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Bebiendo con Lukács

«Bienaventurados son los tiempos que tienen el cielo estrellado por mapas de los senderos transitables y por transitar, y cuyos caminos están iluminados por la luz de las estrellas.» Así escribía György Lukács en 1914. Luego vinieron dos guerras mundiales y, cómo no, la guerra de España: sendas perdidas. ¿Alguien se acuerda de Lukács? Era un pensador marxista. ¿Marxista? Espera, busco en lawiki. Leo, homenaje, Sociología de la literatura del maestro húngaro, Península, 1966, ahora que se cumplen 50 años de la fundación de Edicions 62. Si el Miño es la arteria fluvial de la patria gallega, G62, este grupo editorial —que paga mis necesidades básicas, poco más, no se crean— es la arteria cultural de la moderna identidad catalana. Celebro con una botella de cava, huerfanita de la huerta, que he distraído de una caja abierta. Ya puestos, prefiero la sutilidad del artesanoCristal, Louis Roederer, pensado para el zar Alejandro II en 1876, pero tampoco está el patio para florilegios. Cava y cacahuetes: tristón. Otros, muchos, arrastrados por el vendaval del librecambismo, no llegan ni a fin de mes. Bebo, vaso de plástico, herejía cátara, y las burbujas me arrastran a otro sitio. Por efecto del alcohol, reaparezco transformado en personaje del Greco, ausente, desapegado: soy otro. La imaginación dibuja líneas de fuga, un vestido tricolor, historias de vida, miradas húmedas, calles empinadas, colegios infantiles, elConcierto en Do menor para oboe del veneciano Alessandro Marcello y una terraza limpia. Revivo la polémica de los prólogos de Historia y conciencia de clase (1923) y disfruto con la traducción de Manuel Sacristán, Grijalbo, 1969. Lukács (1885-1971), finas gafas redondas, nariz prominente, fue Ministro de Cultura de Irme Nagy en 1956. Un trago largo a su memoria revolucionaria.

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