“Canto al teatro desde el escritorio y el escenario” (Manuela Vera )

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“Canto al teatro desde el escritorio y el escenario”

Manuela Vera. El teatro está vivo y está muerto. Es una experiencia, es un encuentro, un recuerdo y una impresión. Es poesía, es espectáculo, es música, literatura, pintura y escultura. Es espacio y es tiempo. Es respiración, sudor y cuerpo. También es el espíritu de otro u otros que duermen en las páginas de los libros y que reencarnan porque vuelven a la vida cuando un lector abre la obra escrita y accede a ella desde la lectura y en su imaginación.

El teatro se siente, se piensa, se ve, se escucha y a veces hasta se huele y se toca. Que si es actuación o relato, performance o drama, que si presenta o representa, que si es clásico, moderno o posmoderno, que si se estudia o se hace, solo afirma que es teatro.

No hay teatro, hay teatros en plural. Hay teatristas, teatreros, gentes del teatro, dramaturgos, dramaturgistas, directores y espectadores, actores, actuantes, performeros, jugadores, payasos, bufones, farsantes, comediantes y faranduleros.

Collage: Pedro A. Martín

Y así como sabios, hay maestros con y sin fanaticada, pero también aprendices y aficionados, charlatanes y oportunistas, narcisos y atormentados.

El teatro educa y divierte, enseña y entretiene, crítica y glorifica, ataca y defiende. Hay buen teatro y mal teatro. Hay obras que conmueven, que te golpean, que te sacuden. Hay otras que asustan, que escandalizan, que frustran e indignan.

Hay quienes lo consumen, quienes lo defienden y quienes lo idealizan. Hay muchos otros que lo ignoran. Para unos es importante, para otros indiferente. Para algunos es algo nuevo, para otros una milenaria expresión artística. Teatro es tradición, La Poética Aristotélica tradición vieja, la convención de la cuarta pared tradición nueva.

El teatro no es religión, aunque algunos lo vivan con devoción y con fe. El teatro ha estado al servicio de Dioses y de Dios, pero siempre desde la mirada de los hombres. El teatro no es una secta, aunque se comporte como secta.

El teatro es humanista, existencialista, ideológico, ilustrado, científico y abstracto, literal y natural, y al mismo tiempo popular. Pero sobre todas las cosas que puede ser o no ser, es una forma de vida que siempre indica nuestra humanidad.

Fuente: http://www.artezblai.com/artezblai/canto-al-teatro-desde-el-escritorio-y-el-escenario.html

“La Unión Europea y su crisis” (Juan Diego García)

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“La Unión Europea y su crisis”

Texto: Juan Diego García / Collage: Pedro A. Martín

La crisis actual de la Unión Europea ha sido sin duda el tema central de la reunión de gobernantes en Roma, celebrada para conmemorar los 60 años de existencia de este bloque de países del Viejo Continente. Las declaraciones y el mismo llamado del Papa Francisco no consiguen superar el formalismo y el umbral de las buenas intenciones que en su conjunto no hacen más que poner de manifiesto que ante la gravedad de la situación nadie tiene soluciones realistas. La manifestación de sectores populares que exigían un retorno a los ideales que permitieron el surgimiento de la Unión es el único factor de optimismo, si bien moderado en extremo ante el clamor de tantas fuerzas de la extrema derecha y del nacionalismo excluyente que exigen su disolución.

La crisis no es solo económica aunque los efectos perniciosos de las políticas neoliberales si están en la base de la misma. Desde que se impuso en Europa la política neoliberal todos los acuerdos llevan irremediablemente al desmonte de las diversas formas de estado de bienestar que después sobre todo de la Segunda Guerra Mundial han permito a las mayorías sociales de estos países un nivel de vida y de derechos civiles y sociales que nunca antes se había conocido. Terminó predominando la llamada “Europa de los banqueros” en contraposición de la “Europa de los pueblos”. Los drásticos recortes en todas las esferas de la vida diaria, el llamado “austericidio”, han ganado terreno en todos los países del Viejo Continente como resultado del abandono clamoroso de sus respectivos idearios por parte de las dos grandes corrientes políticas: la socialdemocracia y la socialcristiana; ambas han claudicado, cada una a su manera, ante los planteamientos neoliberales, o lo que viene a ser lo mismo, ante las exigencias del gran capital financiero y especulativo. No sorprende que, guardando las diferencias necesarias dado el grado de desarrollo de cada país, se registren formas muy similares de reducción drástica del gasto social, disminución considerable de la participación del trabajo en la tarta de la riqueza (y aumento desmesurado y correspondiente de los beneficios del capital), incremento del desempleo y una tendencia peligrosa a la generalización del empleo precario, sistema de pensión en riesgo (en unos países con creciente envejecimiento poblacional) y en general el desmantelamiento de los sistemas tradicionales de protección, de seguridades básicas que son los mecanismos modernos que permiten el equilibrio social, la confianza en el futuro y el convencimiento en los beneficios de la solidaridad como práctica social generalizada. De tantas formas, estas políticas neoliberales aplicadas en las décadas anteriores están “americanizando” a Europa, al menos en los países que apostaron con entusiasmo por un capitalismo sometido a moderaciones y controles luego de la experiencia dolorosa del fascismo y la guerra (a la vez que antídoto para neutralizar la influencia de un movimiento comunista en ascenso).

En este contexto no debe entonces extrañar que el desmonte del Estado del Bienestar en sus fundamentos económicos produzca también efectos perniciosos en la vida política y social del continente. No debe sorprender que el supuesto paraíso neoliberal, finalmente convertido en un infierno para sectores importantes de la población y en amenaza para el resto, condicione de diversas maneras la vida política cotidiana y que buena parte de la ciudadanía perciba que las autoridades máximas de la UE son tan responsables como sus políticos nacionales (si no mucho más responsables). Si el modelo sobre el cual se impulsó originariamente la Unión Europea se abandona y en su lugar se impone otro diferente que produce resultados tan nefastos para sectores amplios de la población es normal que aumente el rechazo a la Unión, tanto desde la izquierda como desde la derecha extrema que aprovecha la ocasión para impulsar el nacionalismo más agresivo, acompañado de xenofobia y hasta de un racismo que en tantos aspectos recuerda las banderas siniestras de otras épocas.

Los intentos de introducir algunos matices al proyecto neoliberal por parte de conservadores y socialdemócratas (ambas, las fuerzas políticamente mayoritarias, hasta hoy) no parecen cambiar la tendencia más o menos general de desgaste de estos partidos que controlan los gobiernos locales y las instituciones de la Unión Europea. Son intentos fallidos ante el empuje de la extrema derecha en Francia, Alemania, Holanda, Italia, Grecia, Austria, Reino Unido (para citar solo los casos más relevantes) y de forma clamorosa y hasta esperpéntica en tantos países del antiguo bloque socialista del Este del continente, con especial manifestación en Hungría y Polonia y en una Ucrania candidata a ser miembro de la Unión y gobernada ahora mismo por un partido abiertamente nazi.

Los partidos mayoritarios (socialdemócratas, conservadores y liberales) aparecen desgastados y en retroceso; las fuerzas de la extrema derecha están en ascenso y las tendencias de renovación de la socialdemocracia y otras fuerzas reformistas aunque en auge son aún minoritarias. Este sería entonces un panorama político caracterizado sobre todo por la incertidumbre.

En tales condiciones cualquier cosa puede acontecer y el futuro no es halagüeño para la Unión Europea. Los movimientos nacionalistas renacen con brío y recelan de cualquier forma de cesión de soberanía a poderes centrales y aparecen claramente identificados con la derecha. A la izquierda, por tradición mucho menos adherida a los prejuicios nacionalistas, crece igualmente la oposición al modelo vigente aunque por motivos bien distintos. Algunos grupos consideran que resulta imposible reformar la actual UE y en consecuencia proponen la salida; otros, sí desean permanecer pero para retornar al ideal originario del proyecto, para volver a la Europa de los pueblos, de la solidaridad interregional, de la paz y de la cooperación internacional. El nacionalismo de la extrema derecha apuesta abiertamente por la disolución de la UE, aprovechando el descontento entre tantos sectores (populares, sobre todo) ante los resultados concretos que para ellos tiene esta Unión Europea de “mercaderes y banqueros”. Como en el fascismo clásico envenenan la vida diaria y enervan los ánimos de una población golpeada por la crisis fomentando el racismo y la xenofobia y utilizando el viejo mecanismo del chivo expiatorio al que se hace responsable de todos los males; los judíos y comunistas de ayer son ahora los árabes, los africanos y los inmigrantes en general, por supuesto siempre que sean pobres.

La atmósfera social y cultural que se respira en el Viejo Continente corresponde bien a la crisis económica y política. Los casos de corrupción ya no son una excepción -la alegada “manzana podrida en el impoluto cesto de las instituciones”- sino lo cotidiano aún en países en los cuales el fenómeno parecía superado plenamente. En realidad, solo las sociedades nórdicas parecen aún más o menos inmunes a este mal que tanto deteriora al sistema y sobre todo que tanta legitimidad resta al estado de derecho. Los escándalos son diarios y cunden por doquier: candidatos a los más altos cargos del estado, políticos en ejercicio, altos funcionarios, jueces y policías, sometidos a procesos por corrupción y malos manejos que ya no sorprenden a nadie.  Una institución como el FMI ha registrado un escándalo tras otro; ya no es solo que se la identifique como la responsable principal del impulso de las políticas económicas más dañinas para la economía mundial (en buena medida, precisamente las causantes de la crisis actual o al menos de la forma tan dramática como se produce) sino que su actual presidenta y los dos presidentes anteriores están asociados a asuntos turbios, a comportamientos abiertamente ilegales.

No sorprende entonces que con tales partidos y con tales políticos el sistema pierda legitimidad y que solo una enorme ingenuidad permita pensar que tales protagonistas tienen la capacidad (y la voluntad) de sacar a sus países del marasmo actual y menos aún de salvar el proyecto de unidad europea, ahora en tan profunda crisis. La salida del Reino Unido solo es el principio. Los procesos separatistas en España (Cataluña y probablemente también Euskadi) o la posible victoria de la extrema derecha en Francia ensombrecen aún más el panorama. El aviso que dio Grecia en el pasado reciente se vuelve ya una riego enorme que puede reducir la UE a un par de países ricos en cuya periferia se mantendrían algunos “asociados”  (¿es ese el objetivo real de la propuesta de “una Europa de dos velocidades?). En el peor de los escenarios se podría pensar inclusive en la extinción del proyecto que en su día se asoció a la paz recién conquistada tras la Segunda Guerra Mundial, al pacto capital-trabajo y al Estado del Bienestar como solución a las crisis del sistema.

A todo esto habría que agregar la apuesta bélica de los principales miembros de la Unión Europea marchando al lado (mejor “a la cola”) de los Estados Unidos en sus aventuras militares; a su activo compromiso en las guerras en curso; al distanciamiento europeo de Rusia que en nada benefician sus intereses y, en la práctica, a convertir el Viejo Continente en una potencia de segundo orden, precisamente cuando el poder omnímodo de los Estados Unidos declina sin remedio y el panorama internacional aconsejaría explorar otros caminos de cooperación en función de los intereses propios. Nunca se consiguió que la UE tuviera realmente una política exterior común; en tales condiciones, era casi natural que militarmente se acabara jugando el rol de “fuerza secundaria” del imperialismo estadounidense; otra forma de enterrar el objetivo inicial de los impulsores de la Unión de convertir a Europa en zona de paz y garantía de estabilidad mundial.

“El día que las mujeres tomaron la calle” (Marina Gallardo Izquierdo)

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Texto y fotos Marina Gallardo Izquierdo

El día que las mujeres tomaron la calle

Desde que era una niña he sabido que el 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer, o como lo llamábamos antes, Día Internacional de la Mujer Trabajadora –menos mal que parece que poco a poco vamos entendiendo la importancia de la adaptación del lenguaje para expresar una realidad cambiante-. Pero este 8 de marzo ha sido para mí un 8 de marzo diferente, un 8 de marzo especial, un Día Internacional de la Mujer en el que no sólo he comprendido, sino que he sentido, el significado de palabras tan elementales en el movimiento feminista como sororidad y empoderamiento. Este 8 de marzo ha sido para mí el primer 8 de marzo que he vivido con conciencia feminista y con ganas de agrupación y lucha.

Desgraciadamente, no nacemos en comunidades que tomen el feminismo como base de la educación de las personas, como un elemento transversal e indiscutible en todos los aspectos de la vida, lo que nos obliga a deconstruir el machismo que desde niñas hemos ido aprendiendo y asumiendo como algo natural; ese elemento biológico que como sociedad debemos perpetuar porque “siempre ha sido así”. A mí aún me queda mucho camino por recorrer, muchas mujeres de las que aprender y muchas batallas por encarar, pero siento que voy por el buen camino cuando un 8 de marzo no felicito a mi madre por ser capaz de ser buena trabajadora, buena madre, buena esposa y todo lo que se espera de ella; sino que la miro y, de repente, me siento en deuda con ella por haberme dado el amor, la libertad y la conciencia crítica para saber que por ella, por mí, por las que fueron, por las que son y por las que serán, debo luchar.

Así que este 8 de marzo salí a la calle y allí me encontré con un Madrid lleno de fuerza, lleno de sororidad y empoderamiento, lleno de mujeres que estaban allí por un objetivo y un mensaje común. Mujeres que estaban allí para gritar y expresarse. Mujeres que tomaron un espacio público que les ha sido denegado y alzaron la voz para decir “LA CALLE TAMBIÉN ES NUESTRA”. ¡Y ya lo creo que lo es! Yo lo sentí, sentí que no estaba sola y que esto es lo que significa el 8 de marzo: unión, lucha y FEMINISMO.

Mujeres de todas las edades y condiciones, gritando todo tipo de mensajes y siguiendo una dirección común. No puedo decir con exactitud cuántas personas había pero eran tantas que cada vez que me subía a una de las barreras de los laterales de Gran Vía para hacer una foto, se me encogía el corazón y me veía invadida por una sensación de orgullo y compañerismo indescriptible.

Para mí, fue un momento para sentirme feliz por lo que estaba viendo y por estar siendo partícipe de ello. Me sentí arropada y empoderada. Pero no se me olvida que el 8 de marzo no es un día feliz. El 8 de marzo llega cada año para recordarnos que las mujeres debemos seguir tomando las calles porque se lo debemos a las demás, se lo debemos a todas las mujeres que sufren el machismo más cruel, inhumano y aberrante; se lo debemos a las víctimas y a aquellas que lo sufren en silencio; se lo debemos a las que aún no conocen las palabras sororidad y empoderamiento; se lo debemos y nos lo debemos a todas.

Ahora sé que no debo esperar a que vuelva a llegar el 8 de marzo para salir a la calle a gritar y a exigir una igualdad real. Ahora sé que cada día de mi vida debo gritar ¡JUNTAS Y FUERTES FEMINISTAS SIEMPRE!

Texto y fotos Marina Gallardo Izquierdo

“Podemos no se debe ahogar en las aguas de la paradoja de la política” (Sebastián Peñuela Camacho)

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Sebastián Peñuela Camacho. 

Ciencias Políticas, Pontificia Universidad Javeriana

Fotografías: Marina Gallardo Izquierdo

(Madrid, España 13 febrero)

sebas

“En el fondo, la tristeza después de Vistalegre II, esa que se podía leer en algunas de las caras de los asistentes, la misma que retrata la enfermedad que está sufriendo Podemos en estos momentos, no es propiamente la del debate ideológico, sino por el contrario, su incapacidad por siquiera afrontar la paradoja de la política”

Afirmar que los libros de historia hablarán de Podemos no significa, por ningún motivo, una frase vacía. A pesar de ello, hoy por hoy, son todavía pocos quienes han estudiado a fondo este partido político español que, por sus antecedentes y el contexto en el que surge, se presenta en la actualidad como uno de los faros de esperanza ante el confuso y oscuro momento en el que nos encontramos. Son ampliamente conocidas sus hazañas, esas de cómo en apenas dos años, un grupo de profesores universitarios y activistas sociales, lograron pasar de la calle a las instituciones con una mochila cargada de ilusiones y anhelo por una verdadera democracia. El mundo mira constantemente a Podemos, lo reconoce como un partido distinto -quizás como el posible horizonte hacia el que deben ir los nuevos proyectos contrahegemónicos- es en definitiva ese ejemplo vivo de cómo hacer política lejos de la vieja política y de cómo sobrevivir sin ser financiado por los bancos. Podemos tiene sus soportales en el apoyo y la cooperación de su militancia, aquella que se reúne semana tras semana en los distintos círculos políticos que se establecieron en los barrios de las ciudades españolas tras el 15 M, y que el pasado fin de semana llenaron las graderías del II Congreso de Podemos (Vistalegre II) con una asistencia de aproximadamente 10.000 personas.

Sus militantes, provenientes desde los distintos rincones de España –que para transportarse hasta Madrid se organizaron y autogestionaron en los temas referidos al alojamiento y transporte- asistían a un congreso que, días atrás, se anunciaba como la antesala de una verdadera batalla campal. La fraternidad por la cual se reconocía a Podemos, esa misma en donde se pregonaba que los líderes no son por ningún motivo el centro del partido y que las diferencias eran precisamente el abono que hacía crecer la primavera podemita, se fracturó en Vistalegre II. Los abrazos que quedaron en la foto final del evento político, son ahora el reflejo de una triste realidad, y a su vez, el verdadero reto que les exige la historia: sobrevivir a las paradojas que apagan la llama de la esperanza. Como si se corriese contra un muro, las hazañas de Podemos, la mística que giraba en torno al partido morado que representaba la feminización de la política y las aspiraciones por la localización y la descentralización del poder, se estrelló ante el muro de la realidad: el debate se terminó por zanjar con un fortalecimiento de la figura de Secretario General, una diversidad aún más limitada, y unos resultados para el consejo ciudadano (el órgano central del partido), donde de los diez más votados para componer dicho órgano, apenas dos fueron mujeres.

Del “no nos representan” al “si se puede”:

Podemos fue una necesidad histórica. En un contexto de crisis económica y política, que se refleja cada vez más en la definitiva ruptura de los tradicionales sistemas de partidos y el desmantelamiento de la burbuja del Estado de bienestar, en España se encendió un fuego de esperanza con lo que se terminó por denominar el 15 M. Este movimiento social, espontaneo y producto de la inherente rebeldía ante un futuro oscuro e incierto, tuvo como una de sus principales consignas la necesidad de comenzar a repensar el limitado sistema democrático instaurado hasta el momento. De ahí aquellos memorables carteles que adornaron la mítica Puerta del Sol y las principales plazas de España, reafirmándole a la casta política que: “no nos representan”; “me gustas democracia, pero estás como ausente”; “no somos antisistema, el sistema es antinosotros”; “nuestros sueños no caben en vuestras urnas”. La Puerta del Sol, durante unos meses y posteriormente en los círculos barriales que se crearon en las distintas localidades de las principales ciudades españolas, se comenzaron volver la expresión viva de lo que es, por esencia, la democracia. Podemos surge en ese contexto, porque supo atender al llamado de la historia y, en definitiva, porque se atrevió a emprender la difícil tarea de conquistar el espacio de las instituciones, entendiendo a éstas como un mecanismo fundamental para el cambio social.

En apenas tres años desde su fundación, Podemos pasó por los tiempos de las hazañas electorales, aquellas donde, a pesar de su juventud, irrumpió en las instituciones europeas con una importante representación, fracturó el sistema político español y llegó a al Parlamento de España como tercera fuerza política, rozándole los talones al histórico Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Haciendo uso de los círculos surgidos tras el 15 M y alimentado por una mística que los hacía ver ante la gente como un partido distinto, Podemos buscó afirmarse como la verdadera y única opción política para el cambio. Tal y como lo reconocen la mayoría de las partes que lo componen, y como también lo hacen sus distintos aliados electorales en las regiones de España, Podemos logró estas hazañas porque se volvió una verdadera maquinaria de guerra electoral. El nacimiento de una figura carismática y rebelde como Pablo Iglesias, acompañado por un impecable equipo encabezado por su amigo y compañero de luchas, Iñigo Errejón, fueron elementos decisivos para el rápido crecimiento electoral que tuvo Podemos en apenas tres años. En sus mítines de campaña coexistían los distintos movimientos sociales que puede haber en la actualidad –desde los anticapitalistas, pasando por los ecologistas y LGTBI, hasta llegar al histórico movimiento feminista- siempre trabajando unidos y planteando en la agenda política los temas olvidados por la “vieja política”. El joven partido se leía como un espacio de fraternidad, democrático, donde las diferencias podían convivir gracias a ese común objetivo, ese que precisamente los hizo nacer: devolver las instituciones a la gente.

De la fraternidad a la pelea del “y tú más”:

Los días previos a Vistalegre II, estuvieron marcados por un duro debate entre las distintas posturas que convivían en este joven partido. Posturas que, como un fiel relejo del momento histórico, representan el más actual de los debates en el ámbito de la teoría política. Por un lado, estaba Pablo Iglesias, Secretario General del partido y ex candidato presidencial, que planteaba a un Podemos devuelta a la lucha antagónica entre la izquierda y la derecha y, en definitiva, como un partido netamente de oposición ante el débil gobierno de Mariano Rajoy (la tesis del bloque social de Antonio Gramsci). Por ello, a pesar de estar en las instituciones, frente al triunvirato que está componiendo el PSOE, el partido de derechas Ciudadanos, y el Partido Popular de Mariano Rajoy, la tesis pablista propone volver a cavar trincheras en la movilización social, volviéndose así Podemos un altavoz parlamentario de la lucha social. De esta forma, se renuncia a la media social –aquellos que todavía no votan a Podemos- en búsqueda de reafirmar y asegurar a los que ya están –los militantes de calle que principalmente componen al partido-, en otras palabras, una apuesta por la radicalización del discurso desde la perspectiva de la izquierda y el reconocimiento de las históricas luchas sociales.

Quién hasta hace unos meses era su mano derecha, Iñigo Errejón, encabezó la corriente que se enfrentaba a Iglesias y su entorno, planteando que la única forma para que Podemos se pueda convertir en una verdadera fuerza de gobierno, pasa por superar el debate de antaño entre izquierda y derecha. Esto es entender al momento político como una lucha entre los de abajo –los damnificados de la crisis política- contra los de arriba -los poderosos que han generado la crisis- y que exige, en consecuencia, plantear la lucha desde la transversalidad social (esta es la tesis de “construcción de pueblo como actor político” expuesta por los teóricos posmarxistas Ernesto Laclau y Chantal Mouffe). De esta forma, de acuerdo a Errejón, para que Podemos pueda ser un partido ganador, debe éste hacer una combinación entre la tesis populista -basada en la construcción de una mayoría social sin etiquetas y que define su identidad a partir de la distinción entre el “nosotros” y “ellos”, “los de abajo” y “los de arriba”- y la reinterpretación de Podemos como un partido, ya no que asuste y de miedo, sino que es funcional porque defiende y construye a un pueblo, también, a partir del trabajo en las instituciones.

Foto abajo: Foto: Manifestación #Fueralamafia (05.11.2013)

Como una importante minoría dentro del partido, el movimiento de los anticapitalistas también hizo sus aportaciones al debate ideológico. Provenientes de los distintos movimientos sociales, todos de mayor trayectoria política que el mismo Podemos, trajo al debate político la importancia de una verdadera feminización de la política. Manteniendo un discurso claro y coherente, los distintos representantes del movimiento anticapitalista, que a diferencia de las corrientes que dirigen Iglesias y Errejón, lograron crear un discurso que superara la mística entorno al personalismo político. Sus documentos políticos abogaron por profundizar la relación antagónica con los partidos del bipartidismo español, el Partido Popular y el PSOE, abogar por un Podemos radicalmente democrático, vinculando de nuevo a la sociedad civil, y siendo este el generador una nueva gran movilización social por el cambio.

El debate que en sus inicios era fraterno, terminó por volverse un verdadero campo de batalla de acusación entre las distintas corrientes políticas que conforman a Podemos. Sin ser claro para el público externo, incluso para quienes son sus votantes pero que no hacen parte activa de los círculos políticos, el conflicto ideológico escaló a tal punto de volverse ya un debate personalista y de lucha de poder. O incluso, pudiese ser que todo fue a la inversa: el personalismo y la lucha por el poder terminó por profundizar las diferencias ideológicas. Todo llegó a un punto radical, y no en el sentido democrático, donde algunos tildaron a sus propios compañeros y compañeras de partido como traidores y falsos; parecía que incluso ya no fuesen del mismo partido.

De una asamblea ciudadana a un congreso por el poder:

La tensión entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, aquellos que eran compañeros de lucha social y amigos de antaño, devoró el congreso de Podemos. Se polarizó el debate durante las semanas de votación y el resultado terminó por ser la clara representación de esto. En los días previos a la asamblea ciudadana, Pablo Iglesias, puso su cargo a disposición, e incluso su escaño en el Parlamento, si sus documentos políticos no eran los ganadores ¿Las diferencias ideológicas eran tan radicales como para no poder asumir y representar a las ideas de los otros? Más aún, ¿esto no es precisamente en lo que consiste la construcción de un movimiento democrático? Lo que si queda claro es que, con la aplastante victoria de Iglesias, y la precaria representación de los anticapitalistas debido al sistema electoral diseñado por el nuevo número dos de Iglesias, Pablo Echenique, la pluralidad cada vez se hacía un horizonte más lejano; los anticapitalistas, pese a sacar un 13% de la votación quedaron con apenas un 3% de representación en el consejo ciudadano. En definitiva, el Podemos previo de la asamblea de Vistalegre I, es completamente distinto al Podemos que ha quedado tras Vistalegre II.

Estar en una de las sesiones organizadas por los círculos de Podemos y asistir a Vistalegre II en las graderías, alejado de las cámaras de televisión y el foco mediático de los líderes políticos, es la óptima posición que permite ver que, como siempre, es al final la “gente invisible” quienes dan las verdaderas lecciones en política. En el encuentro feminista que se celebró en el multicultural barrio madrileño de Lavapiés el martes 7 de febrero, de acuerdo a lo expuesto por los mismos militantes, contrario a los demás actos de campaña previos a Vistalegre II el encuentro feminista había logrado convocar una cantidad de gente que precisamente había estado ausente en los demás eventos. Asistió una gran diversidad de público que se componía por mujeres y hombres de todas las edades y estilos. El evento que había sido organizado por la única lista que iba unida hacia Vistalegre II –una confluencia únicamente para los documentos sobre feminismo, compuesta por la corriente de Iglesias y la de los anticapitalistas- terminó por volverse una interesante expresión dialógica. La gente tuvo la capacidad de escuchar a sus lideresas, pero también de preguntarles y cuestionarles, de dialogar y compartir unos minutos cuando ya el evento se había acabado. Fue un espacio para el diálogo, para el reconocimiento, pero que, por las mismas tensiones que ya se habían creado como producto del enfrentamiento entre los dos líderes de Podemos, no fue ajeno a la batalla de dardos que estaba viviendo el partido en esos momentos.

Por otro lado, más allá de los enérgicos y extraordinarios discursos escuchados en Vistalegre II –todo ello en el marco de un montaje impecable, con pantallas y un pianista incluido que tocaba para avisar que ya se había acabado el turno de palabra- la plaza de Vistalegre terminó por escenificar a la perfección la verdadera crisis de Podemos. Su gente viajo desde distintos lugares del país, asistiendo con una gran sonrisa y llevando a cuestas las banderas de sus círculos políticos, para ver como los anillos de seguridad los separaban de los líderes que algunos, quizás, esperaban conocer. El público se formaba en las graderías, alrededor de una platea donde únicamente estaba la prensa y las personas de altos cargos dentro del partido. Líderes sentados a espaldas de su gente, parándose cuando era debido y mirándolos únicamente en los momentos en los que querían hacer resonar una consigna. Pese a ello, la energía y la emotividad de la gente, esa ilusión de querer hacer parte de la historia, hicieron de las graderías una verdadera fiesta. Fue allí donde se dio la primera lección por parte de los militantes: tanto errejonistas, como pablistas, anticapitalistas y demás corrientes que componen Podemos, se alzaban para gritar UNIDAD. Fue tantas veces repetido este grito, irrumpiendo incluso por momentos los que los mismos líderes proponían, que terminó por volverse el verdadero mensaje de Vistalegre II. Algo habrá escuchado Pablo Iglesias ya que, de su discurso de victoria, el principal mensaje que dejó fue reconocer la necesidad de que haya mayor humildad y la importancia de construir la unidad en Podemos.

De las paradojas… a las paradojas:

Ya a la salida del congreso, después de presentados los resultados y reafirmados los personalismos, una militante le comenta a un señor: “que no se vuelva a equivocar Pablo, que unidad lo que significa es pluralidad, y humildad se debe referir más a reconocer la necesidad del otro”. Esos mismos libros de historia, donde el nombre y la historia de Podemos ya está escrita, también hacen referencia a las palabras de esa militante. Podemos se estrelló contra un muro y se ahoga en una de las eternas paradojas de la política: cómo construir un partido político, tomarse a las instituciones, y mantener a su vez una democracia radical.

La unidad no significa uniformidad, la humildad no se refiere a ser más noble, democracia no es limitarse al proceso de elección de un secretario general. Una democracia radical no consiste en aquello que otro militante de Podemos murmuraba ya en la salida: “esto se está volviendo como decidir entre o-todo-o-nada” ¿Cómo solventar la tensión entre un partido que quiere ser más democrático y el voraz juego electoral que requiere una férrea maquinaria de votos? ¿Cómo darle voces a la pluralidad, manteniendo siempre la unidad? ¿Cómo feminizar un partido cuando, de diez personas, la militancia solamente elige a dos mujeres? Más aún, ¿cómo interpretar la nueva política y plantear una democracia radical a partir de la idea de un secretario general? La cada vez más lejana tranversalidad del 15 M, expresión viva de una democracia radical, se está perdiendo en las paradojas de los oscuros y contradictorios pasillos del sistema político y el juego por el poder.

Manifestación contra CIE de Aluche (18.12.2016)

En el fondo, la tristeza después de Vistalegre II, esa que se podía leer en algunas de las caras de los asistentes, la misma que retrata la enfermedad que está sufriendo Podemos en estos momentos, no es propiamente la del debate ideológico, sino por el contrario, su incapacidad por siquiera afrontar la paradoja de la política. El remedio quizás si empieza por lo que dictaba Iglesias en su discurso, teniendo en cuenta los matices señalados por aquella militante de gradería, pero no hay que olvidar que apenas es un primer paso. El juego entre el todo o nada, entre Iñigo o Pablo, es lo que enferma a Podemos. Mientras ello no sea superado, lo más seguro es que Podemos siga ahogándose en las aguas de la paradoja política y termine por estrellarse con un apresurado punto final en los libros de historia.

Sebastián Peñuela Camacho. 

Ciencias Políticas, Pontificia Universidad Javeriana

Fotografías: Marina Gallardo Izquierdo

Esquinas de Lavapiés, Madrid (Fotografía)

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Fotos: PAMR

“Mercado de Antón Martín” (C/ Santa Isabel con Duque de Fernán Núñez)

B & N / Tamaño: 92 X 58 cm.

“ALIMENTACIÓN” (C/ Lavapiés con Aravaca)

B & N / Tamaño 90 X 50 cm.

“CAFÉ BARBIERI” (C/ Ave María con Travesía Primavera)

B & N / Tamaño: 86 X 60 cm.

“CINE DORÉ” (C/ Santa Isabel con Pasaje Doré)

B & N / Tamaño: 86 X 60 cm.

“SALITRE” (C/ Salitre con Dr. Piga)

B & N / Tamaño: 86 X 56 cm.

Fotos: PAMR