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Manuel de la Fuente ABC

Dijo el poeta que la patria del hombre es su infancia. Tal vez por eso uno tiene la patria dividida. Aquella patria invernal de la Plaza de Oriente y sus estanques helados y aquella patria estival en Pozuelo, una patria de árboles y bicicletas que, por supuesto, eran para el verano. En 1927, gracias a la lotería mis abuelos compraron allí un terrenito, entre los conejos y los chopos, una casita a la que, fetenes como eran, llamaron La Paloma. Los tiempos de aquellos años 30 venían cargados de sangre, pero en aquel jardín compartían un café y un trago del botijo los obreros del ferrocarril, los picapedreros de la carretera de La Coruña, y la pareja de la Guardia Civil, caminera, por supuesto. Nos partió un rayo y la guerra convirtió Pozuelo en una pradera en llamas. Llegó Brunete, y los milicianos de Modesto, Líster y El Campesino pasaban por allí camino de la carnicería de Quijorna. Pero nunca nadie mancilló la imagen de la Virgen en nuestra puerta. Y llegaron los 50, y los 60. En Semana Santa y en verano, a Pozuelo que nos íbamos con los bártulos en la baca del 1.500. Pozuelo era la libertad, Merck y Ocaña en las chapas, las cabañas, el pan con membrillo, las excursiones hasta el búnker que recordaba la matanza, las vacas de la Priégola y su leche recién ordeñada en la merienda, las balas, los casquillos… Pozuelo fue un suspiro, fue aquel primer beso, moderadamente robado, en la arboleda (ahora casi perdida) de la Fuente de la Salud, y tu nombre y el mío trenzados a navaja sobre un enorme corazón en un castaño. Aquel Pozuelo murió y sólo ocupa un lugar desvencijado en la memoria. El hormigón arrasó la patria de mi infancia. Donde te besé arde los sábados la hoguera del botellón, donde debuté en carne de mujer estalla cada fin de semana la cogorza, y ruge ese vándalo que parece que todos llevamos dentro. Me queda la prestación de la nostalgia, me queda el triste subsidio de la melancolía. Pozuelo, otra patria perdida.

marta-lolo(Marta, Lolo y el Gato en Pozuelo, 1987) Foto: max

Recuerdo la tarde de sábado de la foto. Llegamos a Pozuelo en el Simca, por la mañana y después de despertar en Arrieta. Tarde de mesa con cerveza y piscina. Y el ruido del tren cada quince minutos.

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