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Fiebre, cama, sofá, capuchinos morados, jarabe, más fiebre y más capuchinos morados, los capuchinos morados con fiebre dan terror. Tos, leche con miel de Guara, cristianos llorando por no poder sacar a paseo sus muñequitos, puta lluvia. Los niños-chucky con capuchinos morados y la fiebre hacen el sofá muy pequeño. El café no me sabe, abro una birra y tampoco. El jarabe pone y mezclado con el gelocatil, más. Sigo acojonado en el sofá, ahora viendo a unos tipos escaldándose la piel a latigazos y corriéndose como adolescentes, la codeína también pone. Duermevela. Abro los ojos y veo a los legías pelo en pecho y pollas duras tirar un tronco-cruz con su cristo mulatón hacia arriba con una mano, con dos cojones. Tremendos los patillas amigos del tío de la guadaña. En una seguida imagen veo a un niño que no levanta un palmo del suelo vestido de novio de la muerte, en ese estado febril me pregunto si el Fiscal General del Estado no puede actuar de oficio y mandar a los papas del monstruito al talego. Cuando acabo de mandar a estos dos al talego suena el timbre de la puerta de casa, me levanto y tardo un mundo en llegar a la puerta, que se joda quién sea, ya llegaré. Lo que me faltaba! Mis testigas incansables de Jehová me traen el nuevo número de su revista L´Atalaya. Me miran cómo si vieran un zombi walking dead, ojeroso, con los cuatro pelos de punta, (por los putos capuchinos, más que nada) y mis ropajes caseros que para el gran público no suelen ser muy decorosos. Veo entre nebulosas sus venenosas caras y en ese momento pienso que debería haber estado más rápido y haber aparecido con el cuchillo pulpeiro mango de madera y hoja de 15 cm. en mano que me regaló Javi. De traca. Mando a la mierda con cierta elegancia, poca, cierto, a mis testigas (un día de estos intentarán violarme señor Fiscal, lo percibo en sus aviesas miradas, así que si le van con el cuento de que les propuse un trío no dé crédito a lo que escuche) y vuelvo con mis capuchinos morados. La fiebre baja a 38, no se si por el gasto de 20 pavos en drogas legales de farmacia o porque el cuerpo va ganando esta batalla a lo que sea. Y ahí estamos, sufriendo cual beatón la Semana Capuchina Del Terror Santa Como Dios Manda: sin follar, sin beber y sin fumar. Sobre el Santo Cerdo Obispo de Alcalá nada que decir. A 37, vamos allá.

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