Etiquetas

,

Investigaciones filosóficas (14)

«Era un hombre importante, soberbio, con negocios turbios y no pocos enemigos. Mendizábal, sin embargo, no necesitó su autorización para sentarse en la silla de terciopelo que había frente al escritorio. También él valía lo suyo —se dijo—y nadie podía dejar de reconocerlo, ni siquiera el hombre importante. De modo que se sentó, y hasta cruzó las piernas».

José Pablo Feinmann, Últimos días de la víctima, El Aleph, Febrero, 2012

 

Anuncios