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Cielo comunista

El día que Karl Marx regresó a la tierra —con pase de pernocta— apareció por error en un sombrío apartamento de Soho (Nueva York) en lugar de Soho (Londres), donde pretendía volver. Bajó del cielo comunista —tiene que existir— para recordarnos cuatro verdades que el historiador Howard Zinn (1922-2010), recogió en el monólogo Marx en el Soho (Hiru, Hondarribia, 2002). Pienso en esta obra de teatro mientras recorro la empresa que vigilo, Grup 62. En la radio suena una canción de Carlos Baute y Marta Sánchez cuya letra, lindando con el absurdo, dice: «te envío las fotos cenando en Marbella y cuando estuvimos por Venezuela». De Marx a Marbella: una «transferencia custodia», diría, jugando con Lacan. Tengo en mi mano una edición italiana, Marx a Soho (Editori Riuniti, 2001), comprada en Roma: librería de saldo cerca de la Chiesa del Gesù. Junto al templo de oro, la casa madre de los jesuitas, por calles angostas, paseaba il divo,Gulio Andreotti, con sus fantasmas: Largo di Torre Argentina, via d´Aracoeli,via delle Botteghe Oscure. En el número 5 estuvo, hasta el 2001, el todopoderoso PCI. Poco después, el edificio fue ocupado por la auditora Ernst & Young. Me siento e imagino el cielo rojo: autocríticas, escisiones (llamamientos a la unidad) y debates interminables. Como esta noche ando de «transferencias custodias», cierro los ojos y aparece —milagro— Sônia Braga, en Dona Flor e seus dois maridos —versión cinematográfica de la novela de Amado— lavando, barreño de metal, un camisón blanco. Cuando llegue a casa cambiaré las sábanas. Pondré blancas. Esperemos que en el cielo comunista sean frecuentes —una licencia de los puritanos— los sueños eróticos.

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