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Manuel de la Fuente ABC

Durante sus casi cien años de vida, Francisco Pino fue un verso suelto (bueno, miles y miles) de nuestra poesía, el espíritu andante de la contradicción. Ferviente republicano, creyente convencido, «los suyos» le detuvieron en la madrileña iglesia de la Concepción cuando estaba en misa. Pasó por checas, estuvo a punto de ser ejecutado y, tras el contacto en los calabozos con los falangistas, acabó por escribir poesías que él no tenía inconveniente en calificar de «sensibilidad fascista», aunque el resto de su vida fue un indómito ácrata.
En el centenario de su nacimiento hora es de entrar en la gigantesca casa de su poesía. Como se hace con los nueve volúmenes que integran «Distinto y junto» (título del propio Pino, prestado de Fray Luis), edición de su obra completa (completísima más bien), a cargo de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, la Fundación Jorge Guillén y la editorial Ámbito con la colaboración de la Diputación de Valladolid que, maravilla de las maravillas, incorpora un sesenta por ciento de material inédito.
La primera tanda que llega a las librerías la componen tres tomos con 58 poemarios, de los que 33 son inéditos. Como explica Antonio Piedra, amigo, editor de la obra y director de la Fundación Jorge Guillén (primo segundo del poeta), Francisco Pino «nunca vivió para publicar poesía, sino para hacer de la existencia una poética vivencial de singular coherencia». Aunque estos versos han llegado a nosotros de puro milagro. Porque, como recuerda su hijo Francisco Pino Jiménez, estaban «en una buhardilla llena de goteras y de roedores, e incluso algunos iban a parar a la chimenea, hasta que un día Antonio Piedra le dijo a mi padre: «Para, Paco, ya no quemas ninguno más…»
Nos encontramos, pues, como señala Piedra, «con una obra dotada de una rareza poética muy especial que crea un desorden del espíritu», una obra inmensa superlativa, originalísima, de un hombre y poeta que vivió según la veleta de la contradicción.

 
Francisco Pino

“Así, prendido…”
Así, prendido de la espesa rama
como a nuevo Absalón me viste atado.
Oh espesa rama que me tiene alzado
a un viento vivo que ternuras brama.

Oh viento! ¡Oh toro! ¡Oh llanto! ¡Oh luna! ¡Oh llama!
que a mi cuerpo con saña has castigado;
ya como vaso, de dolor sobrado,
mi corazón sangrando se derrama.

¿De qué torturas dulces eres río,
árbol crecido en tierras de desvío,
cielo con ramas de sutil locura?

Espero muerte viva, fuego frío,
de tu lanza de fino desvarío;
clavado corazón: dicha insegura.

(Poema y foto de Fundación Jorge Guillén)

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