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Foto: max

Nunca me gustaron los gatos ni los vecinos del quinto, no sé porqué, pero este pequeño tigre que apareció un día en el regazo de Delafú en la casa que habitábamos en Moratalaz, sí que me gustó. Pequeño y guapo, tranquilo y asustado. Y despierto. No recuerdo el tiempo que estuvo pero si sé donde fue a parar: al callejón de los gatos. El callejón donde colgábamos la ropa y donde habitaban muchos otros gatos. Entró por la puerta en brazos, salió por la ventana y no volvió. Seguro que no le gustaba la música que ponía Eduardo. Y no me extraña.

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