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Manuel de la Fuente (ABC)

Poeta y novelista (premio Málaga de Novela por «Pregúntale a la noche»), Eduardo Jordá acaba también de editar su último, intenso y hermoso poemario, en el que apresa, condensa, exprime y apura la vida en un «Instante» (Ed. Fundación José Manuel Lara), su sencillo pero muy descriptivo título. Jordá, convencido machadiano (de don Antonio) e igualmente cernudiano, también ha oreado y aireado sus versos en los ventanales, de autores como Yeats, Mandelstam, Edward Thomas, Ajmátova, Ted Hughes, Zbigniew Herbert, que nunca faltan en su equipaje. «Me gustan los poetas con nombres difíciles de escribir y más difíciles aún de pronunciar -ironiza-, aunque su poesía no sea hermética ni indescifrable, sino todo lo contrario. En general, me siento más a gusto entre poetas anglosajones y eslavos».

En «Instante», un libro de lectura deliciosa, Eduardo Jordá atrapa esos momentos, esas luces, y aquéllas sombras que son el vivir y el desvivir. «La mejor herramienta para atrapar instantes (y perderlos) es la vida -subraya-. La poesía sólo consigue hacernos creer que ese “instante” ha valido la pena, para lo bueno y para lo malo, porque contiene un destello del horror y otro destello de la maravilla con que está hecho el mundo». Un viaje a Filipinas, recuerdos, amores, nubes que pasan, amigos… hilvanan la costura de este instante, poemas que como señala Eduardo Jordá «son vida meditada, y espero que trascendida. Eso es para mí la poesía».

«Diez o quince minutos cae la lluvia / sobre el campo obediente. Y es mi patria», escribe Jordá, quizá porque se muestra convencido de que «un poeta es apátrida, pero creo que cualquier ser humano debería sentirse apátrida. Todos hemos perdido la infancia, las ilusiones de la juventud, familiares, amigos, así que no hay nada que me permita considerarme poseedor de una patria que no sea una entidad puramente administrativa». Poesía, un acto de servicio en aras de la vida. «Escribimos poesía porque tenemos esperanza en alguna clase de trascendencia; queremos perdurar de alguna forma que nos permita engañarnos con la posibilidad de otra vida: una vida mejor, satisfactoria, una vida sin horror ni desesperación ni muerte».

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