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Manuel de la Fuente / ABC

Como Funes, el memorioso por más señas, la Comunidad de Madrid ha querido hacer memoria y abrirle un hueco a la figura del argentino Jorge Luis Borges en una biblioteca popular de nuestra ciudad, la de Retiro, que después del verano, y ya bajo el nombre del propio fabulador boanerense, va a albergar la subsede europea de la Fundación Internacional dedicada al autor de «Historia universal de la infamia», entidad que preside la que fue su última compañera, María Kodama, la mujer «a través de la que yo siento», como él mismo decía cuando ya las penumbras y las tinieblas de la ceguera anegaban sus ojos, que no su mirada.

La propia Kodama y Santiago Fisas, consejero de Cultura, pusieron en marcha ayer este proyecto en la misma biblioteca, que recalará en nuestra Villa, aunque, como fue resaltado vivamente durante la presentación, se habían recibido numerosas ofertas de otras ciudades europeas.

En su juventud, Borges estuvo bastante vinculado a nuestra ciudad, donde entabló amistad, humana y literaria, con Rafael Cansinos Assens, a principios de los años veinte, cuando los «ismos» y las vanguardias recorrían Europa, de Madrid a Moscú, pasando por Ginebra (otra de las patrias borgianas), Berlín, París… En Los Madriles, Jorge Luis Borges conoció y paseó por la Plaza Mayor, el Madrid de los Austrias, el Viaducto… un Madrid muy distinto en la forma (aunque con el mismo corazón) que el que años más tarde visitaría con la propia Kodama.

Edición crítica

Cuando el proyecto esté constituido, la actual Biblioteca Popular de Retiro se convertirá en el epicentro de numerosas actividades dedicadas al narrador argentino, y también acogerá algunos manuscritos originales de Borges, siempre con el ánimo de que su vida y obra puedan ser mejor conocidas y estudiadas. «Se trata, en suma, de conocerle de otra manera -explicó María Kodama-. Porque Borges no era triste, ni estaba amargado, realmente, era una persona divertida. ¿O piensan ustedes que yo soy masoquista? No podría haber pasado tantos años junto a una persona triste y sombría».

La Biblioteca también albergará obras de autores coetáneos del creador de «El hombre de la esquina rosada», como Julio Cortázar, y también de otros escritores de la Argentina. Igualmente, Kodama avanzó que ya va siendo hora de ir pensando en realizar una edición crítica de la obra completa de Borges, y destacó que el fabulador, ensayista y cuentista, criado en el barrio bonaerense de Palermo (navajas y trifulcas, tangos y ligueros en la madrugada) fue, como todos, feliz a ratos, infeliz, también como todos, otros tantos, pero que siempre se le ha acabado recordando por unos versos doloridos: «Cometí el peor de los pecados, no fui feliz».

Por la tarde, María Kodama visitó la exposición «El Atlas de Borges», en el centro cultural de la antigua fábrica de El Águila, a espaldas de la estación de Atocha. La muestra, que se inauguró el pasado 28 de enero y permanecerá abierta hasta los últimos días del mes de marzo, está compuesta por un nutrido puñado de fotografías «personales» de María Kodama y Jorge Luis Borges (ciento treinta concretamente), y deja notoria constancia de los periplos humano-literarios del autor.

Itinerario geográfico

Sus viajes por Creta, Toledo, Ginebra, Egipto, Estambul, y está ilustrada por textos del propio Borges como varios de sus haikus («La vieja mano sigue trazando versos para el olvido»; «Hoy no me alegran los almendros del huerto. Son tu recuerdo») y sus comentarios sobre los viajes: «Descubrir lo desconocido no es una especialidad de Simbad, de Erik el Rojo, o de Copérnico. No hay un solo hombre que no sea un descubridor. Empieza descubriendo lo amargo, lo salado, lo cóncavo, lo liso, lo áspero, los siete colores del Arco y las veintitantas letras del alfabeto; pasa los rostros, los mapas, los animales y los astros; concluye por la duda o por la fe y por la certidumbre casi total de su propia ignorancia».

Borges, como siempre, de fábula. Y en Madrid.

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