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Alicia

Estaba arrojada al combate de tus ojos…

Estaba arrojada al combate de tus ojos, en la fecundidad de una tierra de esperanza. Asomada a tu frente poseía la certeza del futuro sin tregua, aquel que tus pasos anhelaban construir en el abismo de la vida. Levantó la mirada de la página y recordó imágenes vividas tiempo atrás cuando todavía florecía la adolescencia a la salida de aulas y conciertos, en la ilusión clandestina. Nada parecido había vuelto a ocurrirle desde que te descubrió jugando a mecer las olas en una lágrima sin límites. En el espacio que debía hacer suyo reconoció tus palabras desvistiéndola de inocencia. Un amor furtivo doblaba ahora la esquina del recuerdo y le asaltaba el grito de tu boca. Entonces pensó que no eran necesarias más palabras de rendición porque ya se había entregado sin condiciones al viento de tu noche.

Amanecía al otro lado del silencio y el alba esquivaba las rejas para inundar su pequeño secreto. Oía la vida en la frontera de su cuerpo y supo, un día más, que debía perderse en el olvido. Y, sin embargo, amar la vida por encima de todo fue el último pensamiento en cruzar su frente antes de sentir la violencia sobre su piel. La página era una interrogación insistente y recordó el gesto de tu discurso cuando iniciabas el trayecto hacia la afirmación radical de tu historia. En tus ojos brillaba la consigna nunca herida y pintabas claveles rojos sobre las paredes de la estación.

Madrid, junio de 1989.

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