Etiquetas

,

ABC

A este lado del Atlántico, quizá su rostro no diga nada o casi nada a los aficionados al pop, al gran y genuino pop de los 60. Pero compositores (también fue solista, aunque sin gran éxito comercial) como ella contribuyeron a mostrar la mejor y más bonita cara de la música norteamericana de la década prodigiosa. Tal vez, así a secas, su nombre, Ellie Greenwich (y el de su socio y marido Jeff Barry) no les suene, pero tomen nota de algunas de las canciones que Ellie firmó y probablemente cambien de opinión: «Baby I Love You», «Be My Baby» (The Ronettes); «Then He Kissed», «Da Doo Ron Ron» (The Crystals); «Leader of the Pack», «Out in the streets» (The Shangri-Las); «River Deep, Mountain High» (Ike y Tina Turner)… Ellie, una artesana del pop, orfebre de estas joyas inolvidables, murió el pasado miércoles en Nueva York, a los 68 años, víctima de un paro cardíaco.
Ellie y Jeff fueron además estrechos colaboradores de otros autores como Lieber and Stoller y Bert Burns, así como imprescindibles en el descubrimiento de Neil Diamond y sus primeros hits como «Cherry, Cherry» y «Kentucky Woman», y sus canciones fueron trascendentales para ayudar a dar forma al llamado Muro de Sonido de Phil Spector, aquellas grandilocuentes pero hermosísimas canciones con las que el ahora convicto Spector hizo al pop y a su cuenta corriente literalmente de oro. Con el tiempo, a esas piezas se las ha llamado oldies, pero lo cierto es que la mayoría han envejecido maravillosamente y han reflejado como pocas las desazones y picazones amorosas de los adolescentes, especialmente norteamericanos. Greenwich pertenecía al Salón de la Fama de los Compositores (equivalente del exclusivísimo Salón de la Fama del Rock and Roll) desde 1991, y sus creaciones han vendido a lo largo de los años millones de copias, además de obtener veinticinco discos de oro y de platino. Al margen de su carrera como compositora y cantante, Ellie Greenwich también aportó su voz y su delicioso estilo en los coros de álbumes de artistas como Blondie y Cindi Lauper o en la maravillosa «Brown Eyed Girl» de Van Morrison, en 1967. Ellie Greenwich, adiós a una eterna teenager, hasta siempre a una princesa del pop.
Anuncios