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Colectivo Utopía Contagiosa (Rebelión)

En los días anteriores, y a bombo y platillo, se ha publicitado el borrador del tratado por el que más de cien países se proponen acordar la prohibición de uso, producción y almacenamiento de bombas de racimo.

España se ha adelantado a manifestar que va a suprimir estas bombas de sus arsenales y de su producción. El tratado será firmado, si todo va bien, en diciembre, y entrará en vigor a los seis meses de su firma. Pero con ser buena noticia, trae, como todas, su letra pequeña: El tratado no prohibirá todo lo que la prensa dijo.

Primero, deja fuera de su aplicación las bombas de racimo superinteligentes que contengan menos de 10 submoniciones y que respondan a otros criterios (por ejemplo las armas modelo Smart 155 alemanas que al parecer son de las más solicitadas) Segundo, el tratado permite la cooperación militar con países no firmantes y, en esta medida, legitima una producción y venta de estas armas “por encargo” y manchándose las manos los que no lo firmaron. Tercero, Ni Estados Unidos, ni Rusia o Israel (los países que más las usan en la actualidad) han firmado ni están dispuestos a firmar. Según un portavoz de Estados Unidos estas armas han demostrado su eficacia militar y su eliminación sería grave porque pondría en riesgo la vida de los soldados americanos (casi ná). Poco les parece importar la muerte o las amputaciones que sembraron los estadounidenses en Laos donde lanzaron 2 millones de toneladas de bombas de racimo (más que todas las bombas estadounidenses de la II Guerra Mundial)y que se han cobrado más de 12.000 víctimas. Tampoco parece importarles a Israel, que, según la ONU, lanzó en 2006 4 millones de bombas de racimo sobre Líbano.

En España fabrican armas de estas dos empresas principales, la vasca Expal y la empresa Instalaza, dos empresas a las que conviene hacer seguimiento.

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