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Papeete Airlines

Arranco el año, tras une saison en enfer, con mariposas en el estómago. Debería decir dinosaurios, tal es su potencia y deseo pero, claro, quedaría raro. La consciente determinación —voluntad de ser libre contra la tiranía de la impaciencia capitalista: todo y ahora— se ha hecho fuerte en mí, en la Mukata, en mi cabeza plena de humo prohibido, y empiezo —nunca es tarde— a ver, sentir y disfrutar con una contenida sonrisa. La lectura de Un adúltero americano de J. Mercurio (Anagrama, 2010), curiosa biografía sexual de JFK, me ha producido un efecto balsámico o quizá sea, más bien, que he empezado a beber, con íntima naturalidad, ron Zacapa de Guatemala. Duermo en las escaleras —falta administrativa leve— y veo peces de colores bajo la cama, una recoleta bahía azul y verde, cremalleras plateadas, gatos fabricando relojes de arena, llaveros con corazones, escenas de Two on the road y un traje de chaqueta negro, Givenchy, colgado en un armario. El sueño dura un segundo, quizá dos, pero siento una bocanada de aire fresco y el silbido agudo, fugaz, de una ametralladora. Let´s go, me digo, Avanti, compagno, escucho a lo lejos, como si fuera el eco. Avanzo sin coraza ni escudo, desarmado. Amanece cada 24 horas y los metros conquistados, cada minuto logrado, igual que en la batalla del Ebro, serán solo de gozo: de felicidad. Soy consciente de que en cualquier momento puede aparecer la Luftwaffe y oscurecer Gernika, pero el que pelea por construir espacios comunes no debe tener miedo. Fuerte y asilvestrado como una gerbera roja abierta al mundo, nadie es neutral en un tren en marcha,cierro los ojos, preparo un té con leche fría, escucho: «cielo» y escribo: Papeete Airlines. Let´s go, repito.

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