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Por primera vez, se edita en traducción directa del ruso «El doctor Zhivago», del Nobel Boris Pasternak

Rusia, tiempos de revolución, de guerra civil. Blancos, rojos, bolcheviques, mencheviques, zaristas, anarquistas. Entre las bayonetas, la violencia y el terror, desde la pantalla, Omar Shariff y Julie Christie nos hacen sentir en carne y corazón propios una de las más bellas y trágicas historias de amor del cine, la de Yuri Zhivago y Lara, entretejida a partir de la novela «El doctor Zhivago», del Premio Nobel de 1958 Boris Pasternak, que le valió a su autor quedarse a las puertas del Gulag y ser enterrado en vida por las autoridades soviéticas.
Más de cincuenta años después de su publicación, no existía aún una trraducción directa del ruso al español de esta obra cumbre de la literatura del siglo XX. Hasta ayer, más o menos, cuando se presentó en Madrid esta esperada edición, a cargo de Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg, que nace además con todas las garantías, pues su traductora ha sido Marta Rebón, que ya diera en el blanco con su versión de «Vida y destino», de Vassili Grosman.
Desde 1946, Pasternak estuvo metido hasta los tuétanos en su obra, mientras la Academia sueca barajaba su nombre como candidato al Nobel. Pasternak ya estaba entonces en el punto de mira de la criminal maquinaria soviética, y la concesión del premio y la edición del «Doctor Zhivago» acabaron por marcar su apellido en rojo en la agenda de la KGB.
Hace años, alguien incluso aventuró que la CIA (eran tiempos de guerra fría, muy fría) estuvo detrás de aquel premio y que fueron los servicios secretos norteamericanos los que propiciaron la edición en ruso de la obra, aunque ya existían versiones en italiano (Feltrinelli fue el primero en publicarla, en 1957), francés y alemán. Ese alguien se llama Iván Tolstoi, es nieto del autor de «Guerra y paz» y en enero de 2009 explicaba a ABC su tesis sobre los manejos estadounidense en torno al «Zhivago» y el Nobel Pasternak. Dos meses después, también en las páginas de ABC, el propio hijo de Pasternak, Evgeni, desmentía a Tolstoi y aseguraba que «no hay pruebas de la intervención de la CIA en el Nobel a mi padre».


Vía crucis
Las editoriales soviéticas habían negado la publicación de la novela, y periódicos como el «Pravda» la despellejaron: «Es una mala hierba que debemos arrancar». Fue el principio (la continuación, más bien) de un via crucis que, según Evgeni Pasternak, provocaría en su padre, primero un cáncer, y después, en 1960, su muerte.
Por el camino, Pasternak ya había tenido que escuchar la amenazadora voz de Stalin al otro lado del teléfono y ahora veía cómo se le negaba la publicación de sus libros, cómo su musa, Olga Ivinskaya, perdía su trabajo, y él mismo tenía que renunciar a su Nobel y firmar una carta de arrepentimiento, mientras se le escamoteaba el dinero que le remitían sus editores extranjeros.
Ayer, el propio Evgeni Pasternak, su esposa Elena, y Anastasia, bisnieta del escritor, fueron los escuderos de la memoria del Nobel, la memoria de un humanista, de un cristiano, frente a una de las maquinarias más crueles de la Historia, el estalinismo. «Después de la concesión del Premio Nobel —recuerda Evgeni—, el PCUS montó un gigantesco oleaje de ira popular muy bien organizada y manipulada contra mi padre. Recuerdo que, tras renunciar al galardón, lo vi caminando con la cara desfigurada, como si le hubieran roto el espinazo. Dos años después moría. Fue una persecución injusta contra una persona que quiso aportar a la Humanidad todas sus ideas y sus creencias».
Evgeni también subrayó que no «hemos recibido nunca ningún apoyo de las autoridades» y no alberga dudas de que la película y la novela «no tienen nada que ver». Su esposa Elena lo tiene más claro: «Peor aún es la versión rusa, un culebrón de doce capítulos sin pies ni cabeza».

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