“Tras los focos” (Alicia Oliva)

Etiquetas

,


“Tras los focos” Autora: Alicia Oliva

Anuncios

“Cecil Holland. El hombre de las mil caras” (Por Begoña Eguskiza)

Etiquetas

, , ,


Cecil Holland. El hombre de las mil caras (Begoña Eguskiza)

Nacido en Gravesend, cerca de Londres, en 1887. Descendía de una saga de capitanes con licencia para navegar por el Támesis, aunque desde pequeño estaba fascinado por la pintura y escultura, se esperaba que Cecil continuara con la saga familiar, así que embarcó de aprendiz a los 15 años, en un barco de tres mástiles y después de seis meses de navegación y mareos, desembarcó en Vancouver.
Gracias a un conocido de la familia, entró en contacto con un familiar de este que trabajaba en una compañía de teatro en Seattle y sin ningún conocimiento de interpretación, salió a los escenarios. Dotado de gran habilidad para la mímica y para imitar acentos, fue relegado a papeles secundarios debido a su físico, así que empezó a experimentar con la caracterización.
(En aquellos años del Vodevil, los intérpretes se maquillaban ellos mismos, ya que todavía no existían como tal los Departamentos de Maquillaje, estos aparecerían en los primeros años de la década de los 30 con la irrupción del cine sonoro y por ende del Star System).

Leer completo en Cine Astoria

“Las lenguas en las literaturas africanas: un continuo debate” (Por Alicia Oliva González)

Etiquetas

, , , , , ,


“Las lenguas en las literaturas africanas: un continuo debate”

Alicia Oliva González / Mundo Negro

“¿Qué es literatura africana? ¿Es la literatura que habla de África o de la experiencia africana? ¿Es la literatura escrita por africanos?¿Y qué ocurre con un no africano que escribe sobre África? ¿Computa su obra como literatura africana? Y si un escritor africano decidía situar su novela en Groenlandia, ¿sería eso literatura africana? ¿O el criterio eran las lenguas africanas? De acuerdo, y entonces ¿qué pasa con el árabe? ¿Acaso no es ajeno a África? ¿Y qué pasa con el inglés y el francés, que se han convertido en lenguas africanas? Si…si…si…esto o lo otro, excepto el problema central: la dominación de nuestras lenguas y culturas por los imperialistas europeos.”

Foto: Alicia Oliva González

Así comienza uno de los debates más prolongados de la literatura africana al que Ngũgĩ wa Thiong’o, eterno aspirante al Premio Nobel, dio voz en su obra Descolonizar la mente. La respuesta a estas preguntas puede resultar evidente para algunos pero desde luego no es unánime; de ahí que más de treinta años después de la publicación de esta obra, fruto de cuatro conferencias al respecto entre 1981 y 1985, nos sigamos haciendo las mismas preguntas.

Favorito de muchos y líder en todas las quinielas, Ngũgĩ wa Thiong’o se queda, un año más, a las puertas del Premio Nobel de Literatura. Esta vez ha sido el escritor británico nacido en Japón, Kazui Ishiguro, quien le ha arrebatado el premio al escritor keniano que, desde el 2010, es candidato al galardón. Se ha desplomado de nuevo la oportunidad de premiar a una de las voces más importantes y comprometidas por la conciencia social, cultural, lingüística, política e histórica del continente africano.

A sus 79 años, sigue luchando por la reconexión con su entorno inmediato, su cultura y sus raíces. Escribe como motor de cambio, defendiendo el uso de las lenguas africanas en la producción literaria como parte de la lucha antiimperialista para así, construir una sociedad saludable.

Para entender su postura, tenemos que tener en cuenta su historia. Ngũgĩ wa Thiong’o, original de Limiru (Kenia), nació en 1938. Con 14 años vivió la ocupación colonial, también fue testigo de la revuelta del Mau Mau por la independencia de su país y en 1960 presenció la independencia de Kenia. Estos acontecimientos históricos no han marcado solo su vida sino también se ven reflejados en su literatura y su pensamiento. Por ello, tras ser arrestado en 1977 como consecuencia del mensaje político de su obra de teatro I will marry you when I want, escrita originalmente en gikuyu, su lengua materna, decide abandonar el inglés, lengua colonial que le había sido impuesta. Durante su condena escribió su primer libro de ficción en gikuyu. Lo escribió en papel higiénico en la celda 16 de Kamiti y fue entonces cuando se dio cuenta de lo difícil de escribir una novela en esa lengua pues carecía de una tradición narrativa significativa en el ámbito de la ficción. A esto se le sumaban problemas de ortografía ya que el gikuyu fue fijado por escrito por hablantes no nativos, en su mayoría por misioneros europeos que buscaban a través de la lengua africana trasmitir mejor la palabra de Dios. Estos no siempre eran capaces de identificar la longitud de las vocales y, como en el árabe, la distinción entre vocales largas y cortas es muy importante. Su público es principalmente lo que él mismo llama “el campesinado y el proletariado urbano” y fue también una de las razones que le impulsó a retomar su lengua materna.

Se despidió de la lengua inglesa como vehículo de sus obras después de 17 años de implicación en lo que el llama la literatura afroeuropea (afroinglesa en su caso). Literatura de la que hacen parte autores como Chinua Achebe, Senghor o Chimamanda Ngozi, hoy en día tan en boca de todos. Situados al otro lado del debate, defienden la intención de usar la lengua que les fue impuesta pues creen que es capaz de cargar con todo el peso de su experiencia africana como afirma Achebe. Chimamanda, por otro lado, confirma que hay ciertas cosas que solo pueden capturar las expresiones en igbo, su lengua materna; sin embargo considera que tanto el inglés como el igbo forman parte de ella por igual. No descarta publicar en un futuro algún libro en igbo pero declara que si lo hiciese sería solo por una cuestión sentimental y por su vínculo emocional ya que tristemente dice que la realidad es que muchas personas que hablan igbo no lo leen. No hay una literatura boyante en igbo puesto que todos los que leen, lo hacen en inglés. ¿Cómo se crea una literatura si no se escribe? ¿Cómo leer a autores en sus lenguas para reapropiarse de sus culturas si nadie escribe en esas lenguas? Pienso yo. Para Ngũgĩ, no hacen más que reforzar la lógica colonial: “¿cuál es la diferencia entre un político que afirma que África no puede funcionar sin el imperialismo y el escritor que dice que África no puede prescindir de las lenguas europeas?”

Ngũgĩ argumenta que la imposición del lenguaje del colonizador supuso aceptar su visión del mundo, robándoles y despreciando su identidad y su historia. “El control político y económico no puede ser total ni efectivo sin el dominio de las mentes. Controlar la cultura de un pueblo es dominar sus herramientas de autodefinición en relación con otros”. Si cualquier lengua posee, como el autor keniano dice, un carácter dual: por una parte, como medio de comunicación y por otra, como vehículo de la cultura humana; con la imposición de una lengua ajena y menospreciando su lengua materna, desvinculas al individuo de su identidad. Es fundamental que desde edades tempranas exista una harmonía entre lo que los niños viven y cómo expresan lo que viven.

A diferencia de Chimamanda, Ngũgĩ no ve su literatura como algo que tenga que ser práctico sino como una denuncia, una lucha por la identidad y un retorno a su propia visión del mundo. Confía en que mediante la traducción su mensaje siga llegando: “no obstante, espero que a través del venerable vehículo de la traducción seré capaz de seguir dialogando con todo el mundo.”

Es importante que se fomente la escritura en lenguas africanas como propone Ngũgĩ pero también, escuchando la realidad que nos cuenta Chimamanda, se debe fomentar por igual la lectura en lenguas africanas. ¿Acaso sucede esta alfabetización?

Quizás Chimamanda y otros autores que compartan su mismo argumento, podrían hacer como el escritor Boubacar Boris Diop, quien persiguiendo la difusión cultural del wolof acompañó su novela escrita de un audio sincronizado con el texto, contribuyendo así a la alfabetización de los lectores. En Senegal, cohabitan 21 lenguas codificadas siendo el wolof la más hablada con un 80% de hablantes sobre la población total. El francés es la lengua oficial del país, así lo establece su Constitución del 2001. Esto hace que el francés sea la lengua utilizada por el Estado. Sin embargo, solo el 37% de la población lo habla según el censo del año 2013 de la Agencia Nacional de Estadística y Demografía del Ministerio de Economía senegalés.

Parece no sorprendernos esta separación que existe entre la lengua en la que los ciudadanos se relacionan entre sí y aquella que se usa en el ámbito de la formación, la lengua oficial, la de la administración, la de la producción cultural e intelectual. La alfabetización de las lenguas a través de su escritura y su lectura deben ir de la mano. De nada sirve que todos los escritores africanos comiencen a publicar en sus lenguas maternas si no asistimos primero a una alfabetización de las competencias lectoras.

El tema de las lenguas africanas parece eterno y recurrente; mientras tanto, pese a las dificultades, se están llevando a cabo numerosas iniciativas para recuperar y recrear esa identidad perdida. En este sentido, en los últimos años han nacido iniciativas como el Mabati-Cornell Kiswahili Prize for African Literature, un premio que trata de fomentar la literatura en kiswahili (lengua hablada en el continente por más de 140 millones de personas) y su traducción entre y hacia lenguas africanas. Los premios literarios sacan a la luz nuevos talentos, motivan a los autores y demuestran que la lectura es importante. Premiar obras en lenguas africanas puede ayudar a fomentar su escritura y sobre todo a posicionar su literatura en la producción cultural del continente. Anterior al premio Mabati-Cornell, nos encontramos con el Premio Caine dedicado exclusivamente a la literatura africana publicada en inglés y el Premio Etisalat, inaugurado un año antes que el Mabati-Cornell, se presenta como el “primer premio pan-africano del continente”. Sin embargo, este último solo se centra en los nuevos escritores africanos que publican en inglés. Otro de los premios más reconocidos es el Premio Jomo Kenyatta; organizado por la Asociación de Editores de Kenia, busca reconocer obras publicadas en Kenia en inglés y en kiswahili.

Otra de las iniciativas nace en las escuelas. Muchas ponen en marcha planes bilingües que combinan las lenguas africanas con la lengua heredada del colonialismo. Es el caso del programa ELAN (École et langues nationales en Afrique) implantado en ocho países francófonos del África subsahariana : Benín, Burkina Faso, Burundi, Camerún, Mali, Níger, República Democrática de Congo y Senegal. ELAN busca garantizar escuelas bilingües en la educación primaria y promover las principales lenguas nacionales como vehículo de cultura y mantener el francés como medio de comunicación internacional. Desde luego, resulta complicado y más cuando las lenguas que cohabitan en un mismo territorio son tan numerosas. Además, resulta curioso que programas como este vengan diseñados de Francia.

El problema de base está en entender las lenguas africanas como lenguas inferiores. Como dice Ngũgĩ no hay una lengua superior a otra, sino una lengua dominante y una dominada. Es esta la visión que debe cambiar y comienza reconectando con las raíces, revalorizando las culturas propias y regenerando la autoestima (pérdida) de la que habla el autor. Muchos padres de niños acaban prefiriendo que sus hijos vayan a la escuela en inglés o en francés frente a un sistema bilingüe por miedo a que sea una educación inferior y que pueda repercutir en las salidas laborales de sus hijos. No es sencillo, pero tampoco imposible. Como en muchas cosas, tiene que haber voluntad política. El debate continúa abierto, pero debe quedar claro que no hay una lengua más lengua que otra.

Fuente: http://mundonegro.es/las-lenguas-en-las-literaturas-africanas-un-continuo-debate

“1-O en Catalunya: la incapacidad de los violentos” (Por Sebastián Peñuela Camacho)

Etiquetas

, , ,


1-O en Catalunya: la incapacidad de los violentos

Sebastián Peñuela Camacho
Tras una jornada marcada por la violencia, de parte del Estado central, y una diversidad de actos de resistencia no violenta, por parte del pueblo de Catalunya, una vez más comprobamos la incapacidad de acción y construcción que tienen los violentos. La humanidad, poco a poco, ha ido entendiendo que el uso de la fuerza es el medio de menos eficacia para la resolución de los conflictos ¿Qué argumentos se pueden dar para que Catalunya no se vaya de España después de las imágenes que ha dejado la jornada del 1-O? Ver como la Guardia Civil y la Policía Nacional, que son los cuerpos de seguridad del Estado central español, golpean a los adultos mayores que defendían su derecho a decidir, o los golpes que le dieron a los bomberos de Catalunya que intentaban defender a los ciudadanos que resistían en los colegios electorales, o como violentamente saltaban encima de las personas que estaban tiradas en el suelo, o peor aún, como infringían la ley al utilizar pelotas de goma como mecanismo de disuasión cuando estos elementos están prohibidos legalmente dentro de Catalunya, son las imágenes que deja una jornada donde el deslegitimado gobierno de Mariano Rajoy mostró una vez más que no tiene la capacidad ni los argumentos para poder dar solución a este complejísimo reto que es el intento de independencia del pueblo catalán.

Días antes del 1-O sucedieron manifestaciones, en distintas partes de España, a favor de la unidad del Estado español. Sin embargo, estas manifestaciones, que un principio podrían ser consideradas como democráticas, no fueron más que el reflejo de un problema régimen que tiene España tras su etapa de transición. Las banderas españolas que defendían la unidad de este país, estuvieron acompañadas de cantos del “Cara al Sol”, himno del franquismo, o frases como “a por ellos”, como si la ciudadanía de Catalunya que estaba pidiendo a gritos una solución política al conflicto que se estaba viviendo, fuesen unos enemigos de la democracia y de la ciudadanía española en su conjunto. Empero, lo más vergonzoso fue el no escuchar ni un solo rechazo por parte del gobierno de Mariano Rajoy a estos actos franquistas que, de acuerdo a una Ley de Memoria Histórica, están expresamente prohibidos. En definitiva, el problema de Catalunya terminó por mostrar, una vez más, cómo el problema real se encuentra es dentro del régimen mismo de España. Su unidad es frágil y el régimen del 78, constitución que marcó la etapa de transición, está en crisis. Los actos contra el pueblo catalán que quería expresarse políticamente a través de las urnas no fue, únicamente, un acto en contra de la dignidad de Catalunya: el 1-O, debido a la actuación del gobierno español, ha sido un ataque contra la dignidad misma de España como nación.

A partir de esto, algunas de las reflexiones que nos deja esta jornada son:

1. Se confirma lo que había mencionado antes. El 1 de octubre, más que un acto con validez jurídica, toma toda la relevancia en la dimensión política. La fractura se confirma y se hace imposible negar que hay un problema político en España. El Estado central, luego de la conferencia de prensa de Mariano Rajoy, argumenta que su actuación fue bajo la ley y en cumplimiento de ella, sin embargo, lo que no han entendido es que el derecho, como fuente viva de la dimensión política, no es estático ni monolítico. Lo jurídico y lo político se retroalimentan, su relación es dialéctica, y en esa medida, cuando la dimensión jurídica no puede dar respuesta a los problemas políticos, aquella debe mutar y adquirir las cualidades necesarias para que, dentro de un marco de respeto a los derechos humanos y la democracia, se pueda dar salida a los problemas políticos. Este hecho, tan estudiado por los politólogos, fue el mismo que Mariano Rajoy y los autodenominados partidos constitucionalistas no pudieron, o no quisieron, denotar. De ahí que, a pesar de la negación que se dio por años del problema de Catalunya, obviar esta cuestión resulte ser una verdadera quimera.

2. El gobierno central no puede tener una peor fotografía. No solo la gente se movilizó y votó, a pesar que Rajoy había asegurado que no habría una sola urna, sino que más aún, la gente demostró que no le tiene miedo al Estado y que, cuando se unen como un pueblo, pueden vencer el terror de la fuerza legítima de este Leviatán. La desmedida acción del Estado se volverá en un momento de épica que alimentará aún más el conflicto y la división ¿Cómo explicar que se golpean a ancianos que quieren simplemente depositar una papeleta dentro de una urna?Cuando se utiliza la violencia para detener a la democracia y cuando la respuesta está basada en la no violencia, el uso de la fuerza pierde toda su capacidad de acción. El fracaso de la intervención armada del gobierno central se ve reflejada en que, a pesar de desplegar más de 10.000 cuerpos de seguridad, apenas pudieron cerrar el 14% de los colegios electorales. Peor aún, Mariano Rajoy logró que, a nivel internacional, una causa democrática que parecía ser tan debatida ya no lo fuese tan cuestionada, dejándole a los independistas el relato de la historia y quedando internacionalmente como un Estado opresor y violento que intentó aplacar a un pueblo digno y pacífico que se quería expresar en las urnas.

3. La posibilidad de un referéndum pactado, tristemente, está muriendo. Se tenía la oportunidad de hacer un acto político pactado, que contara con todas las garantías y trasladase así a la dimensión democrática este complejo conflicto. Ahora se ve más difícil que nunca que un referéndum pactado suceda: la posibilidad de un puente para el diálogo, minuto tras minuto, está siendo detonando por un gobierno central incapaz y sin argumentos más que el del uso desmedido de la fuerza. El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, representante de la derecha independentista catalana, en su conferencia de prensa tras la jornada del 1-O sentenció la última ruta que quedaba para un referéndum pactado: “Catalunya se ha ganado el pulso de la soberanía y el respeto a ser una República independiente”. Todos los símbolos que torpemente le ha dejado Mariano Rajoy, serán utilizados por los independentistas para ejecutar en el parlamento catalán, con la mayor brevedad, todas las medidas para la independencia de Catalunya. La CUP, partido anticapitalista independentista, ya ha anunciado una huelga general, presionando aún más a un gobierno central que no ha hecho más que minar los puentes del diálogo.

4. A pesar de todo, lo único que sigue quedando es eso: el diálogo. Es menester que paren las cargas policiales, que no vuelvan a existir siquiera resquicios de enfrentamientos entre la Policía catalana, Mossos, y la Policía Nacional, que éstos no vuelvan a golpear y violentar a su gente, y que finalmente se entienda que el derecho no es estático ni que lo jurídico actúa de forma mecánica. El derecho es dialéctico y se retroalimenta de la dimensión política; es esto lo que le da vida. Por ello, seguramente estamos ante la muerte del régimen del 78 y se hace necesario un cambio radical dentro de la estructura del Estado español. En Madrid y otras ciudades sucedieron grandes manifestaciones en apoyo al pueblo catalán y su derecho a decidir, siendo así actos que todavía dan esperanzas para que la cordialidad y la fraternidad vuelva entre los distintos pueblos de España. Tal y como argumentó Pablo Iglesias, dirigente del partido político PODEMOS: “España no está atacando a Catalunya, lo ataca un partido violento y corrupto (el Partido Popular y Mariano Rajoy)”.

5. Por ello mismo, para que esta solución pueda ser factible, antes tiene que suceder una cosa: echar definitivamente a Rajoy y el PP del gobierno central, porque su máquina de corrupción y violación sistemática de la ley (ya que respetarla no pasa únicamente por impedir que se haga un referéndum ilegal) es el virus que está destruyendo y carcomiendo lentamente a España y todos sus diversos pueblos y naciones. Tristemente, una vez más, el Partido Socialista Español (PSOE) se declaró a favor del gobierno central, pese haber criticado el accionar violento de estos, y una vez más se ve imposible una moción de censura que logre echar de las instituciones a la maquinaria de corrupción y violencia que es el Partido Popular y el presidente Mariano Rajoy. Éste ha propuesto una mesa de negociación entre todas las fuerzas políticas, sin dejar explícito si entre ellas se incluían a las independentistas o aquellas que están a favor del derecho a decidir. No obstante, esta mesa de negociación, que no parece ser de diálogo, es una crónica de una muerte anunciada. Ni Rajoy ni el Partido Popular son ya interlocutores legítimos: su uso desmedido de la fuerza, la constante negación de una realidad que se expresa a gritos y su continua violación de la ley al ser un partido político imputado por corrupción, hacen que cualquier solución dialógica deba partir por expulsarlos de las instituciones españolas. Rajoy ha roto por completo a España y es, en definitiva, la gota que derrama la copa de la crisis del régimen del 78.

Fuente: http://volutaradial.com/index.php/2017/10/01/1-o-en-catalunya-la-incapacidad-de-los-violentos/

“Gas Natural Fenosa: crónica de un apagón anunciado en el Caribe colombiano” ( Pablo Rodero)

Etiquetas

, , ,


Gas Natural Fenosa: crónica de un apagón anunciado en el Caribe colombiano

Texto: Pablo Rodero (Cartagena de Indias) 

Fotografía: María Rado

Fuente: https://saltamos.net/gas-natural-fenosa-cronica-apagon-caribe-colombiano/

Durante los 15 años en los que Gas Natural Fenosa ha gestionado Electricaribe, las subidas de tarifas y los cortes de luz han sido una constante.

Néstor vive en la calle La Virgen del barrio Olaya Herrera desde hace 45 años, cuando él y otros vecinos rellenaron con serrín y neumáticos las tierras cenagosas situadas entonces en el extrarradio de Cartagena de Indias. Su piel negra y curtida y sus manos callosas dan fe de una vida dura, viviendo del rebusque para sacar adelante a una familia numerosa en un rincón olvidado de la joya del Caribe colombiano. La calle no está pavimentada y está flanqueada por casas bajas y algunos cambuches habitados por una población mayoritariamente afro, descendiente de los esclavos que hicieron funcionar a la ciudad en los tiempos de la colonia y el comienzo de la república.

Los cables eléctricos cuelgan sobre las casas, aunque algunos ni siquiera transmiten ya energía. Muchos vecinos tienen la luz cortada por impago a Electricaribe, la empresa filial de Gas Natural Fenosa que el Estado colombiano intervino en noviembre del año pasado ante el riesgo de un apagón generalizado en la región. En marzo, el Gobierno del país sudamericano anunció la liquidación de la empresa debido a que “no estaba en condiciones de prestar el servicio” y la infraestructura será vendida a una nueva compañía privada. Gas Natural Fenosa exige ahora una cuantiosa indemnización de mil millones de euros por la pérdida de su filial colombiana, una cantidad que algunos locales consideran muy superior al precio actual de la empresa y otros ven como una primera oferta en una negociación que tendrá lugar en los próximos meses.

En el año 2001 la multinacional española Unión Fenosa (Gas Natural Fenosa desde la absorción en 2009) se hizo con las distribuidoras eléctricas de la costa Caribe que habían sido privatizadas dos años antes. Durante los 15 años de gestión de la empresa española, los conflictos con los usuarios, particularmente con los de los estratos más pobres de la región, han sido una constante. La empresa habla de una “cultura de impago” entre la población caribeña que ha imposibilitado una gestión efectiva. Los usuarios, por su parte, denuncian subidas injustificadas de tarifas, apagones constantes y falta de inversión en unas maltrechas infraestructuras. Entre tanto, la deuda de Electricaribe ha ido aumentando hasta que las compañías distribuidoras de energía amenazaron con dejar de suministrarle, lo que hubiera provocado un apagón eléctrico en una región con una población de más de 9 millones de habitantes.

Apagones como forma de presión

La intervención de la empresa por parte del Estado colombiano, poco dado históricamente a intervenir en las actividades de las multinacionales en su territorio, ha supuesto un cambio radical frente a su relación con Gas Natural. Para Omar Mendibil, miembro de la asociación de usuarios Red Caribe, “la amenaza de apagar la región” ha sido la estrategia empleada con éxito por la empresa para lograr unas mejores condiciones de servicio por parte de sucesivos gobiernos colombianos.

Después de dos amenazas de apagón en 2001 y 2002, justificadas en las dificultades para operar a causa del impago y el conflicto armado, la filial de Gas Natural consiguió un marco regulatorio privilegiado dentro del país. En 2001, el Estado creó las llamadas “zonas subnormales”, donde la comunidad asumía la responsabilidad por engancharse a la luz y la empresa sólo tenía que llevar el servicio hasta el transformador comunitario. Un año después, en los conocidos como Pactos de Malambo, se crearon una serie de subsidios estatales para cubrir los impagos de las comunidades más empobrecidas, que, sumados a los ya existentes, cubrían hasta el 60 por ciento del valor de la factura. El dinero iba a parar directamente a manos de la empresa.

Tan ventajosas resultaron las nuevas condiciones que, según Mendibil y otros usuarios y trabajadores consultados, para la empresa empezaron a ser más rentables las subvenciones estatales que cobrar los pagos de los usuarios en los barrios subnormales. Cuanto más alta fuera la factura, más subsidios recibía la empresa, aunque para los vecinos se fuera haciendo imposible pagar y fueran endeudándose con la compañía. Como consecuencia, el aumento continuado de la factura de la luz llevó a muchos vecinos a dejar de pagar y ver su servicio eléctrico cortado por la empresa.

Sin luz en el paraíso

El corte de luz le sobrevino hace dos meses a Néstor, que vive con varios hijos y nietos y tres loros enjaulados y con la lengua reseca por el calor infernal del Caribe. Según afirma, el dinero que consigue sacar trabajando como bracero en el mercado mayorista de Bazurto es varias veces inferior al valor agregado de todas sus facturas por servicios básicos como la luz, el agua o el gas.

Eder vive en el extremo norte de la calle, frente al mar y a la carretera Perimetral. “Aquí vivimos en un paraíso”, dice sin ironía, sentado en la puerta de su casa junto con su familia. Él vive de vender bebidas frías, que transporta al hombro en una neverita de poliespán, en la playa turística de Bocagrande, en la otra punta de la ciudad. Le cortaron la luz tras un mes de impago y contrató por 20.000 pesos (unos seis euros) a una persona para que le enganchara al poste de forma pirata. Las facturas de la luz en este barrio oscilan entre los 15 y 25 euros mensuales, y el salario mínimo, al que pocos de estos trabajadores irregulares llegan, es actualmente de algo menos de 250 euros en Colombia.

“Aquí están estafando a uno. Cuando no pagas te cortan sin medir si hay niños, ni si somos gente mayor, como yo, que tengo 72 años”, declara una vecina, junto a María Díaz, otra persona de la comunidad que muestra sus facturas de los últimos meses en las que se registra un ascenso continuado, a pesar de no contar con más que dos bombillas, una nevera, un televisor y un ventilador. “Aquí no hay trabajo, la gente sale a buscarlo y no hay. ¿Cómo va a pagar uno un recibo de 80.000 pesos?”, se lamenta.

La subida de tarifas se ha sumado a una falta de inversión en el mantenimiento de las redes, a pesar de recibir fondos estatales para ese fin, que han provocado continuos cortes y numerosos accidentes mortales. Todas estas circunstancias generaron una oleada de protestas en 2002 que se han venido repitiendo esporádicamente hasta la intervención estatal del año pasado, que resolvió la amenaza del apagón, pero no los problemas crónicos del servicio.

Primero el oro y ahora la plata

“Nosotros le criticamos al Gobierno que privatizó porque tenía un déficit fiscal y no tenía con qué invertir y ahora está gastándose más que antes”, declara Mendibil, en relación a los subsidios estatales percibidos por la eléctrica. Este pudo ser el motivo por el cual el Gobierno de Juan Manuel Santos decidiera poner fin a la gestión de Gas Natural sobre Electricaribe, empresa de la que la multinacional española posee el 85% de las acciones. Para Erika González, del Observatorio de Multinacionales de América Latina, el motivo podría deberse a un simple cambio de ciclo. “Como las reglas del juego van cambiando, igual a Santos ya no le interesa que esté ahí una transnacional española, sino una gran empresa colombiana de capital mixto estatal-privado como puede ser EPM, con el fin de fortalecer y favorecer otras élites”, declara la coautora del libro La energía que apaga Colombia.

Gas Natural, sin embargo, no parece dispuesto a abandonar su filial tan fácilmente, a pesar de que el dinero de la liquidación iría a parar a sus arcas tras una gestión que ha levantado tantas ampollas en el Caribe colombiano. Isidre Fainé, presidente no ejecutivo de la multinacional, declaró en abril que lucharía “hasta el final” por mantener su actividad en Colombia porque, según afirmó, cree en el país. Esta lucha, fue acompañada por una demandada por mil millones de euros ante el Tribunal de la Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional (CNUDMI) .

Para Hernando Rangel, trabajador de la empresa y directivo sindical, la crisis se veía venir desde hace tiempo y, en un giro muy caribeño, la definió como “una crónica de un apagón anunciado”. Para el sindicalista, la posibilidad de que Gas Natural pueda mantener la empresa es remota por una cuestión meramente política. “Si Santos les devuelve la empresa a los españoles, se le echa toda la costa encima, y aquí hay nueve millones de votos y unas elecciones en 2018”. Detrás de él, otro vecino de la calle La Virgen deja claro el sentir de la comunidad hacia la empresa: “Los españoles primero se llevaron el oro y ahora se quieren llevar la plata”.

“Canto al teatro desde el escritorio y el escenario” (Manuela Vera )

Etiquetas

, , , , ,


“Canto al teatro desde el escritorio y el escenario”

Manuela Vera. El teatro está vivo y está muerto. Es una experiencia, es un encuentro, un recuerdo y una impresión. Es poesía, es espectáculo, es música, literatura, pintura y escultura. Es espacio y es tiempo. Es respiración, sudor y cuerpo. También es el espíritu de otro u otros que duermen en las páginas de los libros y que reencarnan porque vuelven a la vida cuando un lector abre la obra escrita y accede a ella desde la lectura y en su imaginación.

El teatro se siente, se piensa, se ve, se escucha y a veces hasta se huele y se toca. Que si es actuación o relato, performance o drama, que si presenta o representa, que si es clásico, moderno o posmoderno, que si se estudia o se hace, solo afirma que es teatro.

No hay teatro, hay teatros en plural. Hay teatristas, teatreros, gentes del teatro, dramaturgos, dramaturgistas, directores y espectadores, actores, actuantes, performeros, jugadores, payasos, bufones, farsantes, comediantes y faranduleros.

Collage: Pedro A. Martín

Y así como sabios, hay maestros con y sin fanaticada, pero también aprendices y aficionados, charlatanes y oportunistas, narcisos y atormentados.

El teatro educa y divierte, enseña y entretiene, crítica y glorifica, ataca y defiende. Hay buen teatro y mal teatro. Hay obras que conmueven, que te golpean, que te sacuden. Hay otras que asustan, que escandalizan, que frustran e indignan.

Hay quienes lo consumen, quienes lo defienden y quienes lo idealizan. Hay muchos otros que lo ignoran. Para unos es importante, para otros indiferente. Para algunos es algo nuevo, para otros una milenaria expresión artística. Teatro es tradición, La Poética Aristotélica tradición vieja, la convención de la cuarta pared tradición nueva.

El teatro no es religión, aunque algunos lo vivan con devoción y con fe. El teatro ha estado al servicio de Dioses y de Dios, pero siempre desde la mirada de los hombres. El teatro no es una secta, aunque se comporte como secta.

El teatro es humanista, existencialista, ideológico, ilustrado, científico y abstracto, literal y natural, y al mismo tiempo popular. Pero sobre todas las cosas que puede ser o no ser, es una forma de vida que siempre indica nuestra humanidad.

Fuente: http://www.artezblai.com/artezblai/canto-al-teatro-desde-el-escritorio-y-el-escenario.html

“La Unión Europea y su crisis” (Juan Diego García)

Etiquetas

, , , ,


“La Unión Europea y su crisis”

Texto: Juan Diego García / Collage: Pedro A. Martín

La crisis actual de la Unión Europea ha sido sin duda el tema central de la reunión de gobernantes en Roma, celebrada para conmemorar los 60 años de existencia de este bloque de países del Viejo Continente. Las declaraciones y el mismo llamado del Papa Francisco no consiguen superar el formalismo y el umbral de las buenas intenciones que en su conjunto no hacen más que poner de manifiesto que ante la gravedad de la situación nadie tiene soluciones realistas. La manifestación de sectores populares que exigían un retorno a los ideales que permitieron el surgimiento de la Unión es el único factor de optimismo, si bien moderado en extremo ante el clamor de tantas fuerzas de la extrema derecha y del nacionalismo excluyente que exigen su disolución.

La crisis no es solo económica aunque los efectos perniciosos de las políticas neoliberales si están en la base de la misma. Desde que se impuso en Europa la política neoliberal todos los acuerdos llevan irremediablemente al desmonte de las diversas formas de estado de bienestar que después sobre todo de la Segunda Guerra Mundial han permito a las mayorías sociales de estos países un nivel de vida y de derechos civiles y sociales que nunca antes se había conocido. Terminó predominando la llamada “Europa de los banqueros” en contraposición de la “Europa de los pueblos”. Los drásticos recortes en todas las esferas de la vida diaria, el llamado “austericidio”, han ganado terreno en todos los países del Viejo Continente como resultado del abandono clamoroso de sus respectivos idearios por parte de las dos grandes corrientes políticas: la socialdemocracia y la socialcristiana; ambas han claudicado, cada una a su manera, ante los planteamientos neoliberales, o lo que viene a ser lo mismo, ante las exigencias del gran capital financiero y especulativo. No sorprende que, guardando las diferencias necesarias dado el grado de desarrollo de cada país, se registren formas muy similares de reducción drástica del gasto social, disminución considerable de la participación del trabajo en la tarta de la riqueza (y aumento desmesurado y correspondiente de los beneficios del capital), incremento del desempleo y una tendencia peligrosa a la generalización del empleo precario, sistema de pensión en riesgo (en unos países con creciente envejecimiento poblacional) y en general el desmantelamiento de los sistemas tradicionales de protección, de seguridades básicas que son los mecanismos modernos que permiten el equilibrio social, la confianza en el futuro y el convencimiento en los beneficios de la solidaridad como práctica social generalizada. De tantas formas, estas políticas neoliberales aplicadas en las décadas anteriores están “americanizando” a Europa, al menos en los países que apostaron con entusiasmo por un capitalismo sometido a moderaciones y controles luego de la experiencia dolorosa del fascismo y la guerra (a la vez que antídoto para neutralizar la influencia de un movimiento comunista en ascenso).

En este contexto no debe entonces extrañar que el desmonte del Estado del Bienestar en sus fundamentos económicos produzca también efectos perniciosos en la vida política y social del continente. No debe sorprender que el supuesto paraíso neoliberal, finalmente convertido en un infierno para sectores importantes de la población y en amenaza para el resto, condicione de diversas maneras la vida política cotidiana y que buena parte de la ciudadanía perciba que las autoridades máximas de la UE son tan responsables como sus políticos nacionales (si no mucho más responsables). Si el modelo sobre el cual se impulsó originariamente la Unión Europea se abandona y en su lugar se impone otro diferente que produce resultados tan nefastos para sectores amplios de la población es normal que aumente el rechazo a la Unión, tanto desde la izquierda como desde la derecha extrema que aprovecha la ocasión para impulsar el nacionalismo más agresivo, acompañado de xenofobia y hasta de un racismo que en tantos aspectos recuerda las banderas siniestras de otras épocas.

Los intentos de introducir algunos matices al proyecto neoliberal por parte de conservadores y socialdemócratas (ambas, las fuerzas políticamente mayoritarias, hasta hoy) no parecen cambiar la tendencia más o menos general de desgaste de estos partidos que controlan los gobiernos locales y las instituciones de la Unión Europea. Son intentos fallidos ante el empuje de la extrema derecha en Francia, Alemania, Holanda, Italia, Grecia, Austria, Reino Unido (para citar solo los casos más relevantes) y de forma clamorosa y hasta esperpéntica en tantos países del antiguo bloque socialista del Este del continente, con especial manifestación en Hungría y Polonia y en una Ucrania candidata a ser miembro de la Unión y gobernada ahora mismo por un partido abiertamente nazi.

Los partidos mayoritarios (socialdemócratas, conservadores y liberales) aparecen desgastados y en retroceso; las fuerzas de la extrema derecha están en ascenso y las tendencias de renovación de la socialdemocracia y otras fuerzas reformistas aunque en auge son aún minoritarias. Este sería entonces un panorama político caracterizado sobre todo por la incertidumbre.

En tales condiciones cualquier cosa puede acontecer y el futuro no es halagüeño para la Unión Europea. Los movimientos nacionalistas renacen con brío y recelan de cualquier forma de cesión de soberanía a poderes centrales y aparecen claramente identificados con la derecha. A la izquierda, por tradición mucho menos adherida a los prejuicios nacionalistas, crece igualmente la oposición al modelo vigente aunque por motivos bien distintos. Algunos grupos consideran que resulta imposible reformar la actual UE y en consecuencia proponen la salida; otros, sí desean permanecer pero para retornar al ideal originario del proyecto, para volver a la Europa de los pueblos, de la solidaridad interregional, de la paz y de la cooperación internacional. El nacionalismo de la extrema derecha apuesta abiertamente por la disolución de la UE, aprovechando el descontento entre tantos sectores (populares, sobre todo) ante los resultados concretos que para ellos tiene esta Unión Europea de “mercaderes y banqueros”. Como en el fascismo clásico envenenan la vida diaria y enervan los ánimos de una población golpeada por la crisis fomentando el racismo y la xenofobia y utilizando el viejo mecanismo del chivo expiatorio al que se hace responsable de todos los males; los judíos y comunistas de ayer son ahora los árabes, los africanos y los inmigrantes en general, por supuesto siempre que sean pobres.

La atmósfera social y cultural que se respira en el Viejo Continente corresponde bien a la crisis económica y política. Los casos de corrupción ya no son una excepción -la alegada “manzana podrida en el impoluto cesto de las instituciones”- sino lo cotidiano aún en países en los cuales el fenómeno parecía superado plenamente. En realidad, solo las sociedades nórdicas parecen aún más o menos inmunes a este mal que tanto deteriora al sistema y sobre todo que tanta legitimidad resta al estado de derecho. Los escándalos son diarios y cunden por doquier: candidatos a los más altos cargos del estado, políticos en ejercicio, altos funcionarios, jueces y policías, sometidos a procesos por corrupción y malos manejos que ya no sorprenden a nadie.  Una institución como el FMI ha registrado un escándalo tras otro; ya no es solo que se la identifique como la responsable principal del impulso de las políticas económicas más dañinas para la economía mundial (en buena medida, precisamente las causantes de la crisis actual o al menos de la forma tan dramática como se produce) sino que su actual presidenta y los dos presidentes anteriores están asociados a asuntos turbios, a comportamientos abiertamente ilegales.

No sorprende entonces que con tales partidos y con tales políticos el sistema pierda legitimidad y que solo una enorme ingenuidad permita pensar que tales protagonistas tienen la capacidad (y la voluntad) de sacar a sus países del marasmo actual y menos aún de salvar el proyecto de unidad europea, ahora en tan profunda crisis. La salida del Reino Unido solo es el principio. Los procesos separatistas en España (Cataluña y probablemente también Euskadi) o la posible victoria de la extrema derecha en Francia ensombrecen aún más el panorama. El aviso que dio Grecia en el pasado reciente se vuelve ya una riego enorme que puede reducir la UE a un par de países ricos en cuya periferia se mantendrían algunos “asociados”  (¿es ese el objetivo real de la propuesta de “una Europa de dos velocidades?). En el peor de los escenarios se podría pensar inclusive en la extinción del proyecto que en su día se asoció a la paz recién conquistada tras la Segunda Guerra Mundial, al pacto capital-trabajo y al Estado del Bienestar como solución a las crisis del sistema.

A todo esto habría que agregar la apuesta bélica de los principales miembros de la Unión Europea marchando al lado (mejor “a la cola”) de los Estados Unidos en sus aventuras militares; a su activo compromiso en las guerras en curso; al distanciamiento europeo de Rusia que en nada benefician sus intereses y, en la práctica, a convertir el Viejo Continente en una potencia de segundo orden, precisamente cuando el poder omnímodo de los Estados Unidos declina sin remedio y el panorama internacional aconsejaría explorar otros caminos de cooperación en función de los intereses propios. Nunca se consiguió que la UE tuviera realmente una política exterior común; en tales condiciones, era casi natural que militarmente se acabara jugando el rol de “fuerza secundaria” del imperialismo estadounidense; otra forma de enterrar el objetivo inicial de los impulsores de la Unión de convertir a Europa en zona de paz y garantía de estabilidad mundial.