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Algo contigo

Fumando espero. Así paso las noches de custodia y lectura. Dice un lector de este blog, Eliseo (será por Reclús, gran geógrafo anarquista), que Maxim Gorki también vigilaba, armado, un almacén. Fumando espero fue el primer tango que viajó de Europa a Argentina. Escrito por Félix Garzo y música de Joan Viladomat, estrenado en 1923, lo he incorporado al mp3 junto con el escalofriante Algo contigo. Viajo, low cost de la imaginación, consuelo de pobres, de Sunion a La Habana con billetes regalados. Aterrizo —vienes conmigo, de la mano— en el aeropuerto José Martí y cambia mi visión del mundo. Sonrío, te sonrío, en el territorio emocional, simbólico, de los barbudos. Somos siglo XX: mitopoiesis. Repaso —buscando entender(me)— El Anti-Edipo (1972) de Deleuze y Guattari. Tengo la primera edición, Paidós, 1985, 1.980 pesetas: «El deseo siempre se mantiene cerca de las condiciones de existencia objetiva.» En la radio del destartalado taxi, dejamos el barrio de Boyeros a la izquierda, le sugiero que entremos en la cuidad por el puerto, por el Malecón, suena I’ve got you under my skin. Nada malo puede ya ocurrir. Llevo, pegada a mi solapa, una chapa con una inscripción. Te la ofrezco, de nuevo, unas horas más tarde, sentados en la terraza del Hotel Nacional, como si fuera un don (potlatch) de los dioses: el maná que aparecía con el rocío (Números, 11, 19). Me gustaría ver en tus ojos estrellados, cómplices, un signo de alegría. Vibra el teléfono,  7 de la mañana. Mi compañera de trabajo está en la puerta. Recojo los útiles, apago luces, ordeno el despacho de Península (es mi guarida) y bajo despacio las escaleras. ¿Dormido? No. Estaba en La Habana con una mujer. Canturreo Algo contigo y enciendo un pitillo. Amanece en Barcelona.

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