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Manuel Fernández-Cuesta

Lagunero y Castellet

Teodulfo Lagunero (Valladolid, 1927) es comunista y Josep Maria Castellet (Barcelona, 1926) ha sido compagnon de route. Ambos irrumpen estos días en las librerías de neón y best-sellers (han pasado de ser un espacio de intercambio a un escaparate del consumo) con obras importantes atravesadas por ideas, hechos, anécdotas, historias íntimas e Historia en marcha. Lagunero se presenta transparente, flexible como el junco, en sus Memorias (Umbriel Tabla Rasa) y Castellet, asomado al balcón de la ironía, despliega su abanico de recuerdos —fondo de armario de una intensa vida intelectual—en Seductors, il•lustrats i visionaris (edicions 62). Son hombres cabales, amables, cultos y astutos. Pese a la perversa tradición, la astucia es una característica de la inteligencia. Cada uno a su manera, con sus palabras, intenciones y sintaxis, los trabajos literarios, ensayísticos, de Castellet y Lagunero ofrecen un fresco minucioso del pasado: esbozo de memoria histórica. Atravieso la cortina de los sentimientos —cretona moral de los espantos y las pérdidas— y leo mensajes cruzados en este blog usurpado que hablan de la vida interior y las emociones. Enciendo el ipod y suena, resuena, atruena, cinco y cuarto de la madrugada, humo en las venas, el poder de las mágicas escalas de J.S. Bach, el teólogo laico. Abro el formidable ejercicio de síntesis musical y cultural de Ramón Andrés, Diccionario de instrumentos musicales (2ª edición revisada y ampliada, 2009) y me quedo ensimismado, ausente. La castañuela (ébano, nogal, boj o granadillo) es un idiófono popular destinado a acompañar las danzas. Cualquier noche de estas, vestido de luces y desgarros, le pego unos naturales de soledad a la farola de enfrente.

 

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