Etiquetas

,

Ternos oscuros

«Adoro mi Salvatore Ferragamo fucsia. ¿Cómo puedes ser infeliz con un bolso rosa?». Estas palabras de Hillary Clinton aparecen citadas en Política y moda. La imagen del poder de Patrycia Centeno (A Coruña, 1983), que estos días de febrero asoma por las librerías. La autora, pionera en el estudio de la indumentaria como herramienta de comunicación política —dice el texto de solapa—, analiza con detalle la vestimenta, complementos incluidos, de nuestros representantes y algunos notables dirigentes extranjeros. Las conclusiones, cuando menos, aterradoras: cosas de la mercadotecnia y sus tentáculos. Sin venir a cuento, o sí, nostalgias vanas, recuerdo a Georgi Dimitrov. Impecable traje oscuro, camisa blanca, gabardina o abrigo. El búlgaro escribía sus propios discursos, claro, y se vestía solo. Otras costumbres. Paseo, fumando, por mi territorio. En una estantería, folios sujetos con una goma, veo la excelente traducción de Helena Aguilà (suya es también la versión de la Pedía la luna de Pietro Ingrao) de las tres novelas, ejercicios de memoria, de Luigi Pintor (1925-2003), recogidas en El Aleph. El volumen, persigo su rastro burocrático, está compuesto por La señora Kirchgessner, El níspero y Los lugares del delito y saldrá dos días antes del aniversario de la proclamación de la II República Española: 12 de abril. Al día siguiente de las elecciones municipales, izaron la tricolor en Eibar. El 14 ya era oficial. Años después, julio de 1936, vino el golpe de estado africanista y católico. Pero como dice Rossana Rossanda, amiga y compañera de aventura ética de Pintor, en La muchacha del siglo pasado (Foca, 2008), «esa es otra historia».

Anuncios