ni leer música), y en un proyecto con Bragg y Wilco se grabaron tres discos con este material. Más de 70 músicos también han colaborado en la mina de oro de este artista, poniendo melodías a sus versos.

“Odio una canción que te hace pensar que no eres bueno… que naciste sólo para perder, bueno para nada… Canciones que te apachurran. Me dedico a combatir ese tipo de canciones hasta mi último aliento y la última gota de mi sangre”, escribió Guthrie, quien compuso unas 3 mil (la gran mayoría, nunca grabadas), pero también escribió una autobiografía (Bound for glory), dibujó y pintó, además de trabajar en innumerables chambas, incluso de locutor de radio.

Woody Guthrie nació en el pueblo de Okemah, en Oklahoma, el 14 de julio de 1912. Viajó constantemente a lo largo y ancho del país, pero fue en la ciudad de Nueva York donde creó gran parte de su obra y colaboró con artistas y militantes de izquierda apoyando una amplia gama de causas. Durante los últimos 20 años de su vida (murió en 1967) padeció de un mal neurológico incurable que poco a poco le robó la vida. En sus últimos años, una nueva generación de cantautores lo visitaba en el hospital para mostrarle la música que nacía de la suya. Entre éstos estaba Bob Dylan.

La música está en todos los sonidos de la naturaleza y nunca hubo un sonido que no haya sido música. La vida es este sonido y desde la creación ha sido una canción. No hay un truco real para crear palabras con música, una vez que te des cuenta de que la palabra es música y la gente es la canción, escribió en uno de sus cuadernos.

Uno de sus consejos: “Observa a los niños. Haz lo que hacen, actúa como ellos. Grita como ellos gritan. Baila de la manera que los ves bailar. Canta como ellos cantan. Trabaja y descansa como lo hacen los niños. Serás más saludable. Te sentirás más rico. Hablarás con más sabiduría. Irás más alto… Yo no quiero que los niños sean adultos. Quiero que los adultos sean niños”.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2012/07/16/opinion/031o1mun

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