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Antes de embarcarse en el maratoniano rodaje de «El Hobbit», el cineasta mexicano nos sorprende con su debut como novelista con «Nocturna», libro de terror escrito junto a Chuck Hogan que acaba de presentar en la capital inglesa.
Habitación rojo sangre, tresillo negro cuervo y cielo gris londinense ligeramente destripador. Pocos escenarios mejores para charlar sobre vampiros rabiosamente actuales y sin pestazo a ajo victoriano. Además, con un tipo entusiasta, apasionado y desbordante como Guillermo del Toro, que acaba de presentar su primera experiencia como escritor (con la ayuda de Chuck Hogan, uno de los novelistas más prometedores del género de terror): «Nocturna» (Suma de Letras), una historia de chupasangres mutantes localizada en el Nueva York actual y que tendrá cuerpo de trilogía. Todo un banquete previo a la gran reválida como cineasta del mexicano: su proyecto en dos partes sobre «El Hobbit» de Tolkien. ¿Quién dijo bloqueo creativo?

-¿Qué le impulso a pasarse al bando literario a estas alturas de su carrera?

-La verdad es que siempre he sido tan bibliófilo como cinéfilo. De hecho, en mi casa tengo cinco habitaciones para mis libros y sólo una para películas en DVD. Es cierto que empecé a escribir esta novela hace un lustro pero en mi juventud siempre he garabateado relatos y piezas cortas, publicado un ensayo sobre Hitchcock, etc.

-Su visión de los vampiros se aleja mucho del ideal romántico y victoriano de Bram Stoker. Parecen más bien zombis infectados por un virus que criaturas eternas de la noche. Tiene que ver que el primer escritor en publicar un tratado vampírico fue un médico, Polidori?

-Pues algo de eso hay, sin duda. Cuando el vampiro empezó a ser material literario a comienzos del siglo XIX se bifurcó en dos vertientes: la científica monstruosa y la romántica. A mí siempre me interesó más la primera; de hecho en «Cronos», mi primera película, ya hablaba de esa dualidad, como también en «Blade 2». Y ahora con esta novela he querido defender el mito vampírico como si fuese un mutante zombi. De hecho los muertos vivientes de George A. Romero eran vampiros salvajes.

-¿Le fue complicado escribir a cuatro manos?

-Para nada. Yo siempre he estado acostumbrado a escribir guiones a cuatro, seis o veinte manos. De hecho, «El Hobbit» lo estamos haciendo entre cuatro personas. La colaboración entre Chuck y yo fue estupenda desde un principio, pensaba que iba a dedicarse a la parte mas empírica y yo a la lírica y casi ha acabado siendo al revés. Nos corregíamos y editábamos mutuamente sin piedad. Ni los hermanos Coen estarían tan compenetrados (risas).

-¿Teme que algunos tachen su novela de oportunista, considerando el tirón vampírico de la saga «Crepúsculo»?

-Bueno, también podría decirme que la pandemia del libro se refiere a la gripe A o que el accidente de avión fue incluido a última hora aprovechando el caso del siniestro brasileño. Lo de la moda de los vampiros siempre se ha dicho, cuando era adolescente pasó con Stephen King y la Hammer, luego con Ann Rice y películas como «Jóvenes ocultos» y ahora con «Crepúsculo» y algunas series de televisión. Seguro que en breve vemos a un vampiro en el diván de un psicoanalista, como en «Los Soprano». Será el siguiente paso. No me preocupa, yo sigo mi instinto y nada más.

Piensa seguir con esta faceta de escritor o sólo es un «capricho» temporal?

-Sí que me gustaría seguir. Cada día procuro escribir algunos párrafos antes de meterme hasta arriba con «El Hobbit».

nocturna

-Hablando del rey de Roma, o de la Tierra Media. ¿Ya esta concienciado para lo que se le viene encima con este proyecto?

-Todavía me cuesta un poco mentalizarme pero en fin. De todas formas, estoy acostumbrado a subirme el listón. «Hellboy 2» fue más grande y costosa que ninguna otra de mis películas, incluyendo «El laberinto del fauno», y «El Hobbit» será aún más. Lo que más me divierte son los chismes en internet sobre el proyecto: que si van a ser tres películas, que si Viggo Mortensen va a aparecer… Si la última vez que vi a Viggo fue hace siglos y me dio unos pastelillos riquísimos (carcajadas).

-Usted que es un gran aficionado a los videojuegos y a las ultimas tecnologías, cree que en el cine se puede dar el caso de interactividad total que vaticina el «Project Natal» presentado por Microsoft en la reciente feria E3 de Los Ángeles?

-Eso es interesante. No puedo leer el futuro, pero creo que dentro de una década el ocio electrónico será una única plataforma que englobará cine, videojuegos, internet, blu-ray… Una sola experiencia totalmente interactiva.

-¿Y el cine 3D, la última esperanza blanca de Hollywood?

-Puede dar la sorpresa. He visto algunas cosas que no creeríais, como decían en «Blade runner».

-Entonces, en que lugar queda el «pobrecito» libro encuadernado y con papel reciclado?

-Hombre, eso siempre existirá. Quizá sólo para el coleccionista pero en fin, menos da una piedra. Yo tengo cinco mil DVDs y un centenar de LPs, por ejemplo. Si ocurre un «Fahrenheit 451» será el fin de los tiempos.

-Y la pregunta obligada: ¿habrá película de «Nocturna»?

-Precisamente he adquirido los derechos para que nadie ruede una chingada de filme. A lo mejor me lanzo y hago un tebeo en el futuro. Es triste pensar en la literatura como banco de pruebas para rodar una película. Cada soporte tiene su propia química y filosofía. Yo admiro mucho a gente como David Trueba o Gonzalo Suárez que saltan del cine a la literatura tan ricamente.

-Cree que, después de Clive Barker, la literatura de terror actual permanece algo dormida en su ataúd?

-Es posible. Como lector, confieso que compro pocas novedades y releo mucho a los clásicos. Hay cosas de autores como Ligotti o Gailman que no están mal, pero prefiero acudir a las fuentes originales y a coleccionar rarezas.

Se le ve más cómodo y relajado promocionando un libro que una película.

-Pues es verdad. La literatura todavía tiene un componente artesanal y creativo que el cine va perdiendo a pasos agigantados. Le voy a contar algo de lo que casi no he hablado: Chuck Hogar y yo sellamos nuestra colaboración con un simple apretón de manos. Un acuerdo de caballeros, sin todo el papeleo y la burocracia de agentes y representantes de Hollywood, donde la palabra casi no tiene valor. Ahí si que hay vampiros de verdad, aunque sea con corbata (risas). Eso es lo que me gusta de este mundillo. No hay más que comparar la Feria de Francfort con Cannes, que casi es un mercado de ganado.

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