Etiquetas

,

Javier Cortijo (CRITICOTECA)

“Memorias de Queens”. El minuto de oro.
Si extendemos plácidamente la memoria como si fuera un perfecto día privado de playa y dejamos desplegar sus tentáculos hasta que hagan cosquillas al estreno más recóndito del año, quizá obtengamos una recompensa parecida a la de amaestrar caracoles: lenta frustración. Aparte de que Hollywood ya no tiene quién le escriba, el cine hace tiempo que dejó de componer sinfonías compactas, gloriosas y redondas. Así que, entre los doscientos y pico estrenos, del medio millar largo del 2007, que nos hemos tragado más por obligación que por devoción, se salvan del pelotón de fusilamiento contados politonos y relámpagos: el tic salvaje de “El último rey de Escocia”, la ovación crepuscular de “Rocky Balboa”, la pelea sudorosa de “Promesas del Este”, la “iluminación” culinaria de Anton Ego al probar el “ratatouille”… Pero, entre todos, sobresale el minuto de oro del año: en realidad, ciento siete segundos de pureza emocionante, encima engarzada en medio de ese torbellino de cables pelados incontenible, callejero y brutal que Dito Montiel urdió para su ópera prima, “Memorias de Queens”. Por supuesto, hablamos del reencuentro inesperado y “veronés” entre el hijo pródigo venido a menos y su enamorada platónica llegada a ninguna parte. Poquísimas veces ha habido tanto tonelaje de sentimientos acumulados como entre los “hey” que se dedican Dito y Laurie a modo de saludo, o temblor de ocasiones perdidas como en el detalle de los dedos de Robert Downey Jr. (también portentoso en “Zodiac”) cuando le dice al chaval que conoce a su madre (Rosario Dawson, cada año más deslumbrante) desde que era “así” de pequeña. Casi no importa que el resto de la película sea un potente, aunque irregular (¿a quién narices le importa la regularidad? ¿A los ciclistas?), cóctel entre Spike Lee, William Wyler y Scorsese (ahora que a Marty le preocupa más ser como Hitchcock). Este fragmento vale casi la eternidad y un año de cine. Por lo menos, para mí. El resto, lágrimas en la lluvia, ya sabéis. Supera esto, 2008.

Anuncios