Con 121 frases para disfrutar con la Historia de España (Península, 2009) me he reído mucho. La noche laboral, sinuosa Praga de nubes rasgadas, se presentaba tediosa, as usual, y algo triste. Sin embargo, este pequeño libro abandonado en una estantería, cogido al azar, me ha salvado de la melancolía, de mi traicionera vida interior, de mis cosas. Dividido en tres partes, uno y trino, el bloque final —las sentencias contemporáneas, nombres y acontecimientos conocidos— es un exquisito ejercicio de ironía. Nada como recorrer con paciencia las hemerotecas del vértigo (por utilizar una expresión poética) para saber quiénes somos y, sobre todo, quién administra nuestra frágil democracia: vida civil (derechos y obligaciones) y hacienda. Las hemerotecas —las carga el diablo— son un instrumento preciso y terrible, junto con otras fuentes documentales, para concebir eso que se denomina —paradoja semántica al margen— Historia del tiempo presente. Y ya que de Historia del presente (eterno) se trata, un proceso acelerado y simultáneo de explotación y consumo desaforado, leo con interés Lujo y capitalismo de Werner Sombart (Sequitur, 2009). Sombart, sociólogo y economista alemán, escribió esta obra en 1921. Su actualidad y la explicación de la evolución del capitalismo sofisticado hacen de este texto una parada obligada para comprender cómo hemos llegado hasta aquí. Un espacio público, desestructurado y frenético, que logra que la denominada «Fiesta de la Libertad», que conmemoró días atrás en Berlín el fin —con redobles musicales— del comunismo internacional, parezca una gala de Operación Triunfo o, por mejor decir, el Festival de Eurovisión. Vamos, lo que era.
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“Microhistoria doméstica”
El diputado del Partido Popular Vicente Ferrer dijo el pasado 29 de octubre en la Comisión de Justicia del Congreso que un mantero, un vendedor callejero de copias ilegales de películas y música, es peor que un camello, un vendedor de droga. Basaba su razonamiento en que el segundo no perjudica a ninguna industria, mientras que el vendedor de CD y DVD “pone en riesgo miles de puestos de trabajo”. Vale la pena analizar estas afirmaciones, en primer lugar porque elevan al máximo reconocimiento el valor de una industria. De tal modo que lo sitúa por encima de la salud, del derecho de supervivencia de un ser humano, de la socialización del conocimiento…. La segunda reflexión del diputado es la demagogia de equiparar el perjuicio a un negocio con el peligro de puestos de trabajo. Si de puestos de trabajo se trata el mantero también crea puestos de trabajo: el suyo, el de quien hace las copias, quienes producen los sistemas informáticos (software y hardware) para hacerlas y la industria de los CD y DVD vírgenes. Y más todavía, gracias a la ilegalidad y persecución del mantero se crean puestos de trabajo de policías, jueces, abogados, procuradores y demás funcionarios de justicia. Hasta de diputados como él que se dedican a pedir su prisión. Y si seguimos alargando el principio absoluto de los puestos de trabajo, también el resto de delincuentes permiten todos esos trabajos. Imagínense cuántos puesto de trabajo en la lucha antiterrorista y el ejército han creado Al Qaeda y sus atentados.
Y es que de una tontería dicha por un diputado pueden desencadenarse muchas más con sólo aplicar los mismos criterios argumentales.
“Karol Swierczewski”
Paso unas horas —tiempo detenido— con Edition. L´envers du décor (Lignes, 2009), de una editora de Flammarion, Martine Prosper. 210 páginas que describen los engranajes (y problemas) de la industria del libro en Francia. Nada es más transparente que la sencillez. Se trata de una obra que habla de productos, lineales, costes, márgenes de beneficio, becarios, autores, precariedad laboral y del supuesto prestigio del medio: una radiografía aterradora. De lengua francesa son también François Gèze, director de La Découverte, y Hamit Bozarslan, profesor de EHSS (París), autor de Una historia de la violencia en Oriente Medio (Península, 2009). Ambos han paseado por Madrid, capital de la gloria, capital del dolor, explicando Oriente próximo (Bozarslan, kurdo y exiliado) y la figura del Editor Invitado (Gèze). Sólo con leer el índice se advierte la envergadura del trabajo. El horror y la explicación del horror (la historia) son caras de la misma moneda. Bozarslan analiza y concluye con rotunda (y dramática) claridad. De una guerra interminable, el conflicto de Oriente Medio —el sistema-mundo de la violencia— a otra, interminable también, por motivos diferentes: la guerra de España. Los muertos, hombres, juegan a las cartas en el cementerio mientras las mujeres, como siempre, se ocupan de la intendencia. La diferencia más allá de la muerte. El 28 de marzo de 1947, en una emboscada, moría el general Karol Swierczewski, viceministro de Defensa de Polonia, instructor en la Academia Militar de Frunze, Jefe del Ejército Polaco durante la II Guerra Mundial y general del Ejército Popular de la República Española, Brigadas Internacionales, con el nombre de «General Walter». Su archivo fotográfico fue publicado —catálogo de una exposición— con el título Brigadistas (2005).
Libro de Huelgas, revueltas y revoluciones, 451 Editores, Madrid, 2009
“En un contexto social y cultural en el que predomina un confortable escepticismo contra cualquier ideología que considere inaceptable que el derecho al trabajo dependa de la voluntad de los que detentan la propiedad de los medios de producción o que la mitad de la población infantil del mundo padezca grave desnutrición mientras que la basura producida por tan solo uno de los países desarrollados contiene valores nutrientes que solventarían esa carencia, la literatura que se niega a aceptar estos hechos como naturales o inevitables parece estar condenada a sobrevivir en los márgenes de un sistema literario que la soporta, cuando la soporta, como una antigualla estética.”
Constantino Bértolo, Non serviam, (de la introducción al Libro de Huelgas, revueltas y revoluciones, 451 Editores, Madrid, 2009).
Tres palabras con aires de resistencia abren esta nota. Tres palabras que, amputadas por el paso del ciclón del mercado, han perdido su significado para convertirse en expresiones caducas, aplastadas por el yugo y las fechas (Por el imperio del mercado hacia Dios) del tiempo lineal, el presente continuo. Las décadas pasan y todos, cada uno con su raído fardo, avanzamos hacia la muerte. Las palabras nos golpean en la nuca, como si quisieran llamar nuestra atención, y nos recuerdan, con su política sonoridad, lo que fueron y fuimos, los que son y somos. La destrucción del tejido combativo es un hecho en las sociedades modernas. La resistencia, posiciones aisladas y en muchos casos enfrentadas, se vuelve cada vez más débil y timorata. Entre el capital y la socialdemocracia (el rostro amable de la histórica explotación) se han repartido el campo de batalla. Su infinita infantería ocupa todo el espacio posible. El combate sólo es ritual, simbólico, igual que esos animales que al llegar la primavera se disputan el territorio sin tener voluntad de matar. El capital (la derecha) y la socialdemocracia (su espejo progresista) se necesitan y retroalimentan. Ellos han determinado, desde la Segunda Guerra Mundial, las reglas del juego. Cualquier discurso, político o literario, social o cultural, que no responda a estas ordenanzas selladas en aquel hotel de Bretton Woods queda excluido. Renunciar al espacio, devolver la actividad pública a la sociedad, no forma parte de sus objetivos. Devolver significaría renunciar al uso impropio de las palabras, al uso pervertido del lenguaje. Y eso, según parece, no está en la agenda del día.
El Libro de Huelgas, revueltas y revoluciones (451 Editores, Madrid, 2009), edición de Constantino Bértolo, es una reivindicación del uso violento y necesario de la literatura. Una reivindicación literaria y política (si acaso no es lo mismo) de los valores perdidos (olvidados) y de la capacidad del ser humano para enfrentarse a las dificultades provenientes de la injusticia y la desigualdad. Se trata de un volumen concebido y sentido para leer y ver, para reflexionar, en definitiva, sobre el curso de la historia y las innumerables -y no por ello eternas- derrotas. Después de leer el libro, saborear las ilustraciones, oler las palabras y no imaginar los escenarios, la impresión que permanece es comparable a un grito de rabia. Huelgas, revueltas y revoluciones han hecho posibles las más importantes conquistas sociales, los derechos que, ahora, resultan banalidades. Sin el esfuerzo de millones no estaríamos aquí, disfrutando (el que pueda y quiera, el que no pueda ni quiera) del atroz paraíso del consumo. El mundo feliz, la utopía del progreso, se ha convertido en una burbuja de plástico bombardeada por psicofármacos. Fuera de la bolsa del capitalismo, del líquido amniótico protector (más policía, más ejército, más seguridad privada), circulan mujeres y hombres sin identidad, multitudes sin porvenir. Al otro lado de la frontera todavía existe el tiempo. Aunque sea un tiempo para morir.
Bértolo ha hecho una selección insuperable, llena de destellos dialécticos (didácticos) y sabiduría materialista. 451 Editores ha levantado acta de vida y defunción (al tiempo) del discurso de la izquierda revolucionaria, fabricando la obra. El resultado está a la vista. Este libro ofrece a los lectores la posibilidad de recordar, aunque sea en papel, que todavía, pese a las dificultades, es posible concebir -igual que en el pasado- otro orden, alejado del célebre orden natural de las cosas. En el campo de batalla quedan madrigueras y algún disimulado escondite. Quizá vengan otras generaciones, niños ajenos al influjo de la televisión, por ejemplo, que extraigan de la tierra baldía, de la tierra quemada, el rescoldo rojo. El mismo fuego que -desde Lucifer- preside este obligatorio libro de texto.

…. Vivimos en eso que se llama democracia, gobernada por la mayoría del pueblo. Un ideal magnifico si pudiera funcionar. El pueblo elige, pero la máquina partidaria es la que nombra los candidatos, y para que las maquinarias del partido sean eficaces se debe gastar una enorme cantidad de dinero. Alguien tiene que dárselo, y ese alguien, ya sea un individuo, un grupo financiero., un sindicato o lo que usted quiera, espera en cambio cierta consideración. Lo que yo y la gente como yo espera es que se nos deje vivir nuestras vidas tranquilos y en privado. Poseo muchos periódicos, pero no me agradan. Los considero como una amenaza constante para lo poco que nos queda d soledad, de aislamiento, de vida privad. Su constante griterío sobre la libertad de prensa significa, con alguna pocas excepciones honorables, la libertad para vender el escándalo, el crimen, el sexo, el sensacionalismo, el odio la murmuración y la utilización de la propaganda política y financiera. Un diario es un negocio para hacer dinero mediante la publicidad. Estos se basan en la circulación, ya sabe usted de qué depende la circulación.
Me levanté y me di la vuelta alrededor de mi sillón. Potter me observaba fríamente. Me senté de nuevo. Necesitaba un poco de suerte. ¿Diablos! La necesitaba a carretadas.
-Muy bien, señor Potter, ¿a qué viene todo esto?
El no me escuchaba, solo prestaba atención a sus propios pensamientos.
-Existe una cosa peculiar respecto al dinero-prosiguió-, en grandes cantidades tiende a tener vida propia, hasta una conciencia propia. El poder del dinero s convierte en algo muy difícil de controlar. El hombre siempre ha sido un animal venal. El crecimiento de las poblaciones, el enorme coste de las guerras, la presión incesante de los impuestos fiscales…, todas esas cosas lo hacen más y más venal. El hombre medio está cansado y asustado, y un hombre cansado y asustado no puede permitirse tener ideales. Tiene que comprar alimento para su familia. En nuestra época hemos presenciado una declinación tremenda en la moral pública y privada. No se puede tener calidad con una producción en masa. No se quiere calidad porque dura demasiado. De modo que se la sustituye por la moda, que no es más que una estafa comercial destinada a hacer que las cosas caigan en desuso. La producción en masa no podría vender sus mercancías el año próximo a menos que haga que lo que vendió este año parezca anticuado de aquí a un año. Tenemos las cocinas más blancas y los baños más relucientes del mundo. Pero en su encantadora cocina blanca, el ama de casa media americana no es capaz de preparar una comida que valga la pena, y los hermosos curtos de baño reluciente no son más que recipientes de desodorantes, laxantes, pastillas para dormir y productos de esa mistificación secreta que se conoce con el nombre de industria de loa cosméticos. Preparamos los paquetes más lindos del mundo, señor Marlowe. Pero lo que hay adentro es en su mayoría basura.
Sacó del bolsillo un gran pañuelo blanco y se secó las sienes. Yo seguía sentado, con la boca abierta, preguntándome adonde iria a parar el tipo. Era evidente que estaba asqueado de todo.
-Hace demasiado calor para mi en este lugar-dijo-. Estoy acostumbrado a un clima más fresco. Empiezo a sentirme como un editorialista que se ha olvidado del problema que quería tratar.
…
“Martina situacionista”
En la cubierta de Deseo de ser punk de Belén Gopegui (Madrid, 1963), aparece Iggy Pop, la voz más intensa, según parece, del rock & roll. Su mirada irónica, extraña y angelical, produce la misma inquietud que la lectura de la novela. El asunto es sencillo. Martina, adolescente, escribe una carta. El resto es silencio (que grita), prodigio narrativo, entereza, centros sociales, abandono del campo de batalla, conciencia de la necesidad o necesidad de ser: la vida (política) en marcha. Martina, dieciséis años, quizá sin saberlo, vuelve a la Internacional Situacionista, a los atentados con pinturas de colores, a la negación radical de las democracias de superficie, mientras observa en sus padres —desde el balcón de su bolígrafo, su punto de vista— el fracaso de los grandes relatos emancipadores. Algo de esto analiza también, desde la teoría, Daniel Bensaïd en Elogio de la política profana (Península, 2009). Ambas obras coinciden en la idea de reconducir a la ciudadanía al espacio de la comunidad. Martina lucha —y reflexiona—por otro modo de vida, por lugares para ser y sentir; Bensaïd reflexiona —y lucha—sobre la transformación de la política en espectáculo, la caída de los dioses (mediáticos) de barro y la obligatoria recuperación de la identidad pública convertida, hoy, en espejismo de la subjetividad. Estos dos textos de combate, palabras que parecen brotar de las estrías de un AK 47, brillan en el panorama libresco. Rimbaud describió una muchacha «con labios de naranja». Gopegui se refirió en Lo real (Anagrama, 2001) a la tierra, «azul como una naranja» y ahora nos ofrece «unos ojos preciosos, son de una especie de azul manzana». En ocasiones, las figuras literarias parecen (o son) balas.
Iggy Pop (1977)Foto: Pierre y Gilles
“No cabe duda que los contratos o leyes, por los que la multitud transfiere su derecho a un Consejo o a un hombre, deben ser violados, cuando el bien común así lo exige.”
Spinoza, Tratado Político, cap.IV, 6
El capitalismo es, además de un régimen de explotación universal, el territorio de la paradoja y la contradicción. Al menos en los países primer mundo -sociedades que corren desmadejadas tras las huellas del prometido presente eterno, el tiempo del consumo- estamos perdiendo nuestra sombra. Vivimos una modernidad de banda magnética que se evapora a cada instante para renacer de nuevo, transformada, al instante, unos cuantos anuncios más tarde, en otro objeto o sensación con el recurrente marchamo de imprescindible. Hay demasiada luz, demasiados neones y focos que iluminan las escenas cotidianas. La aceleración de la dinámica capitalista de los noventa, impulso atroz -turbocapitalismo- que tiene su origen en la presidencia de Ronald Reagan en EE.UU. y su prolongación en Gran Bretaña, ha supuesto, entre otras cosas, la pérdida (o privatización) de la vida privada, el relato ordenado de la intimidad, entendido como reflexión narrativa y política, no narcisista, sobre uno mismo y su quehacer en el mundo.
Inútil parece la resistencia ante el avance irremediable este fenómeno exhibicionista. Abunda en los medios de comunicación (desde la imagen de un bombardeo grabada con cámara al hombro -una falsa mirada subjetiva- hasta la telebasura) y en blogs y demás bitácoras personales. Las redes sociales (Facebook y otras) son pasarelas, escaparates, de la maravilla (o el drama) que representa vivir en el sistema global de flujos y reflujos informativos. Poco importa el grado -que lo descrito sea verdadero o falso no altera acto de transferencia- de desvelamiento o la intensidad, se trata de mostrar en el ágora de los intercambios emocionales -amplificado hasta el delirio por Internet-, la parte privada, hasta ahora oculta. El yo y el nosotros han pasado de ser un reducto íntimo, unido por la pertenencia a una categoría, en algunos casos, ligados por la conciencia de clase, a la esfera universal de lo público. Los sentimientos, bajo múltiples formas, se compran y venden, habiendo logrado el capitalismo, por fin, convertir en mercancía las emociones del yo (del nosotros).
Esta pérdida o privatización radical de la intimidad (impuesta o consentida) ha convertido al cuerpo social en un mero intercambiador de sensaciones. Desde la elección de un automóvil -sensación de vivir al límite, por ejemplo, fuera de las carreteras convencionales- hasta el color o prestaciones del teléfono portátil, pasando por el atuendo para presentarse en el espacio público; del voto al amor. La cantidad de mercancía nueva o vestida de nueva expuesta -vintage emocional consumista- se ha multiplicado hasta el infinito. Los mostradores han ocupado todo el espacio físico, incluidas las escondidas trastiendas morales de la intimidad, impidiendo cualquier otro intercambio que no esté previsto por el propio y regulado mercado. El orden emocional del capitalismo, desarrollado hasta el extremo de la esquizofrenia en el último decenio, ha triunfado. El nuevo paradigma axiológico se ha impuesto.
La verdad, pese a la sofisticación de los envoltorios, se presenta desnuda. Basta estirar un poco el cuello, leer entrelíneas la prensa, observar con atención la televisión o pasear un sábado por la tarde por un centro comercial para ver el grado de incertidumbre y miedo reinante. Miedo e insatisfacción provocados por la persecución del placer que se escapa. El sistema impide cumplir, por su naturaleza huidiza, todos los anhelos. La respuesta clínica (la respuesta política ha desaparecido, aniquilada) a este estado de incertidumbre, un estado de sitio psicológico, es el aumento exponencial de los ligeros trastornos mentales y la dependencia, cada vez mayor, de los psicofármacos. Esta es una de las consecuencias que la (supuesta) seguridad e infalibilidad del modelo de sociedad ha provocado. En el espejo de lo público, por un lado, la paradoja de la insatisfacción social, al no ser posible la satisfacción emocional o material permanente; por detrás, junto a los remaches del marco, la leyenda impresa en la madera: el modelo es el mejor de los posibles. Paradojas y contradicciones. Este fenómeno ocurre en nuestra propia casa, en las habitaciones donde compartimos instantes privados, en el trabajo, en las miradas y caricias, hasta en la noción del tiempo, que determina, como sabemos, la concepción de la muerte. A esto denominan los manuales de sociología y ciencia política, “sociedad del bienestar”.
Amy Goodman (Democracy now / Rebelión)
Un asistente social de la Ciudad de Nueva York fue arrestado la semana pasada cuando se encontraba en Pittsburgh participando en las protestas contra el G20. Tras ser liberado bajo fianza, esta semana el FBI allanó su hogar…¿El motivo?: la utilización de Twitter. Elliot Madison ha sido acusado de obstaculizar detenciones o acusaciones, uso delictivo de un dispositivo de comunicación y posesión de instrumentos delictivos. Estaba publicando en Twitter (o twitteando, como se suele decir) información pública disponible sobre las actividades de la policía en las protestas contra el G20, incluyendo información sobre los lugares dónde se le había ordenado a la policía dispersar a los manifestantes.
Si bien alertar a la gente sobre información pública no parecería ser una falta digna de arresto, estén advertidos: muchas personas han sido arrestadas por el mismo “delito”… en Irán, vale decir.
El pasado 20 de junio, cuando los iraníes protestaban contra el desarrollo y los resultados de sus elecciones nacionales, el Presidente Barack Obama dijo en una declaración: “Los derechos universales de reunión y de libertad de expresión deben ser respetados, y Estados Unidos apoya a quienes procuran ejercer esos derechos”.
Su declaración fue publicada en inglés, farsi y árabe, y fue publicada en la propia página de Twitter de la Casa Blanca. El mensaje decía: “Exhortamos al gobierno iraní a que detenga todas las acciones violentas e injustas contra su propio pueblo”.
Los senadores estadounidenses, Charles Schumer, demócrata de Nueva York, y Lindsey Graham, republicana de Carolina del Sur, escribieron una carta a la Secretaria de Estado Hillary Clinton, en la que la exhortan a que presione a las naciones europeas para que limiten la venta de tecnología de espionaje a Irán. En la carta escribieron: “Tras las recientes elecciones, el gobierno iraní ha utlizado una nueva central de vigilancia de comunicaciones para interferir y bloquear las comunicaciones a través de Internet y de teléfonos celulares como parte de sus intentos por reprimir a los ciudadanos iraníes que se manifiestan pacíficamente…incluso los mensajes de voz, correos electrónicos, mensajes de texto, mensajes instantáneos y tráfico de Internet, al igual que ciertas publicaciones en sitios de redes sociales como Twitter, MySpace y Facebook”.
Impresionado por la magnitud de la importancia de Twitter en las protestas iraníes, el Departamento de Estado de Estados Unidos le solicitó a Twitter que retrasara un mantenimiento del sistema que podría haber interrumpido el servicio mientras se llevaban a cabo las protestas en Irán.
Si bien Madison relfexionó en forma optimista, “Espero que el Departamento de Estado también salga a apoyarnos”, su defensor, el prestigioso abogado de derechos civiles Martin Stolar, dijo: “Esto es simplemente increíble. Es el caso más inconsistente y ridículo que he visto. Tiende a criminalizar los servicios de apoyo para las personas que están involucradas en actividades de protesta lícitas. Y es desconcertante que alguien pueda ser arrestado simplemente por caminar junto a otra persona y decirle: ‘Oye, no vayas por esa calle porque la policía tiene la orden de reprimir. Manténte alejado de allí’”.
Elliot Madison, su esposa y otras personas que viven con ellos fueron despertados por sorpresa el fin de semana pasado cuando la Fuerza de Tarea Conjunta contra el Terrorismo irrumpió en su hogar, los tuvo esposados durante horas, requisó su casa y se llevó computadoras y otros bienes de quienes viven en la casa. Madison describió lo que hizo el FBI “durante 16 horas procedieron a llevarse de todo, desde juguetes a imanes de heladera y muchos libros…Soy escritor. He escrito ficción, también he escrito muchos libros de no ficción. Soy anarquista y escribí muchas obras políticas. De manera que no solo se llevaron todas mis obras, se llevaron todo lo que tuvieron ganas de llevarse de mi biblioteca, que es bastante grande. Se llevaron muñecos de peluche de la serie Curious George, se llevaron imanes de la heladera, un bordado de Lenin que hizo mi abuela. Toda una serie de cosas extrañas».
En lugar de alentar y apoyar el uso de redes sociales decentralizadas para fortalecer nuestra democracia y promover la diferencia de opinión (recuerden, la propia campaña de Obama utilizó ampliamente estas herramientas de Internet y de telefonía celular), el gobierno parece ir en el sentido contrario. El Jefe de Policía de Los Ángeles, William Bratton, acaba de ser aclamado en la reunión anual de la Asociación de Jefes de Policía de las Principales Ciudades, una organización profesional de policías con cargos directivos que representa a 63 de las mayores ciudades de Estados Unidos y Canadá. Bratton lanzó el programa “Yo vigilo a Los Ángeles” (en inglés: I Watch LA), descrito como “un programa de sensibilización comunitaria creado para educar al público acerca de los comportamientos y las actividades que podrían estar vinculadas al terrorismo”. A pesar de que Bratton afirma lo contrario, de lo que se trata el programa iWatch es de espiar a los vecinos de uno y denunciarlos a la policía.
Un usuario iraní de Twitter, que escribe en la agencia de noticias on line Tehran Bureau, recordó las protestas de junio en un ensayo: “Un oficial nos habló por un altoparlante: ‘Dispérsense. Esta es la última advertencia’. Al verlos me temblaron las rodillas, pero la ola continuó empujando y yo fui arrastrado con ella”. Este usuario iraní de Twitter fue golpeado, herido, arrestado y detenido durante 20 días. Si bien Elliot Madison no sufrió daños físicos, su batalla legal recién comienza y su caso podría resultar fundamental para el futuro de la libertad de expresión en la era digital.
Ya es hora de que los censores digitales de Estados Unidos se dispersen.
Transnational Institute
En Miami, varios oficiales norteamericanos retirados recordaron cuando la CIA, a principios de la década de 1960, envió a cientos de empleados junto con otros burócratas del gobierno a procesar y reclutar a miles de exiliados cubanos para destruir la revolución cubana. Los planes de asesinatos abundaban, desde habanos envenenados y trajes de buceo para Fidel Castro, hasta un fusil de francotirador llevado de contrabando por un compañero de armas suyo y sofisticadas píldoras venenosas. El diseñador de la cápsula imaginó cómo se disolvía esta en el batido de chocolate de Fidel, que él se tomaba regularmente en la cafetería del ex Hotel Havana Hilton. Estas creaciones hollywoodense provenían del laboratorio de la CIA del Dr. Sidney Gottlieb, el macabro experto tecnológico de la Agencia. La mayoría de los conspiradores y antiguos asesinos de aquella era, como Gottlieb, han muerto.
Un oficial de la Fuerza Aérea retirado hace años me habló de su plan para hacer que Fidel perdiera prestigio entre los campesinos. Dada la carencia de artículos de consumo, tenía sentido bombardear clandestinamente la isla con decenas de miles de rollos de papel sanitario. En cada hoja el campesino vería una foto de Castro y Khrushchev juntos.
“Eso haría reír mucho a los campesinos”, me dijo el perpetrador. “Pero la Casa Blanca no lo autorizó”. Quizás Kennedy pudo haber pensado que si él aprobaba tal broma, algún burlón en EE.UU. podría poner la foto suya y de Bobby en papel sanitario y vender el producto en todo Estados Unidos, lo cual es legal según la Primera Enmienda.
La mayoría de los cubanos que llegaban en los días precedentes a lo que se convirtió en el “fracaso” de abril de 1961 en Bahía de Cochinos, asumió que el gobierno de EE.UU. se encargaría de Fidel y sus comunistas. Washington nunca había permitido que una desobediencia tan flagrante no tuviera castigo. Para el verano de 1960, la revolución cubana tuvo la osadía de confiscar propiedades de las poderosas compañías petroleras (el gobierno cubano nacionalizó a Texaco y Esso después de que estas, siguiendo órdenes de Washington, se negaran a refinar petróleo crudo soviético.) Tal comportamiento desafiante era un reto a la esencia de la Doctrina Monroe: “Latinoamérica es nuestra”.
Pocos en el centro de las operaciones cuestionaron la premisa. “Después de todo, era lo más álgido de la Guerra Fría”, explicaron varios oficiales retirados, como si esa declaración resumiera la justificación de todo. Occidente se enfrentaba a un enemigo implacable de gran poder, y las agencias de EE.UU. tenían que detener su expansión. Es más, la mayor parte del mundo hubiera estado de acuerdo, al menos de que Cuba pertenecía informalmente a Estados Unidos, no importa lo que la mayoría de los cubanos pensara de tal aseveración.
Los planes secretos para derrocar al gobierno revolucionario se convirtieron en un secreto a voces. Miami se convirtió en el Centro de Planeamiento y Operaciones de la mayor estación de la CIA (JMWAVE). Un hombre, que ahora tiene casi 60 años, me dijo cómo un oficial de la CIA –un tal Mr. Bishop– reclutó a su padre en 1959. Su familia se mudó a Miami junto con cientos de miles pertenecientes a las clases medias de Cuba, ricas, profesionales y con propiedades. Su padre trabajaba en un edificio de dos pisos en Miami Beach, una de los cientos de propiedades de la CIA en el área. Cerca de allí, barcos de la marina de la CIA atracaban, cargaban provisiones (armas y bombas) y zarpaban hacia las costas de Cuba para sembrar el caos o para dejar o recoger agentes cuya misión era subvertir al nuevo gobierno. “Era cuestión de rutina, todos los días y a veces dos veces al día”.
“Yo pensé que la invasión sería en octubre de 1960”, me dijo, “o al menos que ese sería el inicio de una intensa guerra de guerrillas. Todos especulaban si habría una invasión a gran escala o si se enviaría a los hombres a las montañas de Cuba para que hicieran lo que Fidel hizo a Batista”.
Eisenhower tenía dudas evidentes acerca del plan y le pasó la bola a Kennedy, quien sufrió la más ignominiosa derrota. Públicamente aceptó la responsabilidad (“La victoria tiene miles de padres; la derrota es huérfana”.). Sin embargo, en privado buscó venganza: el derrocamiento del gobierno de Castro. Su hermano, el Fiscal General Robert Kennedy, dirigió una guerra de terror contra Cuba; intentos de asesinatos y sabotajes, propaganda y guerra económica contra una isla de 6 millones de habitantes.
En diciembre de 1960, yo iba en un viaje a Cuba con un grupo de estudiantes. Al llegar al aeropuerto de Miami supimos que los pilotos de nuestro avión de Cubana (cada hora Pan Am y Cubana volaban a La Habana) habían desertado. Mientras esperábamos a que llegara una nueva tripulación desde La Habana, estalló una “manifestación espontánea”. Airados exiliados cubanos gritaban a los estudiantes universitarios; algunos manifestantes lanzaron golpes y comenzaron a escupir a los estudiantes. Uno de ellos preguntó a un manifestante: Si Cuba fuera tan terrible, ustedes desearían que nosotros fuéramos. Luego a nuestro regreso les diríamos a muchas personas lo terrible que es aquello”. El manifestante quedó confundido. Se volvió al cabecilla del grupo y pidió instrucciones. “No hables, solo escúpelos”, dijo con sorna. Esto resume de manera apropiada la política de EE.UU. durante cincuenta años.
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Saul Landau es miembro del Institute for Policy Studies e investigador asociado del Transnational Institute. Es autor de Un mundo de Bush y de Botox y realizador deAquí no jugamos golf.
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En Honduras se impone la violencia estatal generalizada (Malaika)
“Nos encanta haber hecho un filme verbenero”
En el Año II después del nacimiento de la Niña Medeiros (recordemos, brutal highlight final de “REC” y sorpresa, sorpresa en “REC 2”), los padres de la criatura Jaume Balagueró y Paco Plaza organizan otro festín de sangre que, como mandan los cánones, salpica y manchurrea más y casi mejor que su antecesor. Ojo, zombis (infectados, queremos decir) sueltos… y más cabreados.
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“La Haya, 1677″
Llega el otoño, por sorpresa, como cae la noche en el campo. Los formadores de opinión lanzan una nueva (vieja) campaña de intoxicación. Últimas noticias: el Raval está lleno de putas. El dilema entre aquellos que quieren prohibir (abolicionistas: Suecia y Francia) y los partidarios de la regulación (Holanda, por ejemplo) está abierto. Algunos progresistas (sic) creen que un reglamento de usos, costumbres y seguridad social arreglaría la cuestión. El derecho administrativo —ignorantes o ingenuos— como remedio a la explotación. La manipulación cotidiana cabalga a lomos de un tigre albino desbocado (tremenda metáfora del economista Paul Samuelson). Leo, línea a línea, las 618 páginas de Desinformación de Pascual Serrano (Península, 2009, 2ª reimpresión), prólogo de Ignacio Ramonet, y compruebo cómo se producen y circulan las noticias. Dice María Toledano: «Si en el siglo XXI nuestro conocimiento del mundo proviene, en su mayor parte, de la información facilitada por los grandes medios de comunicación, empresas que vigilan, por encima de cualquier otra consideración ética, sus intereses ideológicos y comerciales, ¿qué sabemos, en realidad?». Vuelvo, es recurrente en tiempo de penuria, al Tratado Político de Spinoza (cap.V, 4, edición de Atilano Domínguez) y, distraído, me quemo con el pitillo: «Por lo demás, aquella sociedad, cuya paz depende de la inercia de unos súbditos que se comportan como ganado, porque sólo saben actuar como esclavos, merece más bien el nombre de soledad que de sociedad». Spinoza, desde su enfermedad, desde su nada, murió el 21 de febrero de 1677, a la edad de cuarenta y cuatro años en La Haya.
Juan Gelman (Página 12 / Rebelión)
Un misterio: el 24 de julio pasado, el buque Arctic Sea, rentado por una compañía rusa, desapareció a dos días de su partida de un puerto finlandés con una carga de tablones de madera con destino a Argelia. Moscú afirmó que la nave había sido asaltada y capturada por piratas, lo que habría sido el primer acto de esa naturaleza en aguas europeas desde los vikingos. Es extraño y no hubo mayor explicación. Lo cierto es que el carguero fue detectado cerca de Cabo Verde casi un mes más tarde y que las autoridades rusas detuvieron tanto a cuatro presuntos bucaneros como a la tripulación, de 15 hombres. El Arctic Sea navegaba con bandera de Malta.
Fue curioso el despliegue militar que entrañó el rescate: finalmente, el valor de la carga no llegaba a los dos millones de dólares, pero el Kremlin envió tres enormes aeronaves para transportar a secuestradores y secuestrados, además de destructores y submarinos. Mijail Voitenko, editor del boletín marítimo Sovfrakht, declaró que nunca había visto algo así: “Se trata de las aguas más vigiladas del mundo. No se puede esconder un buque durante semanas sin que el gobierno (ruso) esté involucrado”. Agregó que funcionarios corruptos habrían empleado la nave para transportar armas (The Christina Science Monitor, 9909). No dejaba de ser un argumento que exculpaba al gobierno, pero Voitenko tuvo que huir a Turquía por las amenazas de muerte que recibió a continuación.
Se abrió paso poco a poco otra posibilidad: el Arctic Sea llevaría en sus bodegas misiles al Medio Oriente, presumiblemente a Irán. No cualquier misil, sino los S300, los más avanzados que Rusia posee, y habría sido interceptado por un comando del Mossad. Esto se consideró mera especulación, aunque la BBC de Londres informó del testimonio de un personaje muy cercano a los servicios de Inteligencia de Israel: “La fuente israelí manifestó que Tel Aviv había comunicado a Moscú que sabía que el Arctic Sea transportaba en secreto un sistema ruso de defensa antiaérea… La historia de la piratería fue para encubrir lo sucedido” (news.bbc.co.uk, 9909). En efecto: al día siguiente de la aparición del buque, el presidente israelí Shimon Peres viajó a Sochi y se reunió a puertas cerradas durante cuatro horas con su contraparte rusa, Dimitri Medvedev. El 18 de agosto, un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores israelí precisó que los mandatarios habían analizado en el encuentro “la venta de armas y equipo militar rusos a naciones hostiles a Israel” (www.times.com, 2189). ¿A Irán, tal vez?
Yedioth Ahronoth, el diario conservador de Tel Aviv con mayor circulación en el país, informó que el primer ministro Benjamin Netanyahu “desapareció” a su vez de Israel el lunes 7 septiembre (www.ynetnews.com, 10909). Su vocero declaró que el premier estaba analizando “asuntos de seguridad” en Israel, pero el periódico señala que había viajado a Moscú para reunirse con Putin a fin de disuadirlo de concertar nuevas ventas de armamentos a Irán. “Rentó un jet privado del grupo Mehrab porque temía que volar en un avión de la fuerza aérea israelí (FAI) lo expondría a los medios israelíes y rusos.” Es evidente que ni Rusia ni Israel quieren develar el secreto del Arctic Sea. Para Tel Aviv es una carta importante en la manga si Moscú desea salvar la cara.
El operativo israelí muestra su voluntad de atacar a Irán y no sorprendería: la FAI bombardeó no hace mucho una instalación de Siria que podría haber contenido –o no– un reactor nuclear norcoreano, para no hablar de la destrucción de la planta nuclear de Saddam Hussein que llevó a cabo en 1981. Los misiles rusos permitirían que Irán incrementara su aparato defensivo: con ellos, derribaría hasta la mitad de los cazabombarderos de la FAI que lo atacaran, como bien subrayó el periodista Richard Silverstein (www.richardsilverstein.com, 4909). Los S300 son devastadores.
El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguei Lavrov, prometió una investigación de los hechos y pidió a los medios que no incurrieran en apresuramientos: “Habrá trasparencia –afirmó– y espero que todos se convencerán de que carecen absolutamente de fundamento los rumores a los que se refieren”. En tanto, no hay aclaraciones oficiales y es probable que nunca las haya. Que fueran piratas al acecho en el Mar Báltico no será verdad, pero alimenta la fantasía. Burlarse de ella es fantasioso.
Dijo el poeta que la patria del hombre es su infancia. Tal vez por eso uno tiene la patria dividida. Aquella patria invernal de la Plaza de Oriente y sus estanques helados y aquella patria estival en Pozuelo, una patria de árboles y bicicletas que, por supuesto, eran para el verano. En 1927, gracias a la lotería mis abuelos compraron allí un terrenito, entre los conejos y los chopos, una casita a la que, fetenes como eran, llamaron La Paloma. Los tiempos de aquellos años 30 venían cargados de sangre, pero en aquel jardín compartían un café y un trago del botijo los obreros del ferrocarril, los picapedreros de la carretera de La Coruña, y la pareja de la Guardia Civil, caminera, por supuesto. Nos partió un rayo y la guerra convirtió Pozuelo en una pradera en llamas. Llegó Brunete, y los milicianos de Modesto, Líster y El Campesino pasaban por allí camino de la carnicería de Quijorna. Pero nunca nadie mancilló la imagen de la Virgen en nuestra puerta. Y llegaron los 50, y los 60. En Semana Santa y en verano, a Pozuelo que nos íbamos con los bártulos en la baca del 1.500. Pozuelo era la libertad, Merck y Ocaña en las chapas, las cabañas, el pan con membrillo, las excursiones hasta el búnker que recordaba la matanza, las vacas de la Priégola y su leche recién ordeñada en la merienda, las balas, los casquillos… Pozuelo fue un suspiro, fue aquel primer beso, moderadamente robado, en la arboleda (ahora casi perdida) de la Fuente de la Salud, y tu nombre y el mío trenzados a navaja sobre un enorme corazón en un castaño. Aquel Pozuelo murió y sólo ocupa un lugar desvencijado en la memoria. El hormigón arrasó la patria de mi infancia. Donde te besé arde los sábados la hoguera del botellón, donde debuté en carne de mujer estalla cada fin de semana la cogorza, y ruge ese vándalo que parece que todos llevamos dentro. Me queda la prestación de la nostalgia, me queda el triste subsidio de la melancolía. Pozuelo, otra patria perdida.
(Marta, Lolo y el Gato en Pozuelo, 1987) Foto: max
Recuerdo la tarde de sábado de la foto. Llegamos a Pozuelo en el Simca, por la mañana y después de despertar en Arrieta. Tarde de mesa con cerveza y piscina. Y el ruido del tren cada quince minutos.
“Zebina y Adrià”
«Un home té la noció de la responsabilitat, i no perquè cregui haver escollit mai res, ningú no escull mais res, sinó perquè sempre pensa que hauria pogut escollir alguna cosa.» Así, violenta y radical, arranca Trànsit (Empuréis, junio 2009) la primera novela de Díaz Acuña (Badalona, 1967), uno de los mejores textos literarios —escrito en catalán y pronto, espero, traducido al castellano— del año. La sobriedad formal de una inquietante historia de amor (presque l´amour fou) y el armónico compás de una prosa con ecos de Mitteleuropa envuelven una reflexión cruel, necesaria, sobre la incertidumbre, la impostura y el deseo. Aparece Spinoza, Ethica, IV, LXI: «Cupiditas, quae ex ratione oritur, excessum habere nequit» (el deseo que nace de la razón no puede tener exceso). Trànsit es, diría una faja promocional, una deslumbrante novela (in)moral. Tengo una antigua compañera de faenas que creo —sin entender todavía la razón— me aprecia. Estoy seguro que le encantará Trànsit. Para su sonrisa y sus ojos oscuros y discretos (con lunar) de espía francesa, copio esta anécdota. «Un amigo mío de izquierdas, cuando se encuentra por la calle con una hucha petitoria, tiene la costumbre de mirar con aire de sospecha la etiqueta de la hucha para a continuación preguntar: ¿Esto no será para los comunistas? Una vez recibida la respuesta tranquilizadora, hace un gesto despectivo con la mano y dice: Lo siento, pero en ese caso no puedo ayudarle, y sigue su camino. » Terry Eagleton, El portero (Debate, 2004, pag 118). Díaz Acuña y Eagleton, dos miradas transgresoras, inteligentes. Dos lecturas para gente cabal con (o sin) vida interior. Zebina, la mirada perdida, estaría de acuerdo con esta nota.
Coincidencia o no, mientras todo el ultramonte de la opinión es orégano escocido por los pañuelos rojos y los puños en alto de Rodiezmo, Fernando Sánchez Dragó se saca de la entrepierna para su columna de El Mundo una versión de La Internacional podrida de caspa machirula. Propone como letra el bardo: “¡En pie, varones de la tierra, / en pie, falócrata legión! / ¡Atruena la revancha el globo, / se acabó la castración! / ¡Agrupémonos todos en la lucha final, / que el género humano es la virilidad!” Como lo están leyendo.
No crean que se queda ahí. Sigue bramando el declarado novio platónico de Esperanza Aguirre: “Ya está bien, ¿no? Exijo cuota para mis congéneres. Pido un Bibiano que nos defienda”. Eso, como carrerilla para la gran acometida. Apártense, que se los lleva por delante: “Denuncio la violencia feminista y el lenguaje sexista utilizado por sus miembras. Póngase fin a la manipulación histérica de la memoria histórica perpetrada por las hidras, las sargentas, las amazonas, los cocinillas, los lavapañales, los metrosexuales, los calzonazos y los camisas y bragas viejas de la retroprogresía. Ya es hora de que paremos los pies con zapatos de tacón de aguja a quienes dentro y fuera de casa llevan los pantalones. Nos tienen acorralados”. Como decía el viejo anuncio de una granja avícola, “Vuelven los huevos de antes”.
Gracioso, que unas columnas más allá de está declaración cavernícola, El Mundo regañe a los cantores de Rodiezmo por antiguos. “Resulta deseable que un partido moderno y democrático como el PSOE dejara de utilizar ese puño en alto que en la memoria colectiva evoca penosos recuerdos históricos”, leemos en un editorial que precede a tres páginas enteras dándole vueltas al dichoso puño en alto. ¿No se suponía que teníamos que dejarnos de bobadas y hablar de la crisis?
El País no levanta el puño
Que tomen ejemplo en eso de El País, que el domingo convirtió su suplemento Negocios en una versión color salmón del Apocalipsis. “A la deriva. España encara una recesión más larga que Europa con un gobierno errático”, era el encabezado. A partir de ahí, una colección de bofetadas a Moncloa: “Improvisaciones y falsa retórica”, “Donde dije digo, digo impuesto”, “Zapatero llama gobernar a lo que sus críticos llaman improvisar”. Todo muy ilustrativo de lo jorobada que está la situación… y de lo mal que le ha sentado a Prisa quedarse a dos velas tras el decreto de la TDT de pago. ¿Habrá más? Habrá.
Por supuesto, las editoriales de libros de texto están encantadas. Cuentan con un cliente preferente que les compra en masa miles de libros: la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Otro tanto se diga de la próxima medida, igualmente rocambolesca, de dar portátiles a todos los niños de cinco años. Quien venda la marca X de esos ordenadores, miles de golpe y por medio de una compra oficial, se va a hacer de oro. Nadie pregunta nada. En plena crisis funciona eso de “a caballo regalado no le mires el diente”. La radio oficial de la Junta de Comunidades cacarea dichas medidas “progresistas” haciendo constar lo beneficioso que todo esto será para las familias, para los alumnos. El hecho es que los manuales, en general malísimos por estar concebidos bajo “criterios LOGSE”, libracos caros llenos de fotos y “mapas conceptuales”, son retocados de manera mínima cada poco tiempo para que sean inservibles sus antecesores, manuales de un curso o dos atrás. Todo un ejemplo de obsolescencia planificada.
El hecho es que hay padres que reciben unos libros subrayados o maltratados y, sean pobres o ricos, suelen comprarse los libros nuevos porque los gratuitos ya no sirven.
Las medidas de “todo gratis y para todos”, sin distinguir niveles de renta ni tipos de colectivos a quienes van dirigidas, son las más anti-igualitarias que uno pueda imaginarse. Son una vergüenza para todo ideal que se reclame “socialista”. Precisamente la Justicia, en un sentido socialista, debería consistir siempre en “tratar de manera diferente al que es diferente”. Esto de los libros me recuerda a mí lo de las subvenciones europeas a la actividad agrícola: la Duquesa de Alba ha recibido millones y millones de euros, pues consta como “agricultora” y “hay que ayudarla”. Mientras tanto, por ejemplo, en Asturies las caserías van cerrando porque ya no pueden mantenerse en su estado de autosuficiencia. ¿Es esto igualdad?
Los hijos de un millonario tendrán libros gratis como los hijos de un obrero. Mientras tanto estamos cometiendo agravios sociales al no tratar de forma diferente al que es diferente. Estamos cometiendo atentados ecológicos tirando toneladas de papel impreso a la basura. En el terreno ético cometemos un crimen: no acostumbramos al niño a valorar lo que es un libro en propiedad, un patrimonio personal que hay que cuidar y, como ocurría todavía en mis tiempos, un don que puede ser traspasado a los hermanos menores o a los hijos.
Ni siquiera la caridad que lava conciencias puede aplicarse a este caso. Los libros españoles no son deseados en países americanos de lengua hispana con problemas económicos y necesitados de material escolar. Su transporte a otro continente es muy caro, los sistemas escolares, quizá, sean diferentes…es mejor colaborar con ellos de otra manera. Conclusión: los libros españoles, cada ciclo de renovación, se van todos al contenedor. Nuestro “Estado del Bienestar”, que nunca llego a ser tal, también va derecho y de cabeza al contenedor por causa de este despilfarro mayúsculo y esta demagogia socialista, este populismo buscador de votos fáciles pero que en realidad mina la capacidad de supervivencia de las clases más débiles. La ideología de estos “progresistas” debería ir también al contenedor de basura, creo yo.
Existe una relación histórica, conocida, que une información y poder. Es una relación estable, limpia y ordenada como un sacramento católico, como un buen matrimonio burgués. Las empresas propietarias de los grandes medios de comunicación (que a su vez detentan infinidad de otros negocios multinacionales) deciden, de acuerdo con sus intereses y los de sus anunciantes, qué se emite o publica, cómo y cuándo. Los férreos filtros (pocas veces se equivocan) vienen fijados por los directivos, verdaderas correas de transmisión -perros de presa- de su accionariado y responden ante los indefensos espectadores con pequeñas dosis de verosimilitud (una aparente mirada inocente sobre el mundo) que nada tiene que ver con la verdad de los hechos descritos, ni con el principio básico -repetido por ellos mismos hasta la extenuación- de la objetividad. De esto y otras muchas cosas de interés habla Pascual Serrano en su nuevo libro Desinformación (Península, 2009), un verdadero vademécum de análisis periodístico y falsedades desveladas que pone de manifiesto, de forma clara y distinta, “cómo los medios ocultan el mundo”.
La idea es sencilla. Cuanto menos sepamos (esa es la única función de los mass-media) y más sepan (de cualquier materia) aquellos que circulan por las autopistas y moquetas del poder, más difícil será la crítica, más dura la batalla e imposible (casi) la erradicación de sus métodos y procedimientos de explotación y apropiación. La ciudadanía, destrozada y sin apenas más aliento que el denominado “tiempo de ocio” promovido por la dinámica consumista, es incapaz de reaccionar y las píldoras o mensajes -lo que se denomina “información”- van calando de tal forma que resulta imposible establecer un diálogo sensato (por no decir crítico) con alguien cuyas fuentes sean, únicamente, los medios mayoritarios. El objetivo está logrado. Por un lado la sociedad, el conjunto de los ciudadanos libres e iguales, legitima con su aceptación cotidiana -su incapacidad colectiva para desear otro modo de mirar, exigir y entender es dramática- los medios de masas y la veracidad de las noticias o análisis (ya no existe diferencia) y por otro, desautoriza, de raíz, sin paliativos, como exigen los cancerberos de la difusión, todas aquellas informaciones (por contrastadas que estén) que no provengan de sus autorizados órganos de emisión.
El resultado es el siguiente: cualquier información ajena a los detentadores del poder mediático universal será considerada propaganda, falsificación o mentira. Resulta sorprendente comprobar, día a día, cómo la ciudadanía, en esta “democracia de superficie” -gráfica expresión de Alain Badiou, citada en su reciente trabajo l´Hipothèse communiste (2009)- ha cedido su soberanía informativa y, por tanto, la función de control y crítica, a las empresas de transmisión de la ideología dominante. Reaparece, vestido con los sensacionalistas colores de la información, el dilema clásico esbozado por Sócrates en La República de Platón: ¿quién vigilará a los vigilantes? ¿Qué contrapoder informativo puede garantizar la calidad y veracidad de las noticias difundidas, si aquellos en los que hemos depositado nuestra confianza mienten?
Vivimos atenazados, amedrentados, por el ruido informativo. El bombardeo permanente de datos provoca un atroz desconcierto. Ya no se trata de que los periodistas manipulen la realidad (su salario depende de la fidelidad ideológica a su empresa), el problema, mucho más grave, consite en la sobreabundancia y en la imposibilidad de retener, discriminar y analizar (una función periodística olvidada) lo relatado. Los canales de transisión se han multiplicado (las empresas ha creado un sistema reticular que difunde el mismo mensaje por infinidad de medios) creando la apariencia de absoluta y transparente libertad. La consagrada « libertad de expresión » ha sido asimilada a la proliferación de medios, dando por sentado -una falacia más- que un mayor número de radios, televisiones, revistas y periódicos garantiza la pluralidad.
El mercado informativo, el espacio donde se desarrolla el intercambio de datos, es un campo minado por las empresas transmisoras. Ese territorio hostil, arenas movedizas, esconde una trampa en cada recodo. Desde las «elecciones libres» en Afganistán (¿existe un censo riguroso?) hasta las noticias relacionadas con avances médicos vinculadas a intereses de las compañías farmacéuticas; de la corrupción en los partidos políticos a los resultados de cualquier tipo de encuesta, todo dato está filtrado por el emisor. Frente a este panorama, los medios alternativos de información (en internet, su mayoría) aparcen como una pequeña isla rodeada por acorazados y destructores. Si una parte de nuestro conocimiento del mundo -y por tanto, de nuestra capacidad para discernir- proviene de la información facilitada por los grandes medios de comunicación, ¿qué sabemos? ¿Cómo podemos reflexionar y elegir? La «democracia de superficie» es, en realidad, una democracia mediática, confusa y extraña.
Le Monde Diplomatique / Rebelión
Muy pocos medios de comunicación lo han comentado. La opinión pública no ha sido alertada. Y sin embargo, las preocupantes conclusiones del Informe final (1), publicado por la Comisión Europea el pasado 8 de julio, sobre los abusos en materia de competencia en el sector farmacéutico merecen ser conocidas por los ciudadanos y ampliamente difundidas.
¿Qué dice ese informe? En síntesis: que, en el comercio de los medicamentos, la competencia no está funcionando, y que los grandes grupos farmacéuticos recurren a toda suerte de juegos sucios para impedir la llegada al mercado de medicinas más eficaces y sobre todo para descalificar los medicamentos genéricos mucho más baratos. Consecuencia: el retraso del acceso del consumidor a los genéricos se traduce en importantes pérdidas financieras no sólo para los propios pacientes sino para la Seguridad Social a cargo del Estado (o sea de los contribuyentes). Esto, además, ofrece argumentos a los defensores de la privatización de los Sistemas Públicos de Salud, acusados de ser fosos de déficits en el presupuesto de los Estados.
Los genéricos son medicamentos idénticos, en cuanto a principios activos, dosificación, forma farmacéutica, seguridad y eficacia, a los medicamentos originales producidos en exclusividad por los grandes monopolios farmacéuticos. El periodo de exclusividad, que se inicia desde el momento en que el producto es puesto a la venta, vence a los diez años; pero la protección de la patente del fármaco original dura veinte años. Entonces es cuando otros fabricantes tienen derecho a producir los genéricos que cuestan un 40% más baratos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la mayoría de los Gobiernos recomiendan el uso de genéricos porque, por su menor coste, favorecen el acceso equitativo a la salud de las poblaciones expuestas a enfermedades evitables (2).
Esas gigantescas masas de dinero otorgan a las ” Big Pharma ” una potencia financiera absolutamente colosal. Que usan en particular para arruinar, mediante múltiples juicios millonarios ante los tribunales, a los modestos fabricantes de genéricos. Sus innumerables lobbies hostigan también permanentemente a la Oficina Europea de Patentes (OEP), cuya sede se halla en Múnich, para retrasar la concesión de autorizaciones de entrada en el mercado a los genéricos. Asimismo lanzan campañas engañosas sobre estos fármacos bioequivalentes y asustan a los pacientes. El resultado es que, según el reciente Informe publicado por la Comisión Europea, los ciudadanos han tenido que esperar, por término medio, siete meses más de lo normal para acceder a los genéricos, lo cual se ha traducido en los últimos cinco años en un sobregasto innecesario de cerca de 3.000 millones de euros para los consumidores y en un 20% de aumento para los Sistemas Públicos de Salud.
La ofensiva de los monopolios farmacéutico-industriales no tiene fronteras. También estarían implicados en el reciente golpe de Estado contra el presidente Manuel Zelaya en Honduras, país que importa todas sus medicinas, producidas fundamentalmente por las ” Big Pharma “. Desde que Honduras ingresó en el ALBA (Alianza Bolivariana de los Pueblos de América), en agosto de 2008, Manuel Zelaya negociaba un acuerdo comercial con La Habana para importar genéricos cubanos, con el propósito de reducir los gastos de funcionamiento de los hospitales públicos hondureños. Además, en la Cumbre del 24 de junio pasado, los Presidentes del ALBA se comprometieron a “revisar la doctrina sobre la propiedad industrial”, o sea, la intangibilidad de las patentes en materia de medicamentos. Estos dos proyectos, que amenazaban directamente sus intereses, impulsaron a los grupos farmacéuticos transnacionales a apoyar con fuerza el movimiento golpista que derrocaría a Zelaya el 28 de junio último (6).
Asimismo, Barack Obama, deseoso de reformar el sistema de salud de Estados Unidos que deja sin cobertura médica a 47 millones de ciudadanos, está afrontando las iras del complejo farmacéutico-industrial. Aquí, las sumas en juego son gigantescas (los gastos de salud representan el equivalente del 18% del PIB) y las controla un vigoroso lobby de intereses privados que reúne, además de las ” Big Pharma “, a las grandes compañías de seguros y a todo el sector de las clínicas y de los hospitales privados. Ninguno de estos actores quiere perder sus opulentos privilegios. Por eso, apoyándose en los grandes medios de comunicación más conservadores y en el Partido Republicano, están gastando decenas de millones de dólares en campañas de desinformación y de calumnias contra la necesaria reforma del sistema de salud.
Es una batalla crucial. Y sería dramático que las mafias farmacéuticas la ganasen. Porque redoblarían entonces los esfuerzos para atacar, en Europa y en el resto del mundo, el despliegue de los medicamentos genéricos y la esperanza de unos sistemas de salud menos costosos y más solidarios.
Notas:
(1) http://ec.europa.eu/comm/competition/sectors/ pharmaceuticals/inquiry/index.html
(2) El 90% de los gastos de la gran industria farmacéutica para el desarrollo de nuevos fármacos está destinado a enfermedades que sólo padece el 10% de la población mundial.
(3) Intercontinental Marketing Services (IMS) Health, 19 de marzo de 2009.
(4) Carlos Machado, “La mafia farmacéutica. Peor el remedio que la enfermedad”, 5 de marzo de 2007 (www.ecoportal.net/content/view/full/67184).
(5) Léase, Ignacio Ramonet, “Los culpables de la gripe porcina”, Le Monde diplomatique en español , junio de 2009.
(6) Observatorio Social Centroamericano, 29 de junio de 2009.
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Dale al play, no tiene desperdicio
(Enviado por Tomás)
“Septiembre negro”
Los castillos de arena quedan a merced de las olas, desguarnecidos. Septiembre se levanta arisco, lleno de promesas y falsa energía. El almacén —sin novedad en el frente del Este— está lleno y en perfecto estado de revista. Limpios, vírgenes y alineados, los libros aguardan, infantería ligera de pasta mecánica y cubiertas de neón, su turno de salida. Luego vendrán interminables viajes (como vaquillas alquiladas por los pueblos), las reseñas —la crítica ha desaparecido de la prensa, igual que la información— o el silencio: indiferencia general. Entre los fascículos (armamento de la Segunda Guerra Mundial, instrumentos musicales en miniatura o construya usted el Titanic) y la dieta disociada, el personal sólo tiene tiempo para leer facturas. «Componer una poesía digna de ser leída y recordada es un don del destino». Así arranca uno de los cuentos, La fugitiva, de Primo Levi que propone El Aleph. Por fin una edición completa, magnífico volumen, de Tutti i racconti. Poco a poco, no sin esfuerzo, se van llenando los agujeros negros del panorama literario nacional. Judío y antifascista, Levi, químico piamontés y escritor moral, pasó una temporada en los barracones de Auschwitz. Bajo los escombros golpeados por la marea, el teniente Drogo, un célebre (y armado) custodio italiano, evoca amores perdidos en tierras lejanas mientras escucha en la radio, desde el teatro Colón de Buenos Aires, el discreto desgarro de Madama Butterfly, voz de Renata Scotto. «Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo», escribió Wittgenstein en su Tractatus. Si se cambia «lenguaje» por «consumo» habremos definido el valor supremo, incuestionable, de la democracia de mercado.
La matanza de Acteal
22-12-2007
El día de HOY marca, para los indígenas tzotziles y también para todos aquellos que luchan por un mundo más justo, el décimo aniversario de uno de los capítulos más tristes de la historia mexicana: la masacre en Acteal de 45 indígenas de esa etnia. La matanza de Acteal, como se le conoce, todavía hoy está marcada por el no respeto de los derechos humanos, pues los militares acusados por los crímenes todavía siguen impunes. Para recordar la fecha, el movimiento “La Otra Campaña Va” presenta mañana a las 16 horas, en el Forum Abierto del Ágora de la ciudad de Xalapa, el video “¡Alto a la violencia de Estado contra el pueblo que se organiza!”. En Acteal, las movilizaciones en favor de la justicia en el caso de la matanza ya comenzaron ayer con el Encuentro Nacional Contra la Impunidad. Cerca de 90 paramilitares, supuestamente del grupo Máscara Roja, invadieron la zona zapatista de Los Altos de Chiapas (sureste de México) y atacaron a los indígenas, que integraban la organización Las Abejas, mientras rezaban en una capilla. El resultado del ataque, que duró cerca de siete horas, dejó 16 niños y adolescentes, 20 mujeres -de las cuales siete estaban embarazadas-, y 9 hombres muertos. Las organizaciones sociales, como Sociedad Civil Las Abejas y Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín pro Juárez, dijeron, en nota, que “todo intento por olvidar o atenuar el caso fomenta la impunidad de los responsables materiales e intelectuales, ya que pretende eximir al Estado de toda responsabilidad directa en ese crimen. Estas organizaciones critican el hecho de que el Estado no reconoce que la matanza era parte de un plan estratégico contrainsurgente para terminar con el movimiento zapatista y que niega la justicia a las víctimas de la Matanza de Acteal y sus familiares. En ese sentido, el Estado “demuestra su falta de compromiso con el respeto pleno de los derechos humanos. “La masacre no fue un acontecimiento aislado, numerosos hechos anteriores condujeron a este terrible suceso, entre eles cabe destacar el desalojo de miles de personas así como los asesinatos perpetrados durante 1996 y 1997 en el territorio de Chenalhó, Chiapas. La indolencia del Estado, que no investiga, ni esclarece la masacre indígena en la justicia, deja espacio para que lo ocurrido contra los indígenas tzotziles se repita, sea bajo el pretexto del combate gubernamental al narcotráfico o a la guerrilla. Durante el gobierno de Ernesto Zedillo, presidente en 1997, no se investigó con seriedad la matanza de Acteal, ni en los gobiernos siguientes. Según las organizaciones sociales, en México, se continúa con la práctica de agredir a la sociedad civil que se moviliza por legítimas demandas frente a situaciones que requieren atención por parte de las autoridades. Como en los casos de Guadalajara, San Salvador Atenco y Oaxaca. Además, en territorio chiapaneco, grupos paramilitares, tropas regulares y policiales amenazan constantemente a la población local, inclusive siendo expulsados de sus casas.
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Se consumó la liberación de los victimarios; en México todo favorece a la impunidad, lamentan.
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