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Manuel de la Fuente /ABC

La revuelta incendiaria de Londres no es la primera. Y detrás siempre hubo un estribillo

No, el rock and roll no amansa a las fieras. Tampoco las subleva. Es sólo rebeldía sin demasiadas causas, como la de James Dean. Chulería adolescente y mucho, muchísimo aburrimiento. Elvis, Berry, Jerry Lee Lewis, Cochran se mesaban el tupé con champú, peine y brillantina y se creían los amos del mundo. Como esas masas de desheredados y broncatarras que han puesto la City patas arriba. En llamas, ardiendo, como cantaron los Clash en el 77.

Pero antes, incluso bajo los brillos caleidoscópicos del London Swingingsesentero, con Mary Quant tirando de minifalda, otros, venidos de barrios menos ilustrados, se subían a una lambretta, salmodiaban el«My generation» de los Who mientras se iban a las playas de Brighton a partirse la jeta con los teddy-boys. De los morrazos de Jagger nunca salió una estrofa de la Internacional. Pero, de joven por lo menos, lo establecido no le gustaba ni un pelo. Y hasta le cantaron a los chavales que peleaban en las calles.

Años después, los Pistols llegaron a la cresta de la ola poniéndole un imperdible en los labios a la Monarquía y un ideario peta-asambleario como el de los anarcos de la Transición: «Salud, anarquía y una tía cada día». Tuvieron que venir los Clash para que el bodorrio entre política y rock se convirtiera en un cóctel (mayormente molotov) en el que no faltaban los ingredientes multiétnicos (y canciones sobre la guerra civil inglesa del XVII; y la española, en «Spanish bombs») de los barrios pobres. Gobernaban los conservadores y el rock se puso de uñas: los Jam eran pura rebeldía con el punto de mira en las clases altas); los Specials y su ska de cazadoras bombers y botas Dr. Martens; los Pogues y su anarco folk-punk etílico-libertario; la chaladura de Madness; y el antifascismo folclórico de The Men They Couldn’t Hang, que querían llegar a las manos ante cualquier camisa negra. No, el rock and roll no amansa a las fieras, pero vale para el roto de un amor a quemarropa o el descosido del saqueo de un Eroski. Basta de cháchara. Que hablen las guitarras de Sonny Curtis y este clásico del rock peléon: «I fought the law», que también fue un himno de los Clash:«Toda mi vida luché contra la ley, pero la ley me venció».