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Alicia

 

 

 

A María Toledano

Desde la intimidad sin fronteras te imagino ante el mar y veo en el último destello de tu mirada el constante salto por lo absoluto. Las olas te acariciarán como mis dedos anhelan tu presencia física para rescatar del vacío la caricia total. En esta noche desnuda de estrellas recibo de tus labios ausentes secretos milenarios, susurrados por el viento que el mar arroja empapando tu total presencia ante él.
Y aquí se instala la voluntad de verte. El perfil de tu ausencia convierte la existencia en incompleta mientras tu recuerdo construye equilibrios para la esperanza.
Desde la distancia habitas el ser de mi construcción.
Adivino que somos dos gritos inseparables acariciando la madrugada, dos suspiros anhelando la verdad de vivir cuando la afirmación del único combate se hace irreversible.
Y busco en este conjuro total la magia del ser.
Eres volcán que entre sueños me despereza la añoranza regalándome caricias de siglos, eternos amaneceres en compás de lucha abiertos a nuestra esencial voluntad. En su esencia única y radical, la libertad es la realidad tangible de un eco ancestral y la voluntad de amar se traduce en este grito de querer nombrarte, de tomarte encarnado en el principio y final de todo lo atemporal.
En mi conciencia leo tu nombre y tu figura absoluta se recorta en mi gesto habitual anulando la posibilidad de desnudarme de tu recuerdo, arropándome inevitablemente con tu futuro.
Navegando por lo cotidiano no existe el olvido de lo absoluto y radical que me une a ti y quizá la respuesta más cercana a la interrogación que nos envuelve sea aquella de que la conciencia de sí sólo logra su satisfacción en otra conciencia de sí.

Cincinnati 1987

Con todo mi respeto y en su recuerdo, un saludo afectuoso Sra. Toledano.
“Texto rescatado del viejo cuaderno de los sueños, desempolvados del recuerdo, que comían las telarañas de un viejo desván y que testimonian momentos de hace mucho tiempo”. (Alicia Rosales)

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